FAMILIA Y ENFERMEDAD SOMÁTICA

FAMILIA Y ENFERMEDAD SOMÁTICA

Es conocido el papel protagónico que la familia desempeña en la estructuración de la subjetividad de un individuo. No menos importante es el que cumple en la construcción de la imagen corporal (inc.) y en general, de la unidad psicosomática, dos organizadores fundamentales para garantizar, en alguna medida, la salud psicofísica a lo largo de la vida. En el seno familiar se producen, en torno al cuerpo y sus representaciones concientes e inconcientes, procesos esperables y otros de índole perturbadora que tendrían destacada participación en la instalación, desarrollo, cronificación y/o recuperación de enfermedades somáticas. Es imprescindible reflexionar en torno a ciertos mecanismos operantes en las familias, que contribuirían a la instalación de una tendencia a la “actuación somática” en uno o varios de sus miembros; y además, de intentar diseñar algunas hipótesis acerca de como puede conformarse desde la infancia una marcada predisposición a enfermarse orgánicamente.
Entender esos procesos como predisponentes, posibilitantes o potenciales, no implica considerarlos simplemente como causales (en el sentido de una causalidad lineal, clásica), ya que deberá incluirse al mismo tiempo lo impredictible (lo azaroso) en el devenir de un sujeto. No hay certeza de que tal instalación vaya a producirse debido al poder de transformación, metabolización que la psique humana puede generar. Pero de todas maneras podemos establecer presunciones hipotéticas a partir del trabajo clínico con familias con niños que padecen enfermedades somáticas a repetición, graves y/o crónicas, o con adultos en similares condiciones, donde podemos comprobar lo que en “status nacendi” observamos en aquellas familias. Por otro lado, es precisamente en la infancia donde pueden plasmarse algunas condiciones que predispondrían a usar el cuerpo como descarga, como campo donde se dirime lo que por diferentes razones no puede ser procesado elaborativamente por el aparato psíquico.
. Se tratará entonces de tener una visión lo más amplia posible de la organización familiar. Cómo se despliegan las funciones parentales, qué tipo de vínculos se han establecido entre los padres (pareja), con cada uno de los hijos, con el externo familiar, con otros miembros de la familia ampliada, entre los hermanos. etc. También es de suma importancia  analizar actitudes parentales hacia el niño tales como sobreprotección, control exagerado, vínculos fusionales; actitudes ante las enfermedades: formas de reacción, búsqueda de dominio de la situación, formas de elaboración y de sostén; actitudes del miembro enfermo: pasividad, desesperación, desinterés, falta de colaboración, rechazo a la contención y contacto.No menos valioso será investigar la actitud de los padres con respecto al/ los médicos tratantes o equipo terapéutico y las relaciones que establecen (o pretenden establecer), de rivalidad, de omnipotencia, confusionales, etc.Aunque a veces indagar estos parámetros parezca alejarnos de la tarea específica de la “cura” de determinada enfermedad, es precisamente contemplándolos, donde los procesos de recuperación se dan con mejores resultados. La enfermedad no es algo “per se” (aunque se la aisle para su estudio) siempre se expresa en un ser histórico que está vinculado en un determinado contexto de interacciones que a su vez está inmerso en un espacio sociocultural.Esto que a simple vista parece tan obvio muchas veces se pasa por alto y se termina operando de una manera flagrantemente descontextualizada, o en el mejor de los casos, sin apelar a todos los recursos que se podrían poner en juego para que los efectos sean mejores, más duraderos y por que no, preventivos.

 

