FUNCIÓN SEMIÓTICA PARENTAL Y ENFERMEDAD SOMÁTICA

FUNCIÓN SEMIÓTICA PARENTAL Y ENFERMEDAD SOMÁTICA

(Capítulo IV del libro “Cuerpo, vínculo, lenguaje en el campo psicosomático”. Buenos Aires. Ed. Lugar 2006).

Me referiré en este capítulo, a elaboraciones surgidas a partir de un proyecto de investigación que inicié hace ya más de veinte años, y que se fundamentaba en el entrecruzamiento entre semiótica y psicoanálisis. En aquella oportunidad, en un equipo amplio dirigido por Celia Córsico y Mabel M. de Rosetti, investigábamos sobre la interacción lingüística entre maestros y alumnos y su incidencia en el rendimiento escolar. Luego yo me interesé, más específicamente en las producciones semióticas que se activan dentro de las estructuras familiares y que pueden llegar a conformar predisposición, condiciones de posibilidad y/o potencialidad a la “actuación somática” persistente y reiterada de uno, varios o todos los miembros de una familia. Dicho de otra manera, se trata de estudiar cómo puede construirse desde la infancia una marcada vulnerabilidad somática, tendencias a la somatización, o la instalación de una escisión psique-soma, allí donde debería conformarse una armónica unidad psicosomática.Entender estos fenómenos como predisponentes, posibilitantes o potenciales, no implica de ninguna manera considerarlos como causales (en el sentido de una causalidad lineal, clásica), sino incluir al mismo tiempo lo impredecible (azar) en el devenir de un sujeto. No hay certeza de que tal instalación vaya a producirse debido al poder de transformación, metabolización, que la psique humana puede operar.No certezas pero sí presunciones hipotéticas que el trabajo clínico permanentemente  confirma y desconfirma. Una práctica clínica que incluye lo observado y vivenciado, tanto con familias con niños, como con adultos padecientes de enfermedades graves, crónicas y de desorganización progresiva, será de inestimable valor para revisar afirmaciones cerradas. Porque es justamente en estos pacientes donde se comprueba eso que en “status nascendi” hemos subrayado en numerosas familias.
En la compleja construcción de una adecuada organización psicosomática de un individuo, la familia cumple, por supuesto, un papel crucial. Entre los múltiples vectores que pueden estudiarse en dicha construcción, la función semiótica familiar reviste una riqueza especial, tanto sea para comprender los procesos esperables, como los patológicos. En esta oportunidad se pretende reflexionar acerca de algunos de esos procesos, especialmente los de semantización, de las distorsiones y alteraciones que los mismos pueden presentar y de la influencia que tendrían sobre una posible predisposición a la vulnerabilidad somática en los hijos. Describir, analizar, intentar explicar esa influencia perturbadora, correlacionándola con lo que llamaré “potencialidad somática, o patosomática, o polisomatizante”, es un punto de vista más, un vértice posible y de ninguna manera aspira ser una posición que excluya y contradiga a otras que brindan valiosas explicaciones para pensar las enfermedades y trastornos somáticos en la infancia, y/o los posibles mecanismos de instalación de respuestas y defensas somáticas (diferentes formas de somatización) con que un individuo puede disponer al enfrentarse a conflictos a lo largo de su vida. Porque es precisamente en la infancia donde pueden plasmarse determinadas condiciones que predispondrían a usar el cuerpo como “buffer”, como descarga, como campo donde se dirime lo que, por diferentes razones, no puede ser procesado elaborativamente por el aparato psíquico.
Es un intento, además, de comprender al individuo que enferma somáticamente (en las distintas variantes: crónica, aguda, a repetición, altamente desorganizativas y progresivas, regresivas y reversibles, graves e irreversibles, etc.) desde una mirada que contemple las múltiples variables que operan en los conjuntos multipersonales, desde lo familiar a todo lo social en su conjunto.

 

VICISITUDES DE LA SEMANTIZACIÓN PARENTAL PERTURBADORA EN TORNO AL CUERPO DEL NIÑO

“El acto de habla navega entre el cuerpo y el código”.La organización psicosomática de un individuo, lo que llamamos unidad psicosoma, es una compleja organización que se va gestando desde los primeros días de vida. La familia cumple, en esa construcción, un papel crucial. Entre los múltiples vectores que pueden estudiarse en dicha construcción, la función semiótica familiar reviste una riqueza especial, tanto sea para comprender los procesos esperables como los patológicos.  Pretendo reflexionar y destacar algunos de esos procesos, especialmente los de semantización, las distorsiones y alteraciones que los mismos pueden presentar y la influencia que tendrían sobre una posible predisposición a la vulnerabilidad somática en los hijos. Describir, analizar, intentar explicar esa influencia perturbadora correlacionándola con lo que llamaré “potencialidad somática, o patosomática, o polisomatizante ” (parafraseando un concepto de P. Aulagnier), es un punto de vista más, un vértice posible y de ninguna manera aspira ser una posición que excluya y contradiga a otras que brindan valiosas explicaciones para pensar las enfermedades y trastornos somáticos en la infancia, y/o los posibles mecanismos de instalación  de respuestas y defensas somáticas (diferentes formas de somatización) con que un individuo puede disponer al enfrentarse a conflictos a lo largo de su vida. Porque es precisamente en la infancia donde pueden plasmarse determinadas condiciones que predispondrían a usar el cuerpo como “buffer”, como descarga, como campo donde se dirimen lo que por diferentes razones no puede ser procesado elaborativamente por el aparato psíquico.
Es un intento, además, de comprender al individuo que enferma somáticamente (en las distintas variantes: crónica, aguda, a repetición, altamente desorganizativas y progresivas, regresivas y reversibles, graves e irreversibles, etc.) desde una mirada que contemple las múltiples variables que operan en los conjuntos multipersonales, desde lo familiar a todo lo social en su conjunto, y que incidirían en la irrupción, instalación y/o cronificación de los procesos de enfermarse orgánicamente. Variables que abarcarían las dimensiones biológica, psicológica, histórica y social.

 

APORTES DESDE EL CAMPO SEMIOTICO

Desde la mitad del siglo en adelante, fueron numerosos los trabajos que entrecruzaron conceptos e hipótesis del campo semiótico y del psicoanalítico. El concepto de representación es un ejemplo clave que puede mostrar esa articulación posible entre semiótica y psicoanálisis. Por supuesto que no es este el lugar para extenderse en la riqueza de estas correlaciones, sino para indicar el alcance que en el presente apartado conllevan conceptos tales como ideología familiar inc., códigos, reglas, enunciados identificatorios, etc.;  Desde un planteo como el de O. Ducrot (1982), quien enfatiza que el lenguaje más que un modo de expresión del pensamiento o un medio de comunicación, debe ser entendido como un verdadero estructurador de las relaciones interpersonales, es posible ubicarse en la relación entre la significación de los discursos y las representaciones subjetivas. Y que en la conformación de lo intersubjetivo habría atravesamientos directos de los discursos operantes en una formación social determinada históricamente. Siguiendo esta línea de pensamiento, podríamos cuestionarnos en nuestra tarea clínica acerca del papel decisivo que cumplen las ideologías familiares. (Ideología entendida como una representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia). De esta manera mucho de lo que sucede entre padres e hijos podría definirse como “proceso ideológico”(Sercovich, A. 1977): un complejo de relaciones interactivas entre determinadas formaciones semióticas y lo imaginario individual. En la clínica psicoanalítica podemos comprobar el papel crucial que representan esas ideologías familiares a través de mensajes parentales “incrustados” en el inconciente y que actúan como productores de pensamientos. Se trata, entonces, de poner en relación la significación de los discursos y las representaciones subjetivas; (psicoanálisis y semiótica), articulados por una hipótesis básica: los discursos se inscriben en el sujeto siempre doblemente (doble inscripción, conciente e inconciente). A partir de este enfoque  es posible adherir a un discurso sin comprenderlo o sin aceptarlo, y a su vez comprendiéndolo y no aceptándolo. Se abre así una extensa combinatoria entre comprensión e incomprensión, aceptación y no aceptación, adhesión y rechazo (que en términos de mecanismos psíquicos se expresarían por la negación, desmentida, rechazo, represión), que explicaría la acción y eficacia de muchos discursos, en particular los emitidos desde el lugar parental, que están cargados de un fuerte poder persuasivo; entendiendo por lenguajes persuasivos aquellos que, en líneas generales, el factor predominante es la intención del emisor de influir sobre el receptor, discursos que se hallan vinculados con la modificación de las representaciones y las conductas de sus destinatarios. Esta noción de persuasión abrió el desarrollo del campo de la “Pragmática”. Es conocido que clásicamente el “campo semiótico” abarcaría tres áreas o dimensiones: SINTACTICA (sintaxis), es decir la forma o modo en la cual el enunciado es construido; investiga la relación de los signos entre sí, consiste en determinar las reglas que permiten construir frases o fórmulas correctas, combinando los símbolos elementales; SEMANTICA: área de la significación de los enunciados, establece la relación de los signos con una clase o elementos de una clase; y PRAGMATICA: donde se aprecian los efectos o acciones en el oyente, describe el uso que pueden hacer de las fórmulas los interlocutores que se proponen actuar unos sobre otros. Es de destacar que tanto la sintaxis como la semántica, que estudian el núcleo de la lengua, deben elaborarse en estrecha conexión con la dimensión pragmática, ya que “la relación entre los signos y sus usuarios” compete a todos los niveles de la semiótica. Cabría además agregar que la semiótica, ciencia de la significación, disciplina que investiga la semiosis (semiosis que puede entenderse como: a) dominio de significado b) dominio de la comunicación, es además un instrumento generalizable a todas las modalidades de sentido y su producción. Abarca, además, sistemas simbólicos no lingüísticos, algunos basados en el lenguaje, pero no idénticos. Hay también formas sociales que funcionan a la manera de un lenguaje: sistema de parentesco, mitos, moda. Si bien la preocupación central de la semiótica continúa siendo la significación, hay actualmente muchos estudios que se focalizan en las relaciones de simbolización, pasando a ser el dominio de lo simbólico el objeto de la semiótica. La corriente representada por J. Kristeva (Revista Tel Quel: Barthes, Derrida, Sollers, citado por Todorov, T.1972)  definen el texto – entendido como cierto modo de funcionamiento del lenguaje – como productividad, y ella propone el término semanálisis: “la lengua como producción y transformación de significación. Volviendo al área de las semantizaciones, habría que remarcar que aquí se analizarían los sentidos que tienen las palabras, sus variaciones y cómo se combinan las significaciones de los elementos de la frase para constituir su sentido total, que no se produce por simple suma de palabras (relaciones sintagmáticas). Otra consideración necesaria (a pesar que son innumerables las cuestiones pertinentes a este trabajo que quedan sin siquiera mencionarse) se refiere a la utilización que los sujetos hablantes pueden hacer del lenguaje (en el sentido del “habla” de Saussure realización, empleo, acción). Es decir, que es preciso distinguir aquello para lo cual sirve el lenguaje de aquello que, además, puede hacerse con él; por un lado la lengua fue creada para permitir a los hombres comunicarse los pensamientos, pero por otro habría una función “expresiva” (Bühler-Jakobson, R.1970) que puede realizarse mediante entonaciones, de alegría, de cólera, de tristeza y por determinadas modalidades, en donde, tanto éstas como las entonaciones, no serían sólo consecuencia de diferentes estados psicológicos, sino particulares maneras de significar. (Ej. : “Por desgracia no vino”; “me irrita que no haya venido”. Donde se representa el sujeto como objeto del enunciado).

