TRAUMA, ELABORACIÓN Y ENFERMEDAD SOMÁTICA

TRAUMA, ELABORACIÓN Y ENFERMEDAD SOMÁTICA

Entre los muchos aportes que la teoría psicoanalítica puede ofrecer al campo de la investigación psicosomática, y más específicamente a la comprensión y explicación sobre la aparición de la enfermedad somática en un determinado momento de nuestras vidas, figuran aquéllos que tienen como fundamento el punto de vista económico. Es decir, todo lo que se relaciona con la hipótesis según la cual los procesos psíquicos consisten en la circulación y distribución de una energía cuantificable (energía pulsional), es decir, susceptible de aumento, disminución, equivalencias.

Desde este punto de vista, una energía mensurable, que circula por el aparato psíquico, puede ligarse a determinadas representaciones, es decir constituir investimentos; que pugna a veces para franquear la represión y que produce trastornos cuando se encuentra bloqueada. Si bien ha sido un aspecto controvertido dentro de la teoría freudiana, en general ocupó un papel central en la metapsicología y en la conceptualización de las neurosis actuales (de donde derivaron muchas de las explicaciones que hoy se utilizan en el campo psicosomático).

El intento de relacionar trauma, elaboración psíquica y enfermedad somática, respondería a esos supuestos económicos, tratando de verificar en la clínica si, ante el incremento de excitación inmetabolizada por el individuo (traumatismo), la enfermedad somática podría surgir como alternativa ante la falla, disminución o falta de mecanismos de ligazón y trabajo elaborativo. O expresado de otra manera: si ante la anulación de los procesos psíquicos elaborativos y el anegamiento del aparato, que se producen en la secuencia del traumatismo, irrumpiría la enfermedad somática como un posible resultado desorganizante, como una respuesta adaptativa arcaica y/o como un intento de ligar el exceso de energía.

A partir de esa hipótesis central podrían establecerse otras correlacionadas con ella, tales como: el funcionamiento de un aparato psíquico con carencias y/o deficiencias – momentáneas o estables – en los procesos elaborativos (asociación, ligazón, afectivización de las excitaciones con cualificación representacional, etc.), colocaría al sujeto en un grado mayor de vulnerabilidad somática; vulnerabilidad que se referiría a enfermedades desorganizativas progresivas (las más graves); y que, al producirse este tipo de enfermedades, su recuperación fuera menos factible o más complicada, debido precisamente a ese tipo de funcionamiento psíquico.

La hipótesis económica central correlacionaría entonces compromiso, vulnerabilidad, irrupción, descarga, riesgo en el sistema somático ante un cúmulo de excitación inasimilable psíquicamente. Desde esta perspectiva, el trauma vendría a significar ese incremento poderoso de excitación en un breve período de tiempo, con interrupción del proceso elaborativo lo que lo torna en inmetabolizable, y por lo tanto, en factor permanente de perturbación si no logra algún tipo de tramitación.

LOS SUPUESTOS ECONOMICOS BASICOS

La hipótesis económica encierra la idea fundamental de un aparato psíquico cuya función consiste en mantener en el nivel más bajo posible la energía circulante (10). Por supuesto que está en estrecha relación con los puntos de vista tópico y dinámico de la metapsicología freudiana. Las cargas (besetsung, catexis, investiduras) son consideradas en su movilidad, las variaciones de su intensidad, las oposiciones (contracargas), desplazamientos, descargas, etc. La perspectiva conómica, aclara Freud en “Lo Inconciente”, aspira a perseguir los destinos de las magnitudes de excitación y a obtener una estimación por lo menos relativa de ellos. La energía pulsional ejerce una presión constante e impone al aparato la tarea de transformarla y mantener en el nivel más bajo posible la energía circulante – principio de constancia (4). El aparato recibe entonces una “exigencia de trabajo”, que consiste básicamente en transformar la energía libre en energía ligada (ligazón), en aplazar su descarga, controlarla y luego derivarla. Al respecto, Laplanche y Pontalis (10) señalan que el individuo debe aprender a tolerar y soportar una cantidad adecuada de tensión interna creada por la necesidad. A su vez, puede descargarla básicamente de dos modos:

  1. a) de un modo inmediato con reacciones inespecíficas (gritos, enojos insultos, gestos, etc.), que consistiría en una respuesta inadecuada y la excitación continúa, fluyendo. Aquí estaría comprometido todo el sistema somático en primer plano.

 

  1. b) de manera específica (acción específica), que permite una resolución duradera de la tensión. Para ello es necesario: 1) un objeto específico, 2) una serie de condiciones externas (adecuación), 3) ayuda exterior (en el caso del lactante), 4) actos reflejos. Aquí intervendrían los procesos elaborativos.