FAMILIAS CON TENDENCIA A LA ACTUACIÓN SOMÁTICA.
El concepto de “actuación somática” tiene  su antecedente en los sentidos tomados a los términos “agieren” usado por Freud, traducido al inglés como “acting- out”, y “paso al acto” (o pasaje al acto). En el “análisis, un acting out puede constituir un llamado, un desafío, una réplica que atestigua un desfallecimiento del decir, que responde a una intervención en lo real o significa lo que resta intocado por la interpretación”  * pero que a su vez está pidiendo acceso a la interpretación y a hacer lugar a la palabra.Para Freud los modos de traer el pasado al presente son básicamente la repetición y el recuerdo. Cuando el recuerdo de los acontecimientos pasados está reprimido, el sujeto está condenado a repetir, actuando ese pasado a través del acting out.  Por esa la cura apunta a modificar los procesos de repetición mediante el “recordar”. En general la expresión “pasaje al acto” es usada para nombrar actos violentos, impulsivos, agresivos y/o delictivos: “el sujeto pasa de una representación, de una tendencia, al acto propiamente dicho” (Laplanche y Pontalis).Aunque algunas veces, tanto el primer término como el segundo, se lo hayan usado como sinónimos para traducir el concepto freudiano “agieren”, fue Lacan quien estableció una marcada distinción. Está claro que ambas expresan mecanismos de últimos recursos contra la angustia, pero en el acting out el sujeto permanece en la escena, hay un mensaje, una apelación al Otro, mientras que  el pasaje al acto supone una salida de la escena, una huída del Otro, donde la simbolización se ha tornado imposible.Esta última idea sería  lo que se trataría de conceptualizar cuando usamos la expresión “actuación somática”: algo que no puede entrar en el proceso simbólico de la elaboración  se degrada a través de trastornos corporales.Cuando decimos que estas operaciones pueden suceder en familia, estamos queriendo significar que muchos mecanismos de defensa y “operaciones” para mitigar la angustia, conflictos de distinta naturaleza, traumas, etc., pueden ser adquiridos (“aprendidos”) por identificación, donde el/los otro/s significativo/s es/son tomado/s como modelo/s.
ACTO SÍNTOMA: No es ni una comunicación neurótica ni una restitución psicótica. Es una descarga que cortocicuita el trabajo psíquico. Ausencia de elaboración y falta de simbolización con un actuar de índole compulsivo para aliviar el dolor. Ocupa el lugar de un sueño jamás soñado. J. Mc Dougall es uno de los autores que ha trabajo con basatante profundidad este tema. Según ella abarca: adicción, pasaje al acto, procesos de somatización, sexualidad adictiva, vínculo adictivo (relación del objeto).Es un cortocircuito de mentalización y simbolización. En vez de elaboración mental (palabra, pensamiento, fantasía, representación) aparece esa “acción (el actuar como un bebé, sin palabra). Descarga pura. En la primera infancia (antes del lenguaje) la madre es el “aparato de pensar” del bebé. Ella debe modificarse, aliviar el sufrimiento físico o psíquico de su bebé. Si no lo hace, la descarga, el actuar continúa y llega a somatizar, que es expresar el malestar con el cuerpo. Para no necesitar ese objeto-externo (como si fuera interno) tuvo que haberse hecho el duelo de la pérdida, y haberse constituido, la madre, como objeto-interno. Si jamás fue perdido (está entonces ausente en la interioridad), está siempre afuera y se lo busca constantemente (vínculo adictivo, dependencia).No se puede entonces contener el afecto aportarse un alivio propio; no se soportan las representaciones ligadas a los afectos, y entonces se produce la descarga en el actuar (adictivo o con el cuerpo).Es en la primera infancia (lactancia) donde, si no se establecen las bases de la diferenciación madre-niño, de la alteridaden esa dimensión del narcisismo) se conforman los riesgos a aumentar la vulnerabilidad somática, y la potencialidad a las adicciones y/o psicosis.

Enfermedad psicosomática                adicciones              psicosis
Esta relación podría estar dada por la deficiencia en los procesos de simbolización, metaforización, de la descarga de la tensión por lo somático. Lo mental se torna insuficiente para establecer mecanismos reguladores y homeostáticos. Se necesita una nueva constitución del área transicional (objeto en vías de introyección y lugar de identificación).Si la madre estuvo muy cerca o muy alejada, eso no se cumple.
Resumiendo: la tendencia a la actuación somática (descarga de la tensión a través del enfermar el cuerpo) puede tener como factor predisponente los primeros intercambios entre madre – bebé.Los actos-síntomas o síntomas de acción no contemplan el trabajo de elaboración psíquica. Pero son siempre un intento de resolución a conflictos, aunque impliquen una amenaza para la vida (y lucha contra el dolor físico y mental).Las personas que polisomatizan carecen en general de otras defensas psicológicas más elaborativas, con participación mayor del lenguaje.Se trataría de fallas (o interrupción) de la capacidad para la simbolización, o dicho de otro modo, de perturbaciones en el desarrollo del funcionamiento simbólico; procesos que se inician en el seno familiar, ya que la correcta instalación y conformación del mismo, es tarea que deben llevar a cabo los padres.Esta autora habla además de un “cuerpo para dos”: fantasía universal: (un solo cuerpo y una mente para dos personas).Esta fantasía fusional no puede prolongarse mucho (es parecido a la violencia secundaria de Peira A. ). La madre entonces, sufre esta angustia de separación (y no el bebé) y perturba el normal desarrollo de separación-individuación.