LA PRAGMATICA.

El lenguaje es el lugar de encuentro entre el ser humano y el significado, o bien, entre el ser humano y la realidad.Vamos creando el lenguaje, y el lenguaje a su vez, nos va creando; somos lo que hablamos y nos hablan y también lo que nos hablamos a nosotros mismos. Somos prisioneros libres, creadores creados, dueños esclavizados de nuestra capacidad lingüística.La pragmática comienza como un intento de encontrar el sentido de la conducta lingüística.Morris la define como “la ciencia de los signos en relación con sus intérpretes”(o usuarios).Toma al lenguaje tal y como se manifiesta, inmerso en una situación comunicativa concreta. Desde hace más de medio siglo se está volviendo una disciplina cada vez más empírica apoyándose en la sociología, psicología, etnografía, literatura, etc., siendo su campo casi inabarcable y esencialmente interdisciplinario.La P. es básicamente una perspectiva diferente desde donde contemplar los fenómenos lingüísticos, que parte de los datos ofrecidos por la gramática y toma luego en consideración los elementos extraliguísticos que condicionan el uso efectivo del lenguaje.
Estudia los principios que regulan el uso del lenguaje en la comunicación, cómo interpretamos enunciados en contexto. El significado que se produce al usarse el lenguaje es mucho más que el contenido de las proposiciones enunciadas.Gesto, postura, tono de voz, entonación, longitud de las pausas, frases cortadas, todo eso significa.Se ocupa por ejemplo, de analizar el silencio que suele comunicar algo voluntariamente, al no decir, ocultar, omitir, o en dar algo por ya dicho. Comunicarse es reclamar la atención de alguien, dándole información relevante o pertinente. Lo comunicado afecta también al que comunica: nos afecta lo que oímos pero también lo que decimos, ya que al expresarnos moldeamos nuestra realidad y reflexionamos sobre nuestras propias experiencias. (Uso del discurso en psicoanálisis, por ej.).Todo acto de habla incluye reflexiones metadiscursivas, indispensables para su eficacia, y todo hablante habla con varias voces  (incluída la del inconciente). Algunos de los significados que generamos son intencionales y otros no. Hasta el momento se concentra más en el análisis de cómo decimos lo que queremos decir (intencional) y  cómo lo comprendemos cuando nos lo dicen.

 

AUSTIN Y LOS ACTOS DE HABLA.

Es un filósofo del lenguaje más que lingüista, y su preocupación es estudiar el lenguaje corriente (ordinario, natural), que debe ser, además, el lenguaje que la filosofía debe usar.Los problemas filosóficos ( y por que no, en otras ciencias y en lo cotidiano) se originan casi exclusivamente en confusiones lingüísticas o en abusos del lenguaje. Tal vez su idea más fructífera se refiere a que el lenguaje no es exclusivamente descriptivo. Un enunciado puede desempeñar diferentes funciones, una de las cuales es describir un estado de cosas, pero otra puede ser el cumplimiento de una acción.Ejemplo: frase “sí, quiero” dicha en las circunstancias adecuadas no describe, sino que realiza una acción.
Enunciados realizativos: (diferente a oraciones) llevan a cabo una acción – que no debe confundirse con la acción de pronunciarla-.“Prometo”…”Juro”… No informan sobre una promesa o un juramento: la están haciendo (realizando).No pueden ser calificadas como verdaderas o falsas, sino como afortunadas o desafortunadas. (Austin tiene una “Teoría de los infortunios”: incluye desaciertos, abusos, malas ejecuciones, malas apelaciones, actos viciados, actos inconclusos… Falta de coincidencia entre lo que el enunciado dice que hace y lo que en realidad hace).También se los llama performativos.
Enunciados constatativos: sí describen estados de cosas y por lo tanto pueden evaluarse como verdaderos o falsos.Luego Austin también pensó que pueden servir para cumplir actos, aunque no tengan performaticos explícitos.Se distingue, entonces entre significado de fuerza, significado del enunciado- lo que las palabras dicen- y la fuerza de la enunciación- lo que las palabras hacen.El acto por el que se produce significado es el LOCUCIONARIO , acto de “decir algo”. Equivale a expresar cierta oración con un cierto sentido y referencia.La fuerza,en cambio, es el poder de hacer, y proviene del acto ilocucionario , acto que llevamos a cabo “al decir algo”(prometer, advertir, insultar, felicitar, bautizar, saludar, jurar, amenazar, etc.).Existe  un tercero, el perlocucionario , lo que producimos o logramos “porque decimos algo”; tales como convencer, persuadir, sorprender, confundir. Es decir, se producen efectos en el interlocutor (algunos de los cuales pueden no ser intencionales). Estas tres nociones constituyen el vocabulario elemental de la pragmática.
Cuando decimos algo también decimos lo que no nos propusimos decir. Se pueden distinguir tres dimensiones de la comunicación lingüística: lo que decimos, que tiene un significado que puede estudiarse desde la semántica; lo que queremos decir, tiene fuerza pragmática y desde ella se estudia; lo que decimos sin querer, pero que se cuela no lingüísticamente. Carece de intencionalidad, tema muy trabajado en este campo.Comunicarse es lograr que el interlocutor reconozca nuestra intención, que es mucho más que reconocer el significado de  nuestras palabras.

