XIX JORNADAS ANUALES ASOCIACIÓN ARGENTINA DE PSICOLOGÍA Y PSICOTERAPIA DE GRUPO–PSICOANALISIS DE LAS CONFIGURACIONES VINCULARES

XIX JORNADAS ANUALES ASOCIACIÓN ARGENTINA DE PSICOLOGÍA Y PSICOTERAPIA DE GRUPO–PSICOANALISIS DE LAS CONFIGURACIONES VINCULARES

SOBRE LA PAREJA ACTUAL

 Acerca de lo radicalmente nuevo o “más de lo mismo” en el vínculo de pareja.                                                                                

 

                        “La socialización no es una simple adjudicación de elementos exteriores a un núcleo psíquico que quedaría inalterado; sus efectos están inextrincablemente entramados con la psique que sí existe en la realidad efectiva. Esto vuelve incomprensible la ignorancia de los psicoanalistas contemporáneos respecto de la dimensión social de la existencia humana”  C. Castoriadis. 

 

            No sería demasiado arriesgado decir que la complejidad y dificultad de la vida en pareja, (me refiero específicamente a la pareja heterosexual adulta del “tipo matrimonial”), con sus crisis, desencuentros, engaños, malentendidos, reside en gran medida, en la cantidad de exigencias que a la misma se le adjudican en los tiempos que corren. Como psicoanalistas  solemos decir que en el otro/a de la pareja coinciden los avatares del deseo, de la pulsión, y del amor con un intento, por lo menos aceptable, de satisfacción. Esto sólo bastaría para hablar de su carácter paradojal. Pero quisiera referirme en esta oportunidad, a aquellas exigencias que provienen del campo social, como productoras de malestar en el vínculo. Considero que tener en cuenta fenómenos que hacen al código, la referencialidad, al contexto en donde se despliega la cotidianeidad de las parejas no es un agregado más a su conflictiva: es en muchos casos, la problemática misma por la que consultan, donde las rápidas y novedosas transformaciones culturales no pueden ser debidamente metabolizadas, provocando efectos a la manera de lo que entendemos como “trauma social”. A veces el impacto que produce una crisis social (o cambios muy bruscos) sostenida en el tiempo, deja a los sujetos incapacitados de reacciones simbólicas adecuadas (esquemas de acción e ideológicos), desbordados en sus posibilidades de elaboración psíquica para asimilarlos. La idea, entonces, es poner a trabajar las diferentes maneras en que el contexto social actual incide en los vínculos y en los procesos de conformación subjetiva, “considerando las patologías, síntomas, síndromes, afectos, ideas, significaciones, deseos, estructuras defensivas y fantasías de cada sujeto, en su relación con la trama interpersonal en la que está inserto y de acuerdo a las condiciones sociales en las que vive” (L. Edelman-D. Kordon)

 

La pareja humana, como cualquier otra práctica social, sufre transformaciones epocales. ?Cuáles son en los albores de este nuevo siglo, algunos rasgos distintivos y originales que la caracterizan y que la distancian, por lo tanto, de la que corrientemente nombramos como “ tradicional”? Es casi seguro que al referirnos a esas transformaciones ya las hayamos percibido, discutido, pensado, y por que no, hasta vivido, porque estos cambios no se instalan de un día  para el otro, sino que son el resultado de un continuo y progresivo proceso. Y además: ?cuáles son actualmente los ideales que se trasmiten socialmente que se convierten en exigencias imperativas del ideal del yo, que promueven a veces patologías en el sentido de la sobreadaptación, compeliendo al yo a realizar esfuerzos que trascienden sus posibidades y que en el caso de no ser cumplidas deteriora la autoestima?

Transformaciones, por un lado, exigencias a la manera de “ideales” por otro, todas  provinientes del campo social, modifican la vida en pareja. Creo que estamos asistiendo a modos de relación radicalmente nuevos. No pienso que sean “formas fenoménicamente nuevas”, es decir, en apariencia, en el ropaje, como nueva combinatoria de invariantes ya existentes. Es algo “radicalmente nuevo”, como en la línea del acontecimiento (I.Lewkowicz), si bien el campo de inscripción  es la situación previa, que se da a través de situaciones y configuraciones ya existentes. Pero lo radicalmente nuevo no se reduce a los términos de la situación previa.