 

En esta descripción de la descarga, pueden apreciarse las consecuencias y vicisitudes que correría la tensión al no encontrar un sistema “psi” preparado para soportar cierto monto de energía y tramitarla en energía psíquica (libido): descargas por vía somática y/o actos impulsivos sin procesamiento representacional o con muy poco.

 

El trabajo elaborativo es el que permite integrar las excitaciones pulsionales y establecer entre ellas conexiones asociativas, hecho por otro lado, que define la eficacia de la cura: establecer conexiones asociativas que permitan la liquidación progresiva del trauma, entre sistemas o grupos de representaciones, que se hallan separados, restableciendo un contenido y una continuidad dentro de la vida psíquica (11). Lo importante a tener en cuenta es que los sistemas psíquicos no son sólo lugares de pasaje, sino de formas de ligazón de la energía psíquica, modos de circulación de los investimientos (2).

 

Precisamente esa operación – ligazón – consiste en limitar el libre flujo de las excitaciones, a unir las representaciones entre sí, a constituir y mantener formas relativamente estables (5). Con respecto a la elaboración psíquica, dice Freud en “Introducción al narcisismo”, que presta un extraordinario servicio al desvío interno de excitaciones no susceptibles de descarga directa al exterior, o bien cuya descarga directa sería indeseable por el momento. Esta sería entonces la característica primordial del aparato psíquico, “como un medio que ha recibido el encargo de dominar excitaciones, que en caso contrario provocarían sensaciones penosas o efectos patógenos” (3); esto ocurriría  fundamentalmente con el “estancamiento libidinal” (estasis libidinal).

ACERCA DEL TRAUMA

Si bien el concepto de trauma en psicoanálisis recoge, en líneas generales, el sentido dado por la medicina – choque violento, efracción y consecuencias sobre el conjunto de la organización (10), posee otros alcances específicos que lo diferencian, y que es importante destacar. Ideas como “intensidad del acontecimiento”, el “que provenga del exterior”, “aflujo excesivo de excitación endógena”, “estado de preparación del sujeto”, “ruptura de la barrera antiestímulo”, “traumatismo en dos tiempos, “estado de impotencia psíquica”, “trauma precoz”, “trauma puro”, “trauma ampliado o generalizado”, “acontecimiento, situación, proceso, efecto traumáticos”, son algunas de las muchas perspectivas que se encuentran en la descripción y explicación del traumatismo psíquico, y que poseen, por supuesto, diferentes niveles de conceptualización teórica, de vigencia en los desarrollos de la teoría, y de verificación y aplicación en la clínica. Sólo se comentarán a continuación algunos  de esos conceptos que tienen relación con el presente  trabajo.

Desde el punto de vista energético (económico), la situación traumática expresa la dificultad del sujeto para contener y elaborar psíquicamente el monto de excitaciones recibidas. Importa mucho, entonces, el “estado del sujeto” frente a lo que pudiendo ser sorpresivo – o no tanto – desborda su aparato psíquico, el cual, al no  poder procesar esa energía, al no ligarla, al no poder transformar la cantidad en  cualidad, dejaría que el cúmulo de excitación encontrase vías de descarga a través del cuerpo biológico (soma). La “cualidad del trauma” está directamente relacionada con esa incapacidad del individuo para contrarrestarlo (contracatexis), fijar y ligar el monto de excitación, de acuerdo al principio del placer. Eso hace que lo traumático sea particular en  cada caso: un mismo hecho puede repercutir de diferente manera en diferentes individuos.

Es necesario recordar aquí la noción de series complementarias: factores desencadenantes, que conforman situaciones traumáticas,  porque a su vez se relacionan con la historia del sujeto y con las cualidades de su aparato psíquico que puede o no responder a esa “exigencia de trabajo”; y también con una facilitación de la vía somática, que se relaciona así mismo con la historia de las enfermedades orgánicas de ese sujeto y de las significaciones inscriptas junto con ellas.

Laplanche y Pontalis (10), siguiendo a Freud, remarcan que lo que confiere al acontecimiento su valor traumático, son determinadas circunstancias específicas, que pueden resumirse como:

  1. a) condiciones psicológicas especiales en las que se encuentra el sujeto en el momento del acontecimiento;
  2. b) situación efectiva – circunstancias sociales, exigencias de la tarea que se esta efectuando – que dificulta e impide una reacción adecuada,
  3. c) – y muy especialmente – el conflicto psíquico que impide al sujeto integrar en su personalidad conciente la experiencia que le ha sobrevenido.