Para John Searle (1977), un discípulo de Austin, hablar un lenguaje consiste en realizar actos de habla, actos tales como hacer enunciados, dar órdenes, plantear preguntas, pedir, hacer promesas, y más abstractamente, actos tales como referir y predicar; y en segundo lugar que esos actos son posibles gracias a que se realizan de acuerdo con ciertas reglas para el uso de los elementos lingüísticos. [Plantea tres diferentes géneros de actos: 1) emitir palabras = realizar actos de emisión; 2) referir y predicar = realizar actos proposicionales; 3) enunciar, preguntar, mandar, prometer, etc. = realizar actos ilocucionarios]. Para él una teoría del lenguaje forma parte de una teoría de la acción, simplemente porque hablar un lenguaje es una forma de conducta gobernada por reglas.Desde otra vertiente, Ludwig, Wittgenstein,  ( 1889-1951, austríaco – Cambridge) plantea que no hay una única función del lenguaje, como no hay una única función en una caja de herramientas). Hay innumerables clases de expresiones y de modos de usar las palabras, incluso incluyendo las mismas. El habla de “juegos del lenguaje”, al enfatizar los usos por sobre las significaciones, no hay un lenguaje sino muchos y éstos son formas de vida. Se pregunta si cuando hablamos en verdad decimos algo, y si decimos algo en verdad, qué es eso que decimos, desde donde lo hacemos, a través de qué juego lingüístico, qué contexto, qué forma de vida. Las palabras, para este autor, son también acciones que implican “fines, deseos o vacíos concretos”. Con el concepto de “juego de lenguaje” Wittgenstein ha querido poner en relieve que el lenguaje es una práctica humana, la cual se encuentra inmersa en las demás prácticas que constituyen la complicada forma de vida humana. Así, Wittgenstein define “juego de lenguaje” como el “todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido”. (IF I, § 7)
L. Wittgenstein tal vez haya sido la gran figura del movimiento que se ha llamado “filosofía analítica”; es una de las corrientes de pensamiento filosófico que ha tenido gran influencia en el siglo XX. En ella prima la tendencia a usar métodos de análisis que cada autor plantea como propios. Surgió en Inglaterra, con G .Moore y B. Russell, entendiéndose su influencia a la filosofía en general, la física, la matemática y las ciencias sociales. Se llamó también”lógica moderna” o “logística”. En su desarrollo  ha engendrado diferentes corrientes, pero en general se puede señalar que casi todas ellas se caracterizan por una marcada tendencia anti-idealista, por el rechazo de la metafísica, de la especulación teórica. Otro rasgo fundamental es el énfasis puesto en el lenguaje, a problemas que surgen en y  por el lenguaje, a poder dilucidar las dificultades que se originan en el uso inapropiado de la lengua

ACTOS DE HABLA Y OPERADORES LINGUISTICOS

Los actos de habla son todas aquellas actuaciones que al hablar se ejercen sobre un oyente e influyen en su comportamiento, bajo determinadas circunstancias. En nuestro país fue a partir de los años 70, con Ana M. Barrenechea, que se comienza a estudiar en lingüística aplicada, algo hasta el momento ignorado: que existen palabras o giros en los que el hablante manifiesta su voluntad de presionar al receptor. Significaba instalarse desde la lengua como sistema, hacia el uso en el habla, y entrar en el carácter persuasivo del lenguaje. No es entonces un simple hecho de comunicación; se trata de comprender sutiles recursos en los que el hablante pone toda su fuerza para actuar sobre el receptor (y para que éste acepte sin vacilaciones ni discusión una información). A estos recursos se los llama operadores. Ellos son señales léxicas, sintácticas, semánticas, fónicas, gráficas, etc., que marcan la relación hablante-oyente. Esta relación se manifiesta en un acto de habla que contiene la fuerza del emisor y apunta a una respuesta en el receptor (efecto perlocucionario). Son auxiliares del mensaje lingüístico lo acompañan. (Rosetti, M. 1991).

OPERADORES GESTUALES

Cuando los gestos acompañan a la emisión lingüística estamos frente a operadores gestuales, en cambio cuando no hay comunicación verbal, pero sí gestos y/o posturas que la reemplazan, estamos frente a SUSTITUTOS DEL LENGUAJE, que pueden ser universales y otros típicos de cada individuo o familia. Los operadores gestuales pueden ser reactivos (palidez, rubor, temblor, piel erizada, etc.) o expresivos: pueden ilustrar, contradecir, ocultar, regular la comunicación verbal. En general enriquecen la comunicación, actuan eficazmente para expresar o destacar la fuerza ilocucionaria señalando el tipo de acto o matizándolo.
También el valor ilocucionario se aprecia en la presuposición lingüística (un presupuesto es un “plus” de algo que se afirma: “Juan sigue pidiendo”) en donde elegir enunciados con ciertos presupuestos introduce una determinada modificación en las relaciones entre los interlocutores.Vemos entonces que tanto la noción de persuasión, la de conatividad (acción del discurso sobre su receptor – Jakobson) y valor ilocutorio o ilocucionario estarían proponiendo lo que Ducrot (1972) sintetizó al decir: “La lengua es mucho más que un simple instrumento para comunicar informaciones: implica, inscripta en la sintaxis y en el léxico, todo un código de relaciones humanas”. Podríamos agregar: un verdadero estructurador de lo intra e intersubjetivo.

 

RETOMANDO EL PLANTEO

Con respecto al planteo específico de esta comunicación, se trata de pensar en las diferentes formas en que el discurso parental (y los procesos semióticos en su conjunto, puesto que toda práctica social es práctica semiótica) intervendrían, en el establecimiento de una potencialidad o predisposición a la patología somática de sus hijos, a través de ciertas particularidades específicas: distorsiones, alteraciones, contradicciones, carencias, abusos, que se producirían en el campo  semiótico. Como corolario de lo anterior, podríamos plantearnos también cómo determinadas semantizaciones patógenas podrían actuar como factor perturbante del equilibrio psicosomático de un niño, creándose de esta manera condiciones de vulnerabilidad a la enfermedad somática durante  la infancia y posteriormente en la adultez.La pertinencia de este enfoque, su investigación y aplicación  en la clínica, se sustentará fundamentalmente en considerar que, la aparición y sostenimiento (persistencia) de la enfermedad somática en la infancia y la posible instalación de una potencialidad a enfermarse, dependen, entre otros factores, pero desde un lugar de privilegio, de todas las “puestas de sentido” (semantización) que hagan los padres – y especialmente la madre* – con respecto a: a) el CUERPO del niño, b) el SUFRIMIENTO y el PLACER de ese cuerpo, c) a las ENFERMEDADES orgánicas que se manifiesten, ya que a ella (ellos) le provoca efectos y emite un discurso de la enfermedad actual y de las pasadas, y ello produce en el niño marcas determinantes de acuerdo a la calidad de ese discurso, d) el tipo de EROTIZACION (en calidad y cantidad) que constituirá el basamento del anclaje somático del amor que dirige al cuerpo singular de un hijo  A partir de estos planteos, sería necesario entonces detenernos en esos procesos de semantización, relacionarlos con aquellas conceptualizaciones psicoanalíticas que se presten más para entender su circulación e incidencia; las posibles conformaciones patógenas que podrían asumir, así también como el alcance que se le adjudique a los conceptos de potencialidad, predisposición y vulnerabilidad.(Debido al límite de espacio se tratará de enunciar sintéticamente los lineamientos principales, pudiendo ser cada uno de esos puntos motivo de desarrollos ulteriores).

ALGUNAS CONCEPTUALIZACIONES PSICOANALTICAS QUE PUEDEN SER RELACIONADAS CON LA ORGANIZACION PICOSOMATICA EN GENERAL Y CON LA ENFERMEDAD SOMATICA EN PARTICULAR