 

Espacios ganados por la mujer. La  primera de las transformaciones a la que me referiré (y que me parece que es medular para la vida en pareja) es al tremendo cambio que ha experimentado la mujer en el mundo social, y que se viene dando de manera extremadamente revolucionaria en los últimos cincuenta años. La mujer ha ocupado cada vez más, espacios (que abarcan lo laboral, cultural, científico) que le estaban tradicionalmente vedados, como una penetración masiva al mundo público, que durante siglos lo tenía interdicto. Esta explosión de participación social lo relacionaría con la “modificación de las categorías de lo femenino y masculino” ya que se retroalimentan e implican. Cada vez hay menos elementos propios de un género en particular: se distribuyen de manera más igualitaria los roles, los bienes (materiales, simbólicos, eróticos), el poder.

Se evidencia una marcada transformación en la idea y asunción de la maternidad: desde que deja de ser el centro en el proyecto de vida para la mujer (y a veces también la paternidad  para el hombre), hasta la postergación de los tiempos, avalado por la tecnología biológica (ruptura de la ecuación ser mujer = ser madre). También hay cambios en las prácticas sexuales (erotismo), destacándose una mayor búsqueda de placer en la mujer, liberación, mayor uso de las formas de seducción, modificación de la idea de pasividad – actividad.

Por lo que se desprende de lo anterior, esta ocupación por parte de la mujer de prácticas públicas y privadas “ innovadoras” (que coexisten por supuesto, con otras tradicionales), con mayor independencia y autonomía económicas, con una mayor participación en el nivel educativo, en síntesis, con una progresiva salida de la subordinación subjetiva en que la mujer fue compelida durante siglos, no deja al hombre indemne, sin ninguna duda, al menos lo coloca en una situación de “perplejidad”  e “incertidumbre”.

Sin embargo, todavía hoy en el imaginario social, los valores femeninos se encuentran asociados a debilidad. Persiste también la homologación del género humano con lo masculino (ser humano = ser hombre), hecho que ha perjudicado a la mujer durante largos períodos históricos, sumiéndola en sentimientos de inadecuación, desvalorización, aislamiento, entendiéndose muchas de sus características personales como lo negativo de la positividad masculina. Muchas teorizaciones en psicoanálisis sufrieron esta influencia “de lo masculino” aplicando una lógica binaria con planteos cerrados que restringen las nociones de hombre y mujer a un único sentido posible (activo-pasivo; fuerte-débil, racional-emocional, etc.) (Ana Fernández).

Pero no hay dudas que esta situación está cambiando aceleradamente. A veces hasta el extremo en que lo femenino pasa a ser la única mirada (feminismo a ultranza). En ese caso se queda atrapado en un episteme de lo mismo: la diferencia se piensa desde una lógica atributiva, binaria y jerárquica.

Hoy pensamos en un imaginario social que organiza el orden ilusorio para cada sexo, instituyendo los roles de género, y por que no, las prescripciones, prohibiciones, expectativas para cada miembro de las parejas sexuales adultas (no tan solo la matrimonial). No sólo es un enigma lo femenino, sino también lo masculino, ambos diferentes, ninguno superior al otro.

En los últimos cincuenta años el rol femenino sufre cambios drásticos§; señalo los más importantes: a) liberación demógrafica de la mujer, como lo plantea  A. Imhof, a causa de la esperanza de vida. El “estar para los hijos” se ha convertido en un período transitorio en la vida de la mujer. (Esto también es válido para el hombre; y además este significativo aumento de la esperanza de vida colabora para que ambos estén en condiciones para poder conformar  varias parejas a lo largo de la biografía personal)·; b)descalificación del trabajo doméstico; c) anticoncepción (se libera la sexualidad femenina del fantasma de la maternidad); d) derecho al divorcio (mayor permisividad en el planteo de las separaciones conyugales); e) participación masiva en la enseñanza y las profesiones; f) entrada explosiva al mundo laboral; g) movilidad social cada vez mayor.