 

La otra idea importante a tener en cuenta, y que se relaciona por supuesto con todo lo anterior, es la de traumatismo en dos tiempos. De esta manera el traumatismo psíquico deja de ser una copia del traumatismo físico. Habría dos situaciones traumáticas: una primera original, y otra segunda reciente, desencadenante. La segunda escena no actúa por su propia energía, sino solamente en la medida en que despierta una excitación de origen endógeno (concepto de après-coup, a posteriori, causación retroactiva). Esto se continúa en la idea de que la eficacia de los acontecimientos exteriores proviene de los fantasmas que activan y del aflujo de excitación pulsional que desencadenan. Lo traumatizante, a partir de estos desarrollos teóricos, es algo que viene de lo interior: la experiencia traumática sólo lo es, cuando es redoblada por algo;           sólo si depende de escenas anteriores (fantasía), a las cuales ese acontecimiento reactiva una energía que se convierte en desbordante, inligable, inelaborable para el aparato. El traumatismo no “solo” es la gravedad del acontecimiento en sí, sino la inserción en una cadena significativa, donde dicho acontecimiento resignifica otros de la serie. El hecho actual – segundo tiempo – pasa a ser el disparador. Pero de todas maneras habría situaciones, hechos claves, como por ejemplo las pérdidas importantes – de personas queridas, objetos, roles, tipos de vida, ideales, etc.- que al producirse remitirían de por sí, y en casi todos los casos, a otras escenas anteriores, históricas, y por esa  misma razón conllevarían el peligro de un efecto desorganizador para el aparato psíquico. Porque en el caso de las pérdidas, sería imposible que éstas no remitieran a la castración, o más profundamente, al desamparo. De todas maneras cabe la pregunta: ¿por qué un individuo, ante una pérdida, en un caso puede hacer un trabajo de duelo y en otro un proceso desorganizativo mayor?. De ahí la importancia del factor disposicional previo (y la “serie complementaria” en general) que origina y contribuye a la aparición de la enfermedad somática. Y para que ello ocurra, el aparato debe verse inundado energéticamente, ser incapaz de poder ligar, controlar y elaborar ese aflujo excesivo de excitaciones, es decir, que su umbral de tolerancia se vea rebalsado, lo que conduce a la desorganización psíquica y que además puede prolongarse en desorganización somática. Porque es precisamente esa desorganización la que deja vulnerable al sujeto para la posible aparición de la enfermedad somática. Los traumatismos se definirían así por la cantidad de desorganización que producen y no por la cualidad de los acontecimientos que los producen (12).

 

¿Con qué recursos eficaces y adecuados cuenta el aparato psíquico para tramitar el excedente de excitación? (y mantener de esa manera constante la suma de excitación, para que la misma no se convierta en cuerpo extraño):

 

1) tramitación  por vía asociativa (trabajo elaborativo)

2) reacción motriz adecuada (acción específica)

 

Pero esto no sería lo que sucede en la situación traumática. En “Mas allá del principio del placer”, Freud retoma con fuerza el punto de vista económico del trauma, al considerar la neurosis de guerra (neurosis traumática): “llamamos traumáticas a las excitaciones externas (guerras, terremotos, incendios, etc., acontecimientos que despertarían vivencias de terror) que poseen fuerza suficiente para perforar la” protección antiestímulo”. Aquí se destacaría la importancia del acontecimiento exterior que penetraría la última barrera, baluarte de la protección antiestímulo: el “apronte angustiado”, ese estado de preparación que trataría de evitar el factor sorpresa, y por lo tanto el terror, definido por Freud de esta manera: Terror…”es el estado en que se cae cuando se corre un peligro sin estar preparado, destaca el valor de la sorpresa. No creo que la angustia pueda producir una neurosis traumática; en la angustia hay algo que protege contra el terror, y por tanto también contra la neurosis de terror” (5). Veríamos aquí ya vislumbrada la diferencia entre angustia automática, como inundación, y angustia señal, como apronte, preparación. Continúa diciendo en esta obra, que la economía energética toda, del aparato, se ve perturbada ante la situación traumática. El principio del placer queda abolido en el primer momento. La tarea planteada será la de dominar el estímulo, “ligar psíquicamente los volúmenes de estímulo que   penetraron violentamente a fin de conducirlos después a su tramitación” (5). Por medio de la repetición, el aparato tratará de dominar o ligar las excitaciones que, por las circunstancias de su génesis, fueron traumáticas. El sueño traumático es un ejemplo de lo antedicho, un esfuerzo de dominio.