La enfermedad somática siempre ocupó algún lugar en las reflexiones psicoanalíticas, y a partir de la segunda mitad de este siglo, fueron muchos los autores posfreudianos que brindaron aportes importantes sobre el tema. Se podría decir que el enfoque psicosomático dentro del psicoanálisis está representado hoy, por un conjunto voluminoso de trabajos teórico-clínicos. Hasta no sería exagerado afirmar que la mayoría de los autores prolíficos han encarado el tema, en forma más o menos profundizada. Tema, que por otro lado, ha sido (y es) muy controvertido y ha generado posiciones antagónicas. De los tres sufrimientos humanos señalados por Freud en “El Malestar en la Cultura”, sólo el referido al cuerpo le generaba dudas con respecto a los beneficios que podía aportar el psicoanálisis. Pero a pesar de todo ya señalaba en 1912, en “El Simposio sobre la Masturbación”, refiriéndose a las particulares características de los síntomas orgánicos de las  neurosis actuales y a la imposibilidad de interpretarlos como los síntomas psiconeuróticos, un papel para el psicoanálisis: …”concedo hoy – lo que antes no podía creer – que un tratamiento analítico llegue a tener también indirectamente influencia terapéutica sobre los síntomas actuales, ya sea porque conduzca a una mejor tolerancia de su nocividad actual, o porque coloque al individuo enfermo en la situación de sustraerlo a esta nocividad actual, modificando su régimen sexual. He aquí evidentemente prometedoras perspectivas para nuestros afanes terapéuticos”.
Precisamente, esta práctica clínica  que aquí se considera, se internaría en esas perspectivas ya apuntadas por Freud.Hoy el psicoanálisis interviene, y de manera cada vez más creciente, en los intentos de cura de pacientes con enfermedades graves, crónicas, agudas, terminales; y no solamente en la privacidad de los consultorios sino en gran número de instituciones hospitalarias, en equipos de salud y en grupos de investigación. Se podría afirmar (como lo hace Sami-Alí), que pensar lo somático en psicoanálisis es, al mismo tiempo, pensar los límites del psicoanálisis. En este sentido, la clínica del paciente con enfermedad orgánica, compartiría un espacio junto a lo que en los últimos años se lo denominó como clínica de “fronteras, de “bordes” que incluye patologías narcisistas no psicóticas, patologías de la carencia, del vacío, de lo negativo, del no deseo, (p. Aulagnier las llama “estructuras polimorfas”) con fallas en los procesos de ligadura del preconciente, prevalencia de la escisión, pobreza representacional. Pacientes cuya problemática no se basa en el conflicto entre instancias, sino en un déficit, un hueco donde se ha interrumpido la noción de existencia. Que exigirían, como los que padecen enfermedades orgánicas, ajustes e innovaciones en las estrategias, los abordajes, los encuadres, para intentar su tratamiento. Así como el enfoque psicosomático en medicina trataría fundamentalmente de luchar contra la negación de lo psíquico, en psicoanálisis alimentaría la esperanza de continuar sistematizando una clínica posible, efectiva, válida de las múltiples formas de somatización. No cabe duda que el esfuerzo por lograrlo está plenamente justificado ya que los aportes y la participación que el psicoanálisis viene realizando en el campo psicosomático lo avala. Son muchos los conceptos psicoanalíticos que podrían considerarse de extrema utilidad para comprender la compleja construcción de una adecuada integración psicosomática, y donde se pondría de manifiesto el papel decisivo que juega la función semiótica familiar mencionada anteriormente. A continuación se enumerarán sólo algunos que revisten especial interés para esta comunicación:
1)  Identificación. Ideal del yo. (S. Freud).
2)  Función alfa. Función beta. Función de “reverie” materna (Bion)
3)  Fantasmatización obligada, violencia primaria y secundaria. Enunciados identificatorios. Sombra hablada. La madre como portavoz. Efecto de interpenetración (Piera Aulagnier).
4) Preocupación materna primaria. Provisión ambiental. (D. Winnicott).
5) Seducción originaria. Significantes enigmáticos. (J. Laplanche).
6) Proyección subjetivante de la madre (A. Green).
7) Reglas de enunciación identificatoria. Matrices inconcientes. (H. Bleichmar).
8) Self ambiental sobreadaptado – self corporal sojuzgado.     (D. Liberman).9)  Imagen inconciente del cuerpo (F. Dolto).
10)Fantasmas de identificación (a la manera de visitantes del yo). (Alain de Mijolla).
11)Identificaciones alienantes.

Dos conceptos que obran a su vez como articuladores de lo mencionado con anterioridad, son fundamentales: “identificación” e “ideal del yo, (ambos analizados por Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo”).  La identificación, [proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste], tiene un lugar destacado en la teorización freudiana por ser una operación constitutiva del sujeto.  La fase del espejo, planteada por Lacan, aparece luego como un paradigma de la constitución del yo, y que privilegia al otro humano significativo y las representaciones que aporta en ese proceso constitutivo. Imagen y también palabra: la imagen es significada y resignificada por la palabra. En lo que P. Aulagnier conceptualiza como “enunciado identificatorio” se define la identidad: son juicios emitidos por un otro significativo de quien se depende afectivamente. Enunciados que no sólo determinarán  conductas, sino que podrán plasmar a lo largo de la infancia importantes estructuraciones psicopatológicas. H. Bleichmar (1981) agrega a estos enunciados que constituyen verdaderos juicios de identidad atribuida, las reglas de la enunciación identificatoria: son normas para construir aquellas afirmaciones; cómo se construyen las creencias sobre la identidad, a través de cuales operaciones. Pueden ser formuladas directamente sobre el hijo o por implicación a terceros (paranoicas, hipocondríacas, fóbicas, melancólicas o somáticas: fragilidad corporal, posibilidad de enfermarse, peligro mortal inminente). Ejemplos de esas reglas podrían ser la transposición categorial (colocar una “etiqueta” a una persona y luego seguir utilizándola pero para otro contexto); o el discurso totalizante (juicio global a partir de un elemento parcial).
Para P. Aulagnier (1986) la totalidad del discurso tiene una función identificante. El yo es efecto de la apropiación de los enunciados identificatorios que sobre él formularon los objetos investidos, de ahí el papel activo del infans: no es un títere del discurso materno, elige y rechaza. Él le propone el cuerpo a su madre para que ésta lo invista. Su cuerpo es hablado por los enunciados maternos. La madre es enunciante y el mediador privilegiado del discurso ambiental; lo conmina, le prohibe, le indica los límites de lo posible y de lo lícito: es pues la semantizadora principal. Es, en síntesis, el portavoz, concepto que define para P. Aulagnier la función reservada al discurso de la madre en la estructuración de la psique: comenta, predice, acuna las manifestaciones del infans, y representa como delegada un orden exterior al cual ella también está sometida. El otro concepto que agrega en la misma línea de pensamiento, es el de sombra hablada llevada sobre el cuerpo del infans por su propio discurso, que sería algo así como  el anhelo maternal concerniente al niño, la proyección de la idealización sobre él. Existe, a su vez, la posibilidad de contradicción por parte del infans, quién al no disponer todavía del uso del lenguaje, lo manifestará por su cuerpo, apareciendo bajo el signo de una falta o carencia: falta de sueño, falta de crecimiento, de movimiento, de fonación, de ganas para alimentarse, etc.   El yo y el super-yo mismo se modelan según líneas de estructuración que proceden de la incorporación de rasgos del otro, de sus enunciados. Ese proceso de identificación que de por sí es estructurante, pivotea sobre los rasgos (imagen) y representaciones (conjunto semiótico) que el otro significativo le aporta al sujeto y que se despliega a través del discurso. Cuando decimos que el yo se constituye y se mantiene básicamente por la identificación con la imagen del otro, ese “del” habría que entenderlo, por supuesto, en su doble acepción: a) como se presenta el otro para el sujeto (el yo representación del otro; b) como la imagen (que también es semántica) que el otro tiene de ese sujeto. Lo ve de determinada manera y el sujeto se identifica con esa imagen (la acepta por amor, es una versión altamente valorizada porque es la de sus padres). Esto nos lleva a entender la identidad como emergiendo de un contexto vincular, cargada y determinada por una ideología. La presencia de los otros significativos no sólo es fundante sino esencial en el mantenimiento del yo-representación. Esta instancia estará integrada fundamentalmente por elementos valorativos; rasgos que pueden ser ubicables en una escala de preferencia desde una máxima valoración (yo-ideal), hasta la máxima imperfección (negativo del yo-ideal); de ahí su conexión con el narcisismo. En la identificación sostenida con predominio del yo ideal funcionaría prevalentemente una lógica binaria: un rasgo único prevalente asume la valoración total (positivo o negativo) de la persona; todo o nada, que se desprende además, de un discurso totalizante de los padres. Sustentaría, luego, una identidad megalómana, irreal, que podría poner en riesgo al cuerpo, por el agotamiento al que lo expondría, o por ideas delirantes de omnipotencia: “a mí no me va a pasar nada”, “yo soy sano e inmortal” (o todo el extremo contrario).
Entonces el sistema de significaciones que se le proporciona a un infans, niño o adolescente es sumamente importante para que pueda sentir y procesar sus vivencias. Los padres le codifican su universo (y cuanto más pequeño más difícil que “metabolice” apartado de la línea parental) en términos de sus propias creencias y tipos de lógicas. Entonces sentirse malo, culpable, enfermo, débil, enfermable puede no provenir de experiencias en que participó activamente un niño, traumas o vicisitudes de su carga pulsional sino por modelos y procesos identificatorios: a) identificación con la imagen que otro le da de sí, en la que aparece como lo nombrado anteriormente; b) identificación con un otro que se siente de esa manera. El concepto es prestado, podríamos hablar de inducción inconciente; se trata de efectos que no son buscados por el individuo (no es el resultado de la defensa y de la vigencia del principio del placer) sino que por el contrario el individuo cae en ellos. El hombre se inscribe en un orden cultural, mundo de lenguaje, en el cual se le ofrecen pensamientos ya formados que funcionarían como entidades a priori. Entonces estos juicios de atribución, es decir, aquellos en que se predica un atributo, cualidad, esencia de un sujeto, pueden construirse por la aceptación de una identificación por inducción inconciente. Se le da al niño una identificación del “sí mismo” y una estructura de razonamiento consiguiente. El niño toma entonces del adulto los conceptos que le permiten la construcción de la representación de sí mismo y principalmente las estructuras de pensamiento, un modo de razonar, de influir lógicamente, de organizar los datos. Serían como un modelo para construir otros deseos y   representaciones; reglas de construcción, es decir, no sólo contenidos específicos sino formas de construir deseos y representaciones de sí mismo. Y una vez creada una identidad se comporta como una estructura productiva, una matriz generativa (H. Bleichmar, 1985). Acá se podría apreciar la idea de predisposición que se plantea en el presente trabajo.  En esta misma línea Maud Mannoni (1967) llega a plantear que “las palabras del adulto dejan una mayor impronta en el niño que el acontecimiento mismo”. Se remarcaría, de esta forma, el modo en que fueron codificados y significados (puestas de sentido) los acontecimientos para ese sujeto. El cuerpo se inserta e inscribe en un mundo simbólico que lo precede y lo significa; que necesita siempre de un otro que le otorgue cualidades diferenciales. El cuerpo es una realidad que se construye. Es diferente el organismo, lo viviente, y lo que en psicoanálisis llamamos cuerpo. Para hacer un cuerpo se necesita un organismo vivo más una imagen, aprehendida en lo especular. Los padres atribuyen también un sentido a la enfermedad orgánica, al cuerpo enfermo-dañado. Este sentido incluye el conjunto de contenidos semánticos expresados en creencias (elementos cognitivos dotados de certidumbre) que determinarán las actitudes, es decir, las disposiciones a actuar frente a la enfermedad. Cada familia puede elaborar una verdadera mitología en torno a la enfermedad y que puede llegar a ser incuestionable, dejando un hijo por ejemplo predispuesto a no poder buscar otras salidas, información, recursos, etc.  Podría haber un aprendizaje a partir del reconocimiento de las sensaciones corporales o dejar librado esto al otro, en general a la madre si es un niño, quien le codifica a partir de su propia necesidad, creencia, etc., creando una relación dominación-sometimiento y una falta de apropiación de lo corporal. Bion es otro autor en el que podríamos apreciar la importancia de la función semiótica ejercida por la madre a través de lo que él llama “capacidad de ensoñación”, capacidad de reverie, función alfa. Supone que las experiencias más primitivas en términos de fenómenos protomentales constituidos por impresiones sensoriales o experiencias emocionales, a través de la función alfa se transforman en elementos capaces de poseer significado, pueden ser utilizados para la formación de pensamientos oníricos, en el pensar inconciente de vigilia, sueños y recuerdos. La perturbación de la función alfa impide la transformación y las impresiones sensoriales no se modifican derivando en elementos beta, los cuales son vividos como “cosas en sí mismas”, en las que lo psíquico y lo orgánico es indistinguible y que sirven sólo para identificaciones proyectivas. El “acting out”, el pensamiento concreto y la incapacidad de simbolizar y hacer abstracciones derivan de los elementos beta.