 

Con respecto a la sexualidad, aparecen diversidad de sexualidades y posibilidades de elección y simultáneamente hay una caída de la certidumbre moral (y por que no, científica) que controlaba la diversidad y limitaba la elección. Autores como J. Weeks nos hablan de un liberalismo sexual (como corolario del individualismo radical de nuestra época) que hace del placer individual el único patrón (o por lo menos el más importante) en la ética sexual. El colapso de la viejas tradiciones y certidumbres morales con respecto a la sexualidad no puede dejar indemne a la pareja sexual adulta, planteándose nuevas formas de relación y haciendo de las mismas un terreno de experimentación, de exploración de lo erótico, de búsqueda permanente y apremiante de satisfacción del deseo sexual (Y como paradoja, nuevamente, coexisten relaciones sin sexo, y sexo sin relaciones).

 

Si  se está en líneas generales de acuerdo con lo que hasta aquí planteado, deberá admitirse entonces que la pareja sexual adulta, como el lugar de encuentro de subjetividades en vertiginosa transformación, será portadora de un malestar tal vez más pronunciado que en otras épocas.

 

Tanto en la mujer como en el hombre se nota el choque de intereses entre amor, familia, trabajo y libertad personal. Algunos sociólogos (U. Beck) describen esta época como de “caos normal” o “incertidumbre permanente”.  La pareja familiar única para toda la vida coexiste con un ir y venir entre diferentes parejas familiares temporales y/o formas de convivencia no familiares. El número de posibilidades aumenta día a día. Ya no está claro si hay que casarse o convivir, si tener y criar un hijo dentro o fuera d la familia, con la persona con que se convive o con la persona que se ama pero que convive con otra, si tener el hijo antes o después de la carrera o en medio (R. Flecha – Lidia Puigvert).

A su vez, parecería que cuanto más vulnerable se convierte la pareja matrimonial, el modelo de pareja ideal (y por que no “perfecta”)1 se fundamenta más en el amor, la pasión, la atracción mutua. El amor se hace más necesario que nunca y al mismo tiempo imposible; se torna huidizo en cuanto se ponen en él todas las esperanzas y se le convierte en el lugar de culto3 de la sociedad que gira alrededor del concepto de autorrealización. Pero contradictoriamente hay una marcada tendencia hacia la individualización social: los individuos se “liberan” de los roles de género marcados por la sociedad de la modernidad, se exaltan las formas personales (individuales) de “éxito”, hechos que atentan con una “armoniosa y solidaria” vida en común proyectada en pareja. Hay mayor libertad de expresar impulsos y deseos antes reprimidos; se exalta una “ cultura del placer”, se busca gozar ya, no en el futuro, se persigue más el derecho propio  a veces en contra de la comunidad.

A esto  cabría agregarle otro antagonismo: entre las exigencias del mercado laboral  y las relaciones amorosas (donde se incluiría no sólo la vida en pareja sino la maternidad, paternidad, amistad). Dicha exigencia plantearía la necesidad de una persona  individual y totalmente móvil que debe cumplir con las demandas y los demandantes del mercado laboral, sin casi tomar en consideración los vínculos de dicha persona (gran dependencia del “individuo liberado” con el mercado laboral). Se crea entonces una contradicción desestabilizante entre las exigencias de la relación de pareja y las exigencias del mercado laboral, que en muchos casos se hace imposible resolver.