La salud y la enfermedad (tanto somática como psíquica) si bien tienen su “locus” en el individuo, adquieren dimensionalidad a través de los vínculos interpersonales en el sistema (es decir red vincular que une a los miembros de una familia).Es decir, que implica para cada familia estar – ser sano o enfermo?Hay un sentido de estos estados para el sujeto y para la familia. El terapeuta recibe “una información” de la interacción entre “el enfermo” y el “grupo”, que tiene que develar.
Qué significa que un miembro esté enfermo?
Por ejemplo: que requiere cuidado y atención especial?           que su condición lo excluye de ciertas decisiones?que a partir de la enfermedad se ha producido una reacomodación de los vínculos entre los restantes miembros de la familia?
Apunta a:

1) qué está diciendo el paciente a los demás a través de su enfermedad y
2) qué modificación se produce en el sistema con la aparición de la misma, y
3) a qué necesidad del sistema responde la presencia de la enfermedad.       Los estados de enfermedad y no-enfermedad (salud – no-salud), la aparición) y mantenimiento de los mismos están en relación con la significación que se les asigna en la familia.
Cuanto más el trabajo terapéutico se centre en la “enfermedad del enfermo”, se perderá ver su inclusión en el sistema, y es esto lo que para los que nos ubicamos en esta perspectiva vincular, producirá la modificación. Hay que operar sobre lo que mantiene una condición, como una forma operativa para obtener cambios

SOBRE EL CONCEPTO DE VULNERABILIDAD SOMÁTICA.
Cuando desde el enfoque psicosomático nos referimos a la idea de un sujeto  vulnerable a desarrollar enfermedades somáticas, estamos poniendo en correlación ese fenómeno con un determinado modo de organización psíquica. Sintéticamente podemos señalar algunas características de esa estructuración: a) marcadas fallas en los mecanismos de elaboración psíquica, que se manifestarían en la incapacidad de simbolización, un pensamiento de tipo operatorio (P. Marty) y alexitimia (Sifneos), incapacidad funcional de la actividad fantasmática, vacío representacional; b) perturbaciones en la estructuración narcisística (déficit narcisístico); c) deficitaria estructuración del preconciente (fallas, debilidad constitutiva, bloqueo; cantidad, calidad y fluidez de las representaciones). Siempre hay que tener en cuenta que éstas son algunas de las más destacadas condiciones de vulnerabilidad (relación de implicancia), pero de ninguna manera de génesis en el desencadenamiento de una enfermedad somática.
La idea de un sujeto susceptible a contraer enfermedad ante situaciones conflictivas de difícil resolución, ha sido una preocupación constante en las investigaciones y desarrollos dentro del campo psicosomático.Ser o estar vulnerable significa “susceptible de ser herido o vulnerado, en cualquier acepción, de sentir un daño o perjuicio, o ser afectado, conmovido o vencido por algo”. Muchos autores describieron y explicaron este estado de vulnerabilidad, relacionándolo fundamentalmente a:
– Un modo particular defensivo- Una insuficiente organización representacional- Un tipo particular de estructura de personalidad- Duelos o elaborados (y depresión esencial)- Un déficit primario- Una carencia de recursos mentales
Además, la vulnerabilidad somática se la relacionó con:
– Conductas de sobreadaptación (Liberman)- Alexitimia (Sifneos)- Pensamiento operativo (Marty)- Fallas en los procesos de simbolizacion
Estos factores, o alguno de ellos, podrían ser los puntos de partida o el sustrato necesario para hablar de “una estructura somato-psíquica vulnerable”. Si bien son conceptos, en su mayoría, que provienen del ámbito psicoanalítico, el concepto de vulnerabilidad es esencialmente interdisciplinario, ya que incluye el estudio de factores predisponentes, desencadenantes o que exacerban tanto el nivel psicológico como el somático.  La vulnerabilidad dependería del modo de enfrentamiento de los conflictos, de la naturaleza traumática o estresante de los mismos, de la red social afectiva con que cuenta el sujeto y de las carencias constitutivas de su unidad psicosomática.R. Zukenfeld sintetiza el concepto de “vulnerabilidad psicosomática” argumentando el predominio de una forma de funcionamiento psíquico que implica en el nivel metapsicológico: a) una insuficiente organización representacionalb) una carencia de recursos mentalesc) una tendencia a la descarga
y en el nivel clínico: a) una dificultad en el enfrentamiento de las situaciones estresantesb) una baja tolerancia al desamparo o a pérdidas significativasc) una significativa presencia de cogniciones y comportamientos de riesgo