ACERCA DEL CONCEPTO DE POTENCIALIDAD

Comparémoslo con el de predisposición (o disposición). A ésta se la define como el estado del organismo, congénito o adquirido, apto para contraer una enfermedad determinada. Habría causas constitucionales, las que podríamos llamar la naturaleza de la disposición, y accidentales, sucesos patógenos vividos por el individuo. Freud (1913) ubica lo disposicional dentro de las series complementarias. En “La predisposición a la neurosis obsesiva” dice que son inhibiciones de la evolución. Estaría, por otro lado, estrechamente ligado a los conceptos de fijación y regresión. Lo potencial es lo que existe dispuesto para la acción, pero no en actividad. Es una fuerza o poder disponible. Lo que puede suceder o existir; que tiene o encierra potencia, pudiendo definirse ésta como la capacidad para ejecutar una cosa o producir un efecto. P. Aulagnier lo usa en este sentido, lo que teniendo valor potencial para pasar o no al estado manifiesto. Habla de potencialidad psicótica, neurótica y polimorfa, e incluye en esta última lo perverso, las respuestas somáticas, la toxicomanía, la relación pasional o alienante. Según ella puede constituirse y fijarse en momentos más o menos precoces del recorrido identificatorio; en general antes que la infancia llegue a su fin. Una potencialidad se sostiene  con un compromiso identificatorio y se refuerza por un mandato que es enunciado ante todo por la voz materna (que en el caso de la potencialidad psicótica sería: “que nada cambie”). Hablar de potencialidad es postular que la psique mantiene la capacidad de firmar “un pacto de no agresión recíproca” entre su compromiso y el compromiso identificatorio a que se conforma el yo de los otros. En lo neurótico no habría problemas (es casi un universal); para las otras dos no es lo mismo: futuros partenaires podrían plantear rehusamientos y esto generar el paso a lo manifiesto, o esto mismo deberse  al poder “develante” de ciertos encuentros. Es importante señalar (como lo hace Spohie Mijolla-Mellor) que no es una posibilidad latente que sería común a todo sujeto, sino más bien una organización de la psique que puede  no dar lugar a síntomas manifiestos, pero que estaría mostrando la presencia de elementos constitutivos, en el caso de la potencialidad psicótica, un pensamiento delirante primario enquistado, y no reprimido. En el caso de una potencialidad polisomatizante, o de un cuerpo vulnerable a enfermarse, algunas de las conformaciones que aquí se tratan de circunscribir.

EL TRABAJO DE TRASMISION PSIQUICA Y LA SEMIOSIS PSICOPATOLOGICA

Como lo entiende Kaes, el trabajo psíquico de la transmisión es el proceso y el resultado de ligazones psíquicas entre aparatos psíquicos, como así también las transformaciones operadas por estas ligazones. Transmisión que requiere la diferenciación entre lo que es transmitido y lo que es recibido y transformado en el proceso de historización del sujeto o dicho de otra manera en el proceso de apropiación de la herencia. Otra distinción: lo que se trasmite “entre” sujetos no es del mismo orden que lo que se tramite “a través” de ellos. La transmisión transpsíquica supone la abolición de los límites y espacios subjetivos (mientras que  la transmisión intersubjetiva supone la existencia de un espacio de transcripción transformadora de la transmisión). “Lo que has heredado de tus padres, para poseerlo, gánalo”, decía Freud citando a Goethe.Proceso de apropiación que implicará alimentar la doble necesidad en que se encuentra el sujeto de la herencia: ser para sí mismo su propio fin, es decir uno en su singularidad y por otro lado ser eslabón de una cadena a la que esta sujeto sin la participación de su voluntad, es decir ser sujeto del conjunto. Entonces: doble exigencia de trabajo psíquico impuesto al aparatoa) por la sujeción a los conjuntos (familia, grupo, institución, masa). b) por la sujeción al cuerpo (experiencias corporales). El mundo es cuerpo y grupo; por lo tanto doble apuntalamiento en la construcción de la psique: la experiencia corporal y la experiencia intersubjetiva. (Kaes, 1993).
El sujeto del grupo hereda de diversas formas:- por apuntalamiento- por identificación- por contagio- por incorporación- por interfantasmatización; pero también:- por intrusión (violencia secundaria? ¿deseo de alienar? P. Aulagnier)- por identificaciones alienantes o patógenas- por significados que se convierten en irracionales (Berenstein, 1981). Este autor aclara que tanto   la racionalidad como la irracionalidad son transmisibles como significados que circulan como         mensajes entre las generaciones. Los sentidos se organizan y transmiten como significados de las   percepciones. Un significado se torna irracional cuando, dado un contexto determinado, el             significado no se adapta o no es contenido por la percepción, y también cuando su permanencia     es mantenida a través de distintos contextos.- por telescopage (encaje, incrustación, choque de frente). Una situación, una experiencia, un           acontecimiento que confronta, de manera imprevista al yo, con una representación que se impone   a él, con todos los atributos de la certeza, cuando hasta ese momento ignoraba que hubiese            podido ocupar un tal lugar en sus propios escenarios. (P. Aulagnier, 1985)- por “delirios en herencia” (Micheline Enríquez, 1993): padres que implican a sus hijos en su  delirio haciendo de ellos el testigo, el aliado, el cómplice, incluso el destinatario de su actividad delirante; es decir influencia psíquica del discurso delirante de los padres sobre los hijos.- por interferencias transubjetivas (Kaes, 1993); es decir: por transmisiones directas del afecto, del   objeto bizarro, del significante en bruto, sin un adecuado espacio de transcripción y de  transformación,  hecho que se puede verificar en las formaciones de criptas y fantasmas. Estamos   frente a los procesos de no transformación en la herencia de lo transmitido. No todo lo heredado puede ser apropiado: siempre hay partes que siguen siendo ajenas, extrañas, presencia oscura y desconocida de un otro o más de un otro en él.P. Aulagnier (1979), en “Los destinos del placer”, al tratar el conflicto identificante-identificado, dice que el psicótico clama: “Yo no soy ese yo que Ud. ve, no soy ese yo que Ud. puede encerrar, excluir, internar, soy un identificante al cual le han impuesto un identificado que no es su obra”. Y con respecto a la alienación: “La alienación del otro es la realización de un deseo de matar al pensamiento que está presente en los dos sujetos” Pero parecería aceptarse que las transmisiones se actualizan en las formaciones del ideal, en las referencias identificatorias, en los enunciados míticos e ideológicos, los mecanismos de defensa, parte de la función represora, los ritos. Dichas formaciones bifásicas satisfacen intereses del sujeto singular que persigue su propio fin y los de la cadena transubjetiva de la que es eslabón (exigencias del vínculo). [Kaes cita entre otras a las alianzas inconcientes, a las identificaciones, a los pactos y acuerdos, al contrato narcisista, al ideal del Yo, al pacto denegativo, a la producción de síntomas compartidos que tiene como función atar a cada sujeto a su síntoma en relación con la función que cumple en el vínculo y para éste; se ve así el síntoma reforzado En todos estos ejemplos se ponen en juego economías, tópicas y dinámicas cruzadas].
Hay que destacar por todo lo señalado más arriba, y ubicándonos en la temática que nos ocupa, el poder del otro significativo para aportar al sujeto enunciados sobre su cuerpo. Como lo demuestra Merot, la instalación de una hipocondría, por ej., puede ser el resultado no de un proceso defensivo de un sujeto, sino de algo que se dirime en el inconciente de sus padres de lo cual el hijo sufre los efectos: deseando ser el objeto del deseo del otro queda atrapado en aquello que ese otro le ofrece. Señala H. Bleichmar (1985): el síntoma es el sujeto y no aquello de lo cual se defendería, y lo que existe detrás de él no es otra idea en particular sino una red de creencias, efecto de la incorporación del código congelado del otro cuando éste ha quedado en el lugar del modelo (queriendo ser como el otro, cree lo que el otro significativo cree y propone, es decir le viene dentro del paquete identificatorio, siendo prisionero de un código que escapa a su intencionalidad conciente o inconciente, más allá del principio del placer). Y Piera Aulagnier (1986) dice; “El niño ha retomado por su propia cuenta, sin la menor crítica, ciertos enunciados sobre las condiciones para la vida de su cuerpo”. Enunciados, agreguemos, que en ciertas circunstancias pueden ser aberrantes para ese niño.
Veamos a continuación, en forma sintética, algunas posibles consecuencias en donde las funciones semióticas parentales patógenas (semiosis psicopatológica) podrían cumplir un papel preponderante en la instalación de la potencialidad somática, (donde la transmisión generacional deja marcas):
* en la construcción incompleta o funcionamiento atípico del aparato psíquico (fallas especialmente en el preconciente)
* en el no establecimiento de un equilibrio o integración psicosomática (escisión psique-soma)
* en las carencias o fallas en la simbolización y en el posible establecimiento de un “pensamiento operatorio” con acentuación a la descarga en la acción (lo fáctico y lo actual) y en las funciones somáticas* en la producción de patología narcisista, es decir, fallas en los procesos de narcisización
* En la instalación de fijaciones somáticas (P. M. Marty, 1990).
* en la conformación de una imagen inconciente del cuerpo (Dolto, 1984) alterada, deficitaria y/o fallida;
* en las perturbaciones identificatorias y sentimiento de identidad en donde el sujeto se aprecia como enfermo, enfermable, débil, en estado grave, etc.
* En la creación perturbada de la red de creencias y suposiciones, ideología familiar y mitos. Creación de un universo conceptual con códigos específicos donde el cuerpo queda asignado como destruible, deteriorable o frágil y por lo tanto susceptible de fantasías entre otras, hipocondríacas; o por el contrario como indestructible.