 

Refiriéndose a esta idea de los “mandatos y exigencias sociales”, S. Zikek plantea que nuestra posmoderna sociedad reflexiva que parece hedonista y permisiva está realmente saturada con reglas y regulaciones que pretenden servir a nuestro bienestar (restricciones sobre el fumar, el comer, el vestir, reglas sexuales, etc) El “tu puedes porque debes” (principio Kantiano) es sustituido por “tú debes porque puedes”. De ahí el Viagra: si se hace cargo de la erección, por lo tanto no hay excusa, “debes tener sexo cada vez que puedas y si no lo haces deberías sentirte culpable”. Es la tiranía del super-yo: “tú debes alcanzar tu completa realización, porque puedes. El deber deviene placer: se tiene que cumplir con el deber y se tiene que gozar haciéndolo. Pero además la paradoja invertida del placer convertido en deber. Hay que pasarlo bien, disfrutar como si fuera un deber y si no sentirse culpable por no ser feliz

“El super-yo controla la zona en que estos dos contrarios se superponen, donde el mandato de disfrutar cumpliendo tu deber coincide con el deber de disfrutarlo.” (Esto último me parece absolutamente apropiado para pensarlo en los modelos de “construcción de las parejas matrimoniales actuales”).

Vivimos en una sociedad que como plantea Castoriadis “parece haber perdido su condición de morada de sentido y valor, y la referencia a una historia pasada y futura, dotada también de sentido”. Se sufre por una vida sin sentido; el sufrimiento adopta la forma de “vacío existencial”. Y para llenar ese” vacío, dar sentido y arraigo a la vida, se busca el “amor romántico” en la relación de pareja,4 que se convierte en necesario. “El matrimonio se transforma en una institución especializada en el desarrollo y estabilidad de las personas” (Ryder, N.B.) Amor e identidad se entrelazan. Nueva y pesada exigencia para la vida en pareja! Son expectativas muy altas: se anhela un confort y estabilidad que, por los factores que vengo señalando, son muy difíciles de alcanzar (algunos autores coinciden en pensar que el gran problema de la vida privada en la actualidad es la “vida en pareja” ). Por otro lado, los contenidos de lo que es y debería ser el amor cambian en el curso de la historia. El amor es, además de tantas otras cosas, una construcción de exigencias normativas que requiere procesos de negociación, elaboración, mediación muy complejos; y por eso mismo se torna difícil y a veces hasta imposible. “Definición de una pareja actual: no se quieren se hablan”. Así ilustra V. Hage (1987) la necesidad que se tiene del diálogo permanente para establecer negociaciones en la actualidad. Lo llama además “trabajo relacional”. Las expectativas de lo que debe ser y hacer cada miembro de la pareja están marcadas por una hibridez inquietante. M. Kundera dice al respecto que el hombre sigue interesado en una mujer que ya no existe y las mujeres andan en busca de un hombre que no ha nacido todavía.

 

Hay una emergencia de “sujetos privatizados”, pero al mismo tiempo el sujeto resulta cada vez mas excluido, autómata, respondiendo al mandato de consumir determinados objetos para ser, por ejemplo “exitoso” o un “ triunfador”, quedando congelado en una identidad mortificante. Se cumple con ideales que revisten características tiránicas, se persigue una imperiosa inmediatez para la concreción de los logros, se vive en un presente continuo, como queriendo conjurar la muerte y la transitoriedad inherentes a la condición humana. Ya lo planteaba Freud, que el dolor que acompaña a la obediencia es preferible al dolor que acompaña a la libertad.

Cómo no pensar entonces que estos cambios que se vienen produciendo aceleradamente en el contexto socio-cultural (en esto que solemos llamar posmodernidad, con su fase actual de globalizacion)5 no van a repercutir en los modos de vinculación (pareja, familia, amistad…), en la construcción subjetiva, en las formas de presentación del sufrimiento psíquico actual?

Creo que varios de estos hechos muy sintéticamente aquí presentados como “fenómenos de cambio epocales con efectos en el vínculo de pareja”, se amalgaman con la fantasmática particular operante en ese vínculo, generando la necesidad de un permanente “plus” de  trabajo psíquico vincular.

Me parece que en nuestro trabajo clínico con parejas no podemos soslayar problemáticas de esta índole, procurando tratar de crear espacios de elaboración y de creación de nuevos sentidos para los mismos, lo que puede disminuir en forma significativa gran parte del malestar que los trae a la consulta.  Señala un graffitti actual: “queremos querernos, pero no sabemos cómo”. Tal vez nosotros como terapeutas de pareja podamos colaborar para encontrar ese “cómo”.