ACERCA DE LA  SOBREADAPTACION

El concepto de sobreadaptación, en nuestro país, fue trabajado extensamente por D. Liberman y su equipo, quienes publicaron en 1982 “Del cuerpo al símbolo, sobreadaptación y enfermedad somática”. Esta obra se preocupa en demostrar como se gesta un “self ambiental sobreadaptado” en los individuos que al interactuar con la realida lo hacen de forma tal que queda disociada sus necesidades emocionales y corporales. Son “personas que padecen de cordura”. (Nótese la similitud con el concepto de “normópata” de J.McDougall).Merece destacarse la constante relación a lo largo de toda la obra que los autores establecen con presupuestos linguísticos, especialmente semánticos, es decir, donde el lenguaje en general, y fundamentalmente el familiar , asume  un papel protagónico en la conformación de este “cuadro”. Una ejemplo de ello lo constituye el glosario de expresiones idiomáticas que aluden a estados emocionales a través de referencias al cuerpo. Verdaderas metáforas que establecen relaciones y condensan en sí mismas la manera en que el simbolismo del lenguaje alude al cuerpo; y muestran con claridad cómo determinados giros linguísticos basados en el cuerpo (órganos y/o funciones) expresan específicas emociones, constituyéndose, por otro lado, como una vía regia para ser empleado en  tratamientos psicológicos. Este párrafo no deja dudas: …”Las experiencias del cuerpo en funcionamiento e intercambio con el objeto, le otorgan al lenguaje, que las toma como referente metafórico, la cualidad vivencial que permite aprehender la emocionalidad en su dimensión subjetiva. A la vez que la metáfora verbal expresa el profundo reconocimiento a nuestro cuerpo, receptor privilegiado con el que contamos para registrar matices emocionales.”Estas personas con disposición a padecer manifestaciones corporales patológicas, las describen los autores como aquéllas que tienen serias dificultades para advertir señales de alerta provenientes de su cuerpo, que no han logrado una articulación adecuada entre maduración y aprendizaje corporal; que privilegian en forma exagerada la adaptación a su medio y al cumplimiento estricto de sus exigencias, con repudio del self corporal que no se llega a constituir como  una representación simbólica adecuada, ni tampoco a conformarse la necesaria unidad psicosomática  En general absorben en demasía problemas familiares, o son portavoces de problemáticas grupales complicadas que prometen resolver, son justicieros e hipergenerosos. Tienen alteradas las nociones de tiempo y espacio, valores, etc. Tienden a resolver una cantidad de situaciones con técnicas predominantemente aloplásticas, lo que por momentos nos hace pensar que crean una realidad delirante. Estos sujetos son verdaderos temeraríos que viven al filo de la navaja o en situaciones de riesgo sin percibirlo. El deber está por encima de todo y especialmente se impone al placer. Se encuentran sometidos a un superyó exigente y cruel y, como los melancólicos, buscan sentirse queridos para poder regular su autoestima pero, a diferencia de ellos, se entregan a acciones esforzadas y valientes. (Julia Braun Revista para graduados 1982  N* 7 p. 12 ). Este síntoma de sobreadaptación denuncia un sistema de vida basado en una ideología (y para el presente trabajo es algo que se debe remarcar) que