Muchas de las teorizaciones en el campo de la psicosomática, producidas por la Escuela Psicosomática de París, se basan en las consecuencias que le acarrearía a un sujeto una deficitaria estructuración del preconciente (fallas, debilidad constitutiva, bloqueo). Al respecto, P. Marty (1990) plantea que cuanto más rico sea el preconciente de un sujeto en representaciones relacionadas entre sí de una manera permanente, más la patología eventual tiene probabilidades de situarse en el plano mental. Mientras que cuanto menos riqueza de representaciones de relaciones y permanencia de las mismas (cantidad, calidad, fluidez), mas correrá el riesgo la patología eventual de situarse en el plano somático. En este sentido califica al preconciente como punto central de la economía psicosomática. Esta reflexión adquiere la fuerza de una hipótesis y es la que permitió abrir un campo de investigación en donde cobraron destacada significación conceptos tales como “pensamiento operatorio”, “depresión esencial”, “neurosis de comportamiento”, “desorganización progresiva”, entre otros. Desde otra perspectiva, Kaes (1995) define al preconciente como lugar de las formaciones intermediarias en el psiquismo caracterizándolo como un aparato de ligadura de la pulsión, del sentido y del vínculo. “La formación y la actividad del preconciente son profundamente tributarias del interjuego entre el sujeto y el otro; dependen por una parte del inconciente del otro, de su capacidad de reverie, de continencia y de transformación”. El preconciente materno (modulado por el preconciente paterno) es parte constituyente también del aparato para significar/interpretar del infans: un aparato que servirá para descifrar y para transmitir las capas sucesivas de discurso y de sentido. Coincide con Guillaumin, quien considera al preconciente como el lugar del otro en el yo. Preconciente, actividad parlante e intersubjetividad se hallan unidos en forma muy especial.  Por eso, las fallas, insuficiencias funcionales, déficit, ausencias en el Preconciente acarrearán graves consecuencias para el sostenimiento de una adecuada organización psicosomática.