 

Agosto 2003

 

 

 

Bibliografía:

 

  • Beck, U.-Beck-Gernsheim,E. “El normal caos del amor” Paidós.1998.
  • Castoriadis, C.””El imaginario social instituyente”Zona Erógena n* 35 1997.
  • De Cristóforis, O. “Amores en tiempos de crisis”. 15ta Jornadas A.A.P.P.G. 1999
  • Edelman,L.-Kordon,D “Subjetividad y vínculo en relación al contexto social”
  • Fernández, A. M “La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres”. Paidós 1993
  • Lewcowiz, I. “La irrupción del acontecimiento” Seminario en A.A.P.P.G.1997
  • Puget, J. “Nuevas familias.Por que perder la capacidad de asombro”Informe A.A.P.P.G. 1997
  • Puget,J (Comp) “La pareja y sus anudamientos. Erotismo. Pasión. Poder. Trauma. Ed. Lugar 2001.
  • Ryder, N.B. “The future of American Fertility” N.York. 1979
  • Roudinesco,E. “La familia en desorden” F.C.E. 2003.
  • Zizek,S “Tú puedes” En Antroposmoderno. New Yor. 1999.

¨ República de la India 2915  6ª C.P 1425  E-mail: oscardc@feedback.net.ar

 

  • Cuando en una cultura se producen cambios drásticos el resultado será un proceso de desterritorialización y desarraigo de las cosas, las ideas y las personas, es decir, el debilitamiento de los vínculos. Se pueden generar condiciones de pobreza, privación, enajenación y soledad.
  • Hay un pluralismo biográfico de las formas de vida, es decir alternancias de formas familiares, con interrupciones de otras formas de convivencia o vida solitaria. Convivencia prematrimonial y matrimonial, pisos compartidos, paternidades pasando por uno o dos divorcios, noviazgos post-matrimoniales, vivir solo; todo ello puede hoy integrarse en un curriculum global. (U. Beck).

1 Ya en el primer tercio del siglo XX, aparece un libro, que sentó las bases de lo que seguirían siendo las exigencias para la conformación de la pareja matrimonial perfecta: “El matrimonio perfecto” del holandés Van de Velde, que  incluía hasta técnicas para alcanzar la “felicidad erótica”.

3 Idolatrización del matrimonio: como efectos de las pérdidas y duelos que la posmodernidad instala. “Si no hay dios, ni cura, ni clase, ni vecino, entonces queda por lo menos el “tú”, intento de llenar el vacío. Las uniones se dan entonces también por miedo a la soledad.

4 Aries plantea que en casi todas las sociedades y épocas, menos en la nuestra, había una gran diferencia entre amor dentro del matrimonio y el amor fuera del matrimonio. Hoy hasta se pretende un “amor pasión” en las parejas matrimoniales. Tal vez la precarización e inestabilidad de la ocupación laboral en nuestros días, colabore para que la pareja se convierta en el lugar más importante (y a veces único) donde se demande placer y reconocimiento narcisista.

5 Los conceptos de posmodernidad, globalización y aculturación están estrechamente unidos a las características de los cambios socioculturales actuales. Se puede entender la posmodernidad como la caída de ideales, presupuestos y paradigmas de la modernidad, con una repercusión tanto en las identidades individuales como sociales (si todavía podemos sostener esa diferenciación…), reconceptulizando la visión que se tenía del mundo y todo el sistema de valores. Con respecto a la globalización se podría resumir como la tendencia que se manifiesta en los procesos de homogenización y estandarización de la cultura. Esta epoca que podríamos llamar de “transición” plantea un malestar diferente a otras: vacío existencial, exclusión social, incertidumbre, pérdida masiva de certezas, desesperanza. Como plantea Roudinesco, triteza, apatia, búsqueda de identidad y culto de sí mismo, sería las formas más frecuentes que adopta el sufrimiento psíquico en nuestros días.

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