presupone una fuerte pulsión tanática. Ideología, sistema de vida nos remite sin dudas a formas de intercambio que comenzaron a gestarse desde temprano en la vida familiar. Y son precisamente los vectores que los autores  tratan de correlacionar: “1) la modalidad del vínculo materno-filial primario; 2) las constantes del desarrollo evolutivo de estos pacientes en la primera infancia, 3) la estructura de la familia de origen en lo referente a la distribución de roles y a la organización de la red comunicacional intragrupal inconciente. Es por lo tanto un planteo, desarrollado a lo largo de toda la obra, donde queda explicitada una constante relación entre lingüística y psicoanálisis; hecho que por otra parte ya había sido tratado en forma extensa por D. Liberman en “, Lingüística, interacción comunicativa y proceso psiconalitico” (1972). En este extenso tratado dedica todo un tomo a describir las características de pacientes con perturbaciones a predominio semántico. Toda la obra es un riguroso intento de articulación del psicoanálisis con la teoría de la comunicación y la semiótica.
Sintetizando, diría que los autores de la obra “Del cuerpo al símbolo” claramente perfilan un “paciente psicosomático” : personas con disposición a padecer manifestaciones corporales patológicas. Lo describen como:-que no registran alertas orgánicos previos;-que presentan sobreadaptación a la realidad ambiental ( o hiperadaptabilidad) disociando sus necesidades y posibilidades emocionales y corporales (“Self Ambiental Sobreadaptado”); -que privilegian con exceso un ajuste a las exigencias que se les plantean en sus vidas.-personas cuya unidad psicosomática está rota. (Idea tomada de Winnicott que coloca el guión, psico-somática para subrayar esa ruptura. Otros como Marty y Laplanche prefieren llamarla sómatoconflictual).Hay un fracaso simbólico que subyace a toda patología psicosomática.Tiene que ver con lo epocal donde la búsqueda constante de éxito y prestigio influye en la aparición de “stress”. Ser exigidos (y exigirse) es ser valorado.No reconocen el placer como necesidad humana (ocio creativo), sino que lo igualan al cumplimiento y logro de objetivos laborales-profesionales.Sobreadaptación y enfermedad corporal son dos aspectos de una misma patología. La enfermedad en el cuerpo es la protesta somática que denuncia la postergación que se ha hecho del “self corporal emocional”.Subyace además, una fantasía de invulnerabilidad e inmortalidad que marca la omnipotencia de estos pacientes (parte psicótica de la personalidad).La irrupción somática puede ser pensada como una señal de alarma que emite el cuerpo de estos pacientes, marcando la fractura de la sobreadaptación.El sojuzgamiento pulsional llega a tal punto que se produce un corte profundo con la interioridad corporal y emocional, es decir su registro y representación;  de ahí el concepto de alexitimia que algunos autores utilizan.( Yo sojuzgado por el ideal del yo)
SOBREADAPTACION desde los primeros meses de vida corresponde al tipo de desarrollo acelerado que produce un ajuste demasiado precoz, entre registros perceptuales exteroceptivos distales y respuestas motrices y verbales.
Para ellos en la enfermedad psicosomática el conflicto se localiza a nivel del sistema neurovegetativo y es elegido como el medio de expresión privilegiado.