PROCESOS DE NARCISIZACION PATOLOGICOS Y SU INCIDENCIA EN LA VULNERABILIDAD SOMATICA

Entender el narcisismo desde el campo de la significación (entre otros posibles enfoques), permite apreciar todo el peso estructurante que el discurso parental encierra. Porque es en el amor del individuo a la representación de sí mismo donde se pone de manifiesto la importancia de la valorización que le viene del otro significativo. Sintetizando esos procesos, se podrían enumerar:a) normal, con identificaciones a la valoración positiva que parte del otro;b) por carencia, vacío del proceso que produce una falta básica;c) por descalificación primaria, con identificaciones que producen rechazo. Herida narcisista;d) déficit primario: falta código que narcisice una función donde es diferente a una inhibición              defensiva que realiza el niño. Aspectos parciales del sujeto son desatendidos, no existen                  semantizaciones que la destaquen sino una indiferencia. Provoca una zona insensiblee) narcisización excesiva: exhibicionismo primario productor de una suerte de adicción                       (hipernarcisización – lenguaje del yo ideal)f) desnarcisización o déficit secundario: después que la función ha sido narcisizada se produce una     falla y aparece un sufrimiento narcisista representado por ansiedad y producida por algún tipo de     descalificación.
Considerar el narcisismo desde una perspectiva psicoanalítica vincular, es aún, una teorización que no cuenta por el momento con demasiados desarrollos. Para algunos autores como I. Berenstein, el narcisismo correspondería a la intersección de los tres espacios (intra-inter-trans). En el espacio intrasubjetivo se manifiesta por la relación del yo con los objetos ideales; en el espacio intersubjetivo la intersección está dada por la relación con los otros sujetos que están dotados de la cualidad de otorgar todo tipo de requerimiento, amparo, total reconocimiento y dador de sentido. En el espacio transubjetivo, el espacio social, puede anular la opacidad de los sujetos influyendo en las propias producciones. Desde los tres espacios pueden partir situaciones que produzcan heridas narcisistas (o colapsos narcisistas, que son aún más graves). En general hay bastante acuerdo entre muchos autores en aceptar que en el proceso de narcisización, en el cual el narcisismo se constituye (se instaura) y se despliega, el/los vínculo/s juegan un papel preponderante: se da en la interacción de sujetos deseantes y sujetos deseados, es decir en un campo esencialmente intersubjetivo. Es que a lo largo de la vida se aspira siempre a ser un objeto deseado y sujeto deseable para otro.
Desde “Introducción al narcisismo” el planteo freudiano es básicamente dinámico-económico, en cambio desde un punto de vista topográfico se puede relacionar al narcisismo con identificación, donde entra a jugar en forma preponderante la intersubjetividad. Pensado así el campo narcisista, un sujeto que lo manifieste por exceso no puede prescindir de otro, en la medida que necesita que alguien sea frustrado para mantener su equilibrio narcisista.De todas maneras el concepto es muy amplio: puede abarcar tanto las neurosis narcisistas, desde una perspectiva clínica, como el de libido narcisista, como concepto metapsicológico, predominando de esta forma el aspecto intrasubjetivo. En esta línea se enrolan autores como M. Bernard quien sostiene que el concepto de narcisismo remite necesariamente a lo intrasubjetivo y por extensión agrega que el psicoanálisis lo es también del individuo aunque se realice en cualquier tipo de dispositivo. Esto se contrapone con la idea de que se puede analizar un vínculo (configuración vincular), y para eso necesitar de los sujetos participantes de esa vinculación, por ejemplo los miembros de una pareja o los integrantes de una familia. En esta corriente se podría pensar el narcisismo como producto, a veces, del conjunto, como cuando se habla de “baluarte narcisista” en una estructura familiar, o como sucede en los grupos de pertenencia o primarios que generan y perfeccionan la identidad y el equilibrio narcisista  de sus miembros. Siguiendo esta línea se puede pensar entonces las vicisitudes del narcisismo en las diferentes configuraciones vinculares. Un grupo puede obrar como reestructurador colectivo del narcisismo de alguno de sus miembros o de todos, crear una identidad de pertenencia y como consecuencia una dependencia necesaria. En síntesis de lo que se trata es aceptar o no, que el narcisismo se desplegaría en un campo o sistema y que se activa o desactiva en función de la presencia y acción del otro ( por ej : admirado/admirador, denigrado/denigrador, valioso/inferior) . Implicaría el no reconocimiento de la autonomía del otro, manipulación y violencia sobre otras personas, ejercicio arbitrario del poder, pero que esa vinculación que se establece necesita para desenvolverse siempre a por lo menos dos participantes y la referencia a un tercero. Es poner el énfasis en el sistema intersubjetivo y no en el sujeto que representa una determinada conducta calificada como narcisista, ya que es ahí donde se dan las “ variantes específicas de la combinatoria de las posiciones en que los sujetos tienden a ubicarse a sí  y a los demás…” ( Hugo Bleichmar).
Pensado desde una perspectiva vincular del psicoanálisis, donde el efecto de encuentro pondría en funcionamiento un circuito narcisista, propongo la idea de un “campo narcisista • que no se agota  ni es la sumatoria de los narcisismos de cada individuo, sino  un  emergente de esa red o estructura que cada configuración vincular establece. En ese campo se dirime la necesidad que todo individuo posee de obtener el reconocimiento valorativo de otro significativo (o de otros). Necesidad que se manifiesta a lo largo de toda la vida pero que puede variar según la intensidad y las formas para satisfacerla, lo que pondría de manifiesto los recursos “más sanos” o “patológicos”. Ese reconocimiento no es fijo: varía según su intensidad, su significado y también por los personajes significativos de quienes se lo espera y a veces se lo reclama. Esto es bastante frecuente observarlo tanto en los grupos de pertenencia como en los de referencia. Se manifiesta bajo la forma de ser deseado (como sujeto sexual), ser valorado, respetado, considerado, reconocido, aceptado, etc. En forma contraria, se teme por ser rechazado, despreciado, aislado, marginado quedando el sujeto a merced de la soledad y el desamparo. Esa  necesidad de reconocimiento se corresponde siempre con la respuesta de otro u otros, lo que hace siempre  oscilar a cada sujeto entre un polo maníaco (megalomanía, omnipotencia, maravillosidadyo ideal) a un polo melancólico (sentimiento de ser despreciable, inservible,etc) (Marcelo Teicher)
Es importante destacar que también para Lacan el narcisismo no es solamente la libido que se inviste sobre el propio cuerpo, sino que es una relación imaginaria en las relaciones entre humanos porque “uno se ama en el otro”, conformándose allí la identificación erótica. Para Lacan la identidad del sujeto se conforma “en función de la mirada de reconocimiento del Otro” ( Estadio del espejo  formador de la función del yo narcisismo primario, o sea investimento pulsional, deseante, amoroso sobre sí mismo o más bien sobre esa imagen de sí mismo con la que se ha identificado).Afirma: “Yo es un otro”. Para Lacan entonces, diciéndolo muy apretadamente, la relación narcisista entre sujetos constituye la dimensión imaginaria de las relaciones humanas (J.Lacan Seminario III, pag. 92).
El narcisismo de cada individuo va a depender de cómo se erogenizó el cuerpo y de las fantasías que de allí surgieron, de la valoración positiva que los otros significativos le otorgaron y de la identificación con esa valoración y el placer que eso representa para el sujeto : es inherente por lo tanto a toda situación vincular. Cada individuo llega a la conformación, por ejemplo, de la pareja sexual adulta con su historia libidinal a cuestas, sus primeros procesos de narcisización alcanzados en el seno de su familia de origen..  Para poder amar hay que reconocer la falta, que el otro me vaya a dar algo que me pueda completar o que me ayude a sostener esa ilusión: es aceptar esa posible promesa de completud. El sujeto por extremo narcisista tendría esa idea de “todo”, que nada le falta, por lo tanto no buscaría  entonces en el otro “eso” que podría agregársele como algo prometedor.

Hugo Bleichmar define “narcisización” como “el proceso intersubjetivo que comprende por parte del otro significativo una valoración positiva del sujeto, con la concomitante expresión de placer por parte del sujeto, una identificación con esa valoración y ese placer.La catexia narcisista se define así como el complejo ideativo afectivo que queda formando parte en el inconciente de la representación global del sujeto o de un aspecto de él, complejo constituido por las variantes fenoménicas bajo las cuales alguien es alabado, valorizado por el otro; cada vez que se active en el psiquismo la representación del sujeto, simultáneamente lo harán las huellas mnémicas del encuentro con la aprobación del otro.La narcisización no debe entenderse como unidireccional del otro significativo al sujeto; su realidad es equivalente a la de las múltiples reflexiones entre espejos paralelos. En estos espejos el azogue de plata que permite la reflexión está dado por los deseos de cada uno intenvinientes en la interacción, y la narcisización es un encuentro de deseos”En vez de narcisización puede ocurrir la descalificación primaria con todas las implicancias de lo anterior, es decir que la mirada implica rechazo y crítica del otro, y la desatención originará algo equivalente a una zona insensible; algo que no se constituyó en el sujeto, que no está ni exaltado ni reprimido.
Así entendido, el campo narcisista es un ámbito en el que prevalecen las preferencias y los rechazos, y el orden de la significación, lo que puede ser admirado por un otro u otorgarle reconocimiento. Se maneja preferentemente un tipo de discurso: el del yo-ideal. Es un discurso totalizante que incluye juicios globales sobre el ser en el plano imaginario. En cambio el discurso del ideal del yo se mueve en el plano simbólico porque toma su lugar en el conjunto de las exigencias de la ley. Resulta algo externo a la persona, es una exigencia, una condición que tendrá que satisfacer. Se refiere siempre a un aspecto parcial, a una unidad de medida. La vigencia del ideal del yo dependerá de que se haya podido pasar del discurso totalizante al discriminante.En las patologías narcisistas se produciría una desmentida de la diferencia entre yo-ideal y el yo real, pudiéndose configurar un self grandioso (Kohut). Dicho mecanismo instalaría una escisión yoica que permitiría la coexistencia entre un sector del yo que reconoce la diferencia y otro que  funciona como un estado ilusorio de completud y perfección. (Esto es otro elemento predisposicional de la enfermedad somática al no percibirse sensaciones provenientes del cuerpo: cansancio, desgaste, etc.).

FORMAS CONCRETAS EN QUE DETERMINADAS SEMANTIZACIONES PARENTALES PATOLOGICAS PUEDEN APRECIARSE EN LA CLINICA

A continuación se mencionarán, a manera de ejemplos, algunas posibles estructuraciones que se conformarían, a partir de una función semiótica parental distorsionante y que pivotearían alrededor del cuerpo y sus trastornos:
a) que el cuerpo del hijo, con los posibles avatares del enfermar, asuma el centro de las preocupaciones de los padres.
b) que a partir de enunciados emitidos por los padres acerca de la debilidad del cuerpo del hijo, éste conforme una representación del mismo en concordancia;
c) cuando se localiza el peligro en el cuerpo, o se viven como muy peligrosos determinados cambios corporales, o se les asigna valor de enfermedad a sensaciones displacenteras (dolor de estómago en lugar de proceso digestivo, afecto penoso por cansancio o sueño, etc.);
d) En la construcción de una red semántica familiar donde un hijo (o varios) esté ubicado en un lugar de indefenso, impotente, no reconocedor de sus propias sensaciones corporales (intero y exteroceptivas), y sean los padres (o principalmente la madre) los que saben, pueden solucionar dificultades, conocer sus alteraciones, nombrar sus sensaciones (cuando frío, cuando calor, cuando sueño, cuando dolor), es decir, convirtiéndose en protectores omnipotentes;e) Cuando el código parental dota a la enfermedad del valor de despertar terror o si la enfermedad del sujeto o de un otro actuó como trauma que dejó la huella mnémica del miedo a la muerte, al sufrimiento corporal o a su terrible deterioro;
f) Cuando la codificación y decodificación del sufrimiento y el placer se encuentran distorcionados (o intercambiados);
g) Cuando el cuerpo se convierte como mediador privilegiado y la clave de relaciones vinculares, o cuando no se lo siente como propio. Se manifestaría una desapropiación del cuerpo, se lo sentiría como ajeno (primero podría ser de la madre, luego de los médicos o cualquiera que se erigiera como cuidador privilegiado);
h) Cuando la expresión de los afectos, su contención y elaboración son desestimadas y reemplazadas por otros procedimientos (tendencia a actuar).
La madre es quien da en un principio un sentido a las expresiones de placer y sufrimiento. Estas experiencias necesitan ser reconocidas como tales no debiendo ser ni invertidas ni desviadas en su intencionalidad. Esta decodificación materna es vital para el infans. Además, debe haber concordancia entre lo que siente y lo que transmite, caso contrario lo transmitido será indescifrable. Deberá pues percibir esas variaciones que expresa el bebé para cuidar de su ser.** El cuerpo sufriente (o el sufrimiento en el cuerpo), ya sea que el sufrimiento provenga de una afección orgánica o se deba a la participación somática en una patología psíquica, implicará a la madre, exigirá de ella una respuesta modificadora a ese sufrir. Puede haber sordera frente a las expresiones de su sufrimiento psíquico (estoy triste, no me quieren, me abandonan, soy desgraciado), o la madre puede revertirlo con otros argumentos (no sos desgraciado sino caprichoso, no es abandono sino un castigo). Pero ante el sufrimiento orgánico no sucede lo mismo: reviste un carácter de evidencia, no puede casi nunca ser negado, al contrario, en general es ampliado, exagerado; es muy difícil que la deje indiferente. Por eso mismo, muchas veces el niño intentará servirse de un sufrimiento de fuente somática para obtener respuesta frente a la sordera de su sufrimiento psíquico (un capricho puede terminar en un accidente orgánico o en un malestar del cuerpo). Pero aún si la causa del sufrimiento fuera puramente orgánica, la respuesta que eso provoca revela al niño la manera, el uso que puede hacer de él (servirse de su sufrimiento somático). Este hecho se internalizará, ya sea para el futuro en otras relaciones vinculares del sujeto y para sí mismo, reproduciendo él mismo con su cuerpo esa relación que tuvo la madre con el cuerpo del niño, o podríamos decir con más claridad, la que el niño le imputó en la historia que se ha construido. Aquí vislumbramos una nueva manera de la instalación de la potencialidad somática: recurrir a la enfermedad como demanda. P. Aulagnier (1986) utiliza una metáfora: una pieza teatral, cuyo protagonista es el cuerpo y cuyo autor es la psique; y también la de “metteur en scene” y “metteur en sense”, puesta en escena y responsable de la puesta en sentido. Los padres cumplen esa doble función de preservación de la vida somática y la vida psíquica, transformando en información psíquica los estímulos que el mundo emite*** y ejecutando el papel de emisores y selectores principales de los mismos, y siendo entonces parte activa, tanto en el placer como en el sufrimiento, en los momentos de salud como de enfermedad.