EL LENGUAJE “EN” EL CUERPO
Así como el psicoanálisis nos ha permitido comprender que la identidad sexual deviene por identificación, castración mediante, que no es el órgano lo primordial, sino el lenguaje, lo determinante para que un sujeto pueda ubicarse de un lado o del otro respecto a su sexuación; así también podemos entender que en el “enfermarse” somáticamente hay un habla, una cultura, que participan activamente. No sólo admitimos un cuerpo “que habla” sino además un “habla en el cuerpo” que lo impregna, penetra, conforma.
Si pensamos el cuerpo no sólo como unidad anátomofuncional sino esencialmente fantaseada, veremos como éste puede ser afectado por influjos físicos o químicos, pero también por realidades de ficción y en última instancia por meras palabras. Por eso también el cuerpo puede ser susceptible a tratamientos psicoterapeúticos o a cualquier tipo de intervención simbólica. La fisiología natural no alcanza para explicar el funcionamiento orgánico del hombre: también lo afectan desde temprano factores que están situados en el campo de la cultura.
El cuerpo se inserta e inscribe en un mundo simbólico que lo precede y lo significa: que necesita siempre de un otro que le otorgue cualidades diferenciales. El cuerpo es una realidad que se construye. El organismo, lo viviente, es diferente a lo que en psicoanálisis llamamos cuerpo. Para construir un cuerpo se necesita un organismo vivo más una imagen aprehendida en lo especular. Hay autores que priorizan la relación madre-bebé (como Piera Aulagnier, l986) y destacan como el infante le propone el cuerpo a su madre para que ésta lo invista. Su cuerpo es hablado por los enunciados maternos. La madre es enunciante y el mediador privilegiado del discurso ambiental; lo conmina, le prohibe, le indica los límites de lo posible y lo lícito: es pues la semantizadora principal.  La madre, y en general todos los adultos que rodean al niño, no otorga sólo frases y palabras con sentidos diferentes, sino que además las va impregnando con su propia corporalidad, con su emoción. Se produce un verdadero acto de habla (como lo plantea J. L. Austin): sus palabras pueden calmar, cuidar o despertar inquietud, insatisfacción en el bebé, crear distancia o cercanía, lo que significa la producción de un registro psíquico que es fundamental para la organización somato-psíquica de su hijo.

CONSTRUYENDO LA VULNERABILIDAD SOMÁTICA
Muchas veces esa importantísima función decodificadora (y codificadora) materna, que da sentido a las expresiones de placer y sufrimiento, suele ser también portadora de patología.   Decodificaciones discordantes o invertidas, entre lo que es vivido por el niño y lo que es decodificado por la madre, o tan sólo contradicciones entre lo que siente y transmite que crea mensajes indescifrables y confusos para el hijo. Todo eso puede ir minando la construcción de una adecuada imagen corporal inconciente y de una equilibrada unidad psicosomatica. No sólo las identificaciones participan en el complejo armado de la identidad de un individuo. También los enunciados identificatorios (Piera Aulagnier, l975), que al ser emitidos por un otro significativo de quien se depende afectivamente, determinan conductas y pueden plasmar a lo largo de la infancia importantes estructuraciones psicopatológicas. Dichos enunciados pueden ser además acompañados de reglas de enunciación identificatoria (H. Bleichmar 1981), que son normas para construir aquellas afirmaciones o creencias sobre la identidad, pudiendo crearse, para el caso que nos ocupa, un sentimiento de fragilidad corporal, o de hallarse en peligro mortal inminente, o simplemente de “ser” enfermo. Otro tanto ocurre con el sentido que los padres atribuyen a la enfermedad orgánica, al cuerpo enfermo-dañado. Este sentido incluye el conjunto de contenidos semánticos expresados en creencias – elementos cognitivos dotados de certidumbre – que determinarán actitudes, es decir, las disposiciones a actuar frente a la enfermedad. Cada familia puede elaborar una verdadera mitología en torno a la enfermedad y que en algunos casos puede hasta llegar a ser incuestionable, inmodificable.
Cuando en una familia la enfermedad orgánica se manifiesta a repetición (o se cronifica), se hace imprescindible investigar y “tratar” el campo semiótico familiar en sus múltiples manifestaciones.
Todo lo expresado anteriormente es apenas un acercamiento a las formas en que las enfermedades orgánicas podrían irrumpir, desenvolverse, agravarse, cronificarse, repetirse, curarse, dentro de la estructura familiar.

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS Y MODALIDADES MAS FRECUENTES EN FAMILIAS CON TENDENCIA A LA SOMATIZACIÓN.
A continuación, y a manera de síntesis, se enumeran algunas características observadas con frecuencia en la clínica:
* Familias donde prevalecen mecanismos de desmentida y desestimación, con vínculos predominantemente endogámicos
* con prevalencia de rasgos y procesos narcisistas patológicos (lenguaje del yo-ideal);
* con rechazo a una legalidad que regule los vínculos inmediatos;
* con dificultades en la realización de procesos elaborativos (por ej. : pérdidas sin procesos de duelo o realizados muy precariamente);
* con poca capacidad simbólica, creativa y/o sublimatoria;
* con tendencia a lo fáctico, concreto, (registro operatorio);
* con dificultades en la tramitación de los afectos (en su aspecto cualificado: emociones) y en la enunciación y manifestación de los mismos (alexitimia);
* con tendencia al predominio del placer de órgano por sobre el placer de representación;
* familias donde lo pulsional prevalece por encima de los procesos anímicos más complejos, en que participan percepciones, huellas mnémicas, pensamientos inc. y palabras;
* donde la espacialidad y la temporalidad es también prevalentemente económica: está constituida por números, por frecuencias o ritmos; hay un pensar numérico;
* abuso, sobre-estimulación o incoherencia (interés insuficiente o excesivo) prestado a las funciones del dormir, comer, evacuación, etc., que en general se corresponden en los hijos con respuestas perturbadas: anorexia, diarreas o constipación (por ej. se llega al sueño a través del agotamiento y no como distensión y relajación);
* madre enfermera (Winnicott), de tipo operatorio, vacuidad afectiva, relación blanca (Green), que no cumple función protectora, frenadora de las excitaciones (por ej. para el dormir); en algunos casos “madre-calmante” pero  casi nunca “sostén”;
* familias en donde algún progenitor se arroga el derecho de tomar el cuerpo de un hijo como propio (por ej. maltrato infantil), constituyéndolo como un patrimonio personal;
* con un uso del lenguaje donde prima por sobre todo el valor y función de comportamiento, su rol de descarga motriz, muy ligadas las palabras a las percepciones y poco a las representaciones;
* familias donde los afectos vivenciados son llevados inmediatamente a nivel de comportamiento, sin pasar, en general, por el filtro del trabajo fantasmático e intelectual;
* madres (y a veces padres o ambos) con características intrusivas donde tanto la presencia como la ausencia son igualmente temibles;
* familias donde lo erróneo asume un valor en lo cotidiano, (por ej. error de maniobra: en vez de gritar, el bebé vomita, intercambio laringe [lugar de deseo-grito-llamado] por faringe [lugar de necesidad]. El placer-presencia de la madre para el hijo queda unido a la angustia de ella. (Dados cargados: cuando el placer de uno se obtiene gracias a la angustia del otro);
* donde las enfermedades de cada uno de sus miembros, los trastornos funcionales, se erigen a manera de comunicación y regulación de los intercambios vinculares.

 

BIBLIOGRAFÍA:
Aulagnier, Piera.1975. La violencia de la interpretación. Amorrortu Ed. Buenos Aires.1977.
Austin, J. L. (1962). Cómo hacer cosas con palabras. Ed. Paidós, Barcelona.1990.
Bekei, M. y otros. Lecturas de lo Psicosomático. Lugar De. 1992.
Bleichmar, H.(1981). El narcisismo. Estudio sobre la enunciación y la gramática inconciente. Nueva Visión. Buenos Aires.1981.
Courel, R. La cuestión psicosomática. Manantial. Buenos Aires.1996.
De Cristóforis, O. Función semiótica parental y potencialidad somática. Jornada Interdisciplinaria de Medicina Psicosomática. Hospital Español. Buenos Aires. 1995.
Dolto, F. La imagen inconciente del cuerpo. Bs. As. Paidós 1984.
Kornblit, Analía Somática Familiar Ed. Gedisa. España 1884.
Liberman, D y otros. Del cuerpo al símbolo. Sobreadaptación y enfermedad somática. Santiago de Chile. Ananké. 19993
Marty, P. La Psicosomatica del Adulto. Amorrortu. Bs. As.1992.
Zukerfeld, Rubén; Raquel Zonis Zukerfeld: Psicoanálisis, tercera tópica y vulnerabilidad somática. Lugar Ed. 1999.
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