 

NOTAS

*El hecho que se resalte, en algunos momentos, la figura de la madre y por lo tanto la función materna, no significa de ninguna manera desestimar la función paterna o relegarla. Para que cada una de ellas cumpla  su “papel” en la estructura, necesita de la efectividad de la otra. Aunque diferentes, ambas funciones se implican mutuamente.

** Para Roland Gori (1978), el lenguaje es “máquina de significar” y unificar la experiencia corporal, él mismo está estructurado por el espacio; el espacio corporal, objetal y lingüístico de la madre, luego por el sistema del entorno familiar.El sentido y la forma de la experiencia corporal se hallan condicionados por el modelo del lenguaje.   Del “cuerpo a cuerpo” entre la madre y el niño es de donde surge la palabra, primeramente como una cosa sonora, después como índice, como signo y por último como significante.

*** Winnicott habla de “object-presenting”, modo de presentación del objeto, para explicar la manera en que el adulto presenta el mundo al niño.

Por qué SEMIOTICA? : porque es más abarcativo (que semántica), ya que comprende  sistemas simbólicos no lingüísticos, algunos basados en el lenguaje pero no idénticos. (Hay signos no verbales: cruz, gesto, señal caminera, bandera). Hay también formas sociales que funcionan a la manera de un lenguaje: sistema de parentesco, mitos, moda, arte, religión, etc.; son formas simbólicas, diferentes sistemas de signos, el lenguaje es uno de ellos. En cierto modo la lingüística baña la semiótica, la ocupa. Lo que pasa es que es imposible hablar de un sentido no lingüístico sin usar la lengua; el lenguaje es el único sistema semiótico con ayuda del cual puede hablarse de otros sistemas y de él mismo. Ninguna semiología del sonido, del color, de imágenes podría formularse con sonidos, colores, imágenes.  Actualmente el objeto de la semiótica es la relación de simbolización, el dominio de lo simbólico. Es generalizable a todas las modalidades de sentido y su producción.
Ya en 1945, antes de la moda lingüística en las ciencias humanas, J. Piaget hablaba de una función semiótica en lo que para el psicoanálisis es el aparato psíquico. Decía que esa función, que consiste en emitir y recibir significaciones y responder a ellas, precede a la actividad lingüística propiamente dicha y la rebasa. Para él, la infraestructura de la comunicación significante se adquiere primero por medio de la ecopraxia o juego de gestos, con los cuales adulto y niño se imitan mutuamente. Luego esa imitación se prolonga en juegos de imitación vocal, que permite al niño aislar y dominar fonemas, por un lado, y en juegos de simulacro en presencia del adulto, por el otro. Cuando su actividad de simulacro es acompañada por un comentario verbal, por esas primeras palabras que sabe decir, adquiere entonces la simbolización. Se establece así la continuidad semiótica del gesto corporal en el significante lingüístico. Vendrá luego el lenguaje propiamente dicho, con sus leyes semánticas y gramaticales. Muchos gestos, mímicas expresivas y posturas van desapareciendo, pero siempre, hasta en el lenguaje del adulto, se conservará ese registro prelinguístico e infralinguístico de la expresión corporal que sostiene la palabra, y de su entonación que la modula (además del registro arbitrario o convencional). Continuidad del gesto en el sentido: el sentido nace del cuerpo, del cuerpo real y del fantaseado del niño, en interacción con el cuerpo privilegiado de la madre y los cuerpos del mundo circundante, seres y objetos.

 

IMAGEN INC. DEL CUERPO: (F. Dolto, 1984)

Es propia de cada individuo. Está ligada al sujeto y a su historia. Es la síntesis viva de nuestras experiencias emocionales, interhumanas, repetitivamente vividas a través de las sensaciones erógenas. Es la encarnación simbólica inconciente del sujeto deseante. Se estructura mediante la comunicación entre sujetos y la huella (día tras día memorizada) del gozar frustrado, coartado o prohibido; guarda en su seno el lenguaje memorizado de la comunicación entre sujetos. En ella se inscriben las emociones simbolizadas, es decir las que tienen baño, de lenguaje, de comunicación, las que tienen un sentido para el sujeto (valorizantes y/o desvalorizantes; narcisizante y /o denarcisizante. Es el lugar de representación de las pulsiones. Se estructuran en la relación con el otro, en la relación de orden lingüístico. Sólo por la palabra deseos pretéritos han podido organizarse en imagen del cuerpo, sólo por la palabra recuerdos pasados han podido afectar zonas del cuerpo. Si no ha habido palabras, la imagen del cuerpo no estructura el simbolismo del sujeto. Las palabras, para cobrar sentido, ante todo deben cobrar cuerpo, ser al menos metabolizada en una imagen del cuerpo relacional. El nombre, que asegura la cohesión narcisista del sujeto, contribuye desde el nacimiento a la estructuración de las imágenes del cuerpo. Sostiene el vínculo con la madre, es el significante de su relación. Esta manera en como las palabras se “pegan” (pregnancia), de las que el nombre es el ejemplo tipo, demuestra que la I. del C. es la huella estructural de la historia emocional de un ser humano.   Es una estructura que emana de la organización de los fantasmas: memorización olfativa, auditiva, gustativa, visual, táctil, barestésica y cenestésica de percepciones sutiles débiles e intensas, experimentadas como lenguaje de deseo del sujeto en relación con otro, percepciones que se han montado sobre las tensiones sentidas en el cuerpo producto de las necesidades vitales. Desde el punto de vista estructural se la puede descomponer en: a) una imagen de base b) una imagen erógena y c) una imagen funcional.

IMAGEN DE BASE: se refiere a la noción del sentimiento continuo de existir (Winnicott), es constitutiva del narcisismo primordial
IMAGEN EROGENA: asociada con la imagen funcional del cuerpo, es el lugar de focalización del placer y displacer.
IMAGEN FUNCIONAL: Imagen esténica de un sujeto que apunta al cumplimiento de su deseo.
Las tres asumen la imagen del cuerpo viviente, del narcisismo del sujeto en cada etapa de evolución.

BIBLIOGRAFIA

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Los ítems (premisas, postulados o supuestos teóricos) que se han tenido en cuenta podrían sintetizarse en la siguiente enumeración:
1) un conjunto de aportes extraídos de  la semiótica
2) una manera de comprender lo psicosomático en general, los procesos de enfermar, ciertas  hipótesis de las ciencias de la complejidad (revisión del concepto de causalidad, objeto,  estructuras complejas, es decir, la idea de nuevos paradigmas)
Dentro del psicoanálisis:
3) una particular manera de entender la estructuración de lo psicopatológico en la infancia
4) la consideración relevante que ocupa el trabajo de transmisión psíquica en las familias (y entre        generaciones);
5) una forma de comprender la “potencialidad”, “condiciones de posibilidad” o “predisposición”.

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