 

A partir de esta necesidad imperiosa de ligazón que se presenta en la situación traumática, lo llevará a Freud a plantear que, una herida física simultánea al trauma, reduce los efectos patógenos de éste. ¿Por qué razón? Precisamente porque…”la herida física simultánea ligaría el exceso de excitación, al reclamar una sobreinvestidura narcisista del órgano doliente”; y amplía este concepto, agregando que en otros cuadros con perturbaciones graves en la distribución libidinal, como la melancolía o la parafrenia, se produciría una cancelación temporaria (o remisión provisional), justamente por la intervención de una enfermedad orgánica interactuante. Esta hipótesis, que considera a la enfermedad orgánica como de acción ligadora del exceso de excitación, como ” absorvedora”, al reclamar una sobreinvestidura narcisista del órgano doliente, nos remite a un hecho frecuente en la práctica clínica: la aparición de enfermedades orgánicas posteriores a situaciones traumáticas (especialmente después de pérdidas importantes). ¿No sería este un intento más elemental, arcaico, de tramitación y transformación de la energía excedente al verse el aparato psíquico impedido de realizarlo por otros medios elaborativos?.

 

Ya en “Introducción al Narcisismo”, al establecer relaciones entre la enfermedad orgánica y la distribución de la libido, Freud afirma: …”el enfermo retira sobre su yo sus investiduras libidinales para volver a enviarlas después de curarse”, y agrega que, el estado del dormir implica también un retiro narcisista de las posiciones libidinales sobre el exclusivo deseo de dormir. Entonces una herida en un accidente, una enfermedad orgánica, el estado de dormir, serían formas de ligazón de la energía (para fijarla), y que la misma no quede libre y el aflujo de excitación siga aumentando. De todas maneras, en el caso de la enfermedad orgánica desorganizativa, no sería la mejor vía con la que cuenta el sujeto para procesar la energía desbordante. A pesar de todo, esta vertiente nos haría pensar en el papel defensivo para “lo psíquico” que podría revestir una enfermedad orgánica, al reclamar para sí la  energía inmetabolizada. Y acá, convendría distinguir que esto sería válido para enfermedades orgánicas regresivas, y no aquellas desorganizativas progresivas, (12) por el papel altamente perturbante que éstas conllevan.

 

En este sumario repaso sobre “traumatismo”, es necesario mencionar dos conceptos que tienen implicancias teóricas y clínicas: ellos son los de “trauma precoz” y “trauma puro”.

Se refiere a lo acaecido antes de la adquisición del lenguaje, que no tiene inscripción preconciente y del que no hay recuerdos. No hay un lugar tópicamente, en el yo, en el cual el trauma pudiera ser tramitado por elaboración psíquica, debido a la ausencia de un yo organizado en los orígenes de la vida. En estos casos no se trataría de levantar represiones; son momentos primordiales (de los orígenes) ligados al soma. Se trataría, por ejemplo, de experiencias con el no-objeto, por ausencia demasiada prolongada con la madre; no es un conflicto sino un déficit, un vacío, un negativo. Entre nosotros, J. Puget describe estas representaciones sin palabras, o con palabras – cosas, que quedan como fragmentos amputados del resto del aparato psíquico y que estarían a la búsqueda de palabra, de proceso relacional, de significantes, de inscripción. Pueden aparecer en diferentes momentos vitales con la urgencia de ser semantizadas, necesitando a veces para ello un pasaje vincular ligado a la experiencia con un otro calificado, para poder ser pensadas. Esto la lleva a suponer la existencia de una memoria ligada al cuerpo, inconciente, una memoria biológica. (14).

De lo expresado anteriormente se desprende lo complicado que resultará la elaboración de los “traumas precoces”, sobretodo en  el vínculo transferencial.

 

 

EL TRABAJO ELABORATIVO PSIQUICO

 

Dominar las excitaciones, integrarlas, transformar la energía libre en energía ligada, aplazar la descarga, son formas de expresar las operaciones intrapsíquicas que definen al trabajo elaborativo. Trabajo del sueño, trabajo del duelo, trabajo en la cura (durcharbeiten, per-elaboración), también implican dichas operaciones. El trabajo elaborativo psíquico impondrá la transformación de un cuantum de energía que tiende a circular en forma libre, indiferenciada y sin trabas, desde una representación a otra, para que se ligue a determinados contenidos o representaciones.

Ligazón y elaboración marchan hacia un mismo objetivo… “la ligazón de la energía que afluye al aparato anímico consiste en un transporte desde el estado de libre fluir – que esfuerza en pos de su descarga – hasta el estado quiescente” ( 5). Y agrega: … es un acto preparatorio que introduce y asegura el imperio del principio del placer”. Sobre ese principio dice: …”es una tendencia que está al servicio de una función”, ¿cuál función? …”la de hacer que el aparato anímico quede exento de excitación, o la de mantener en él constante, o en el nivel mínimo posible, el monto de excitación” (5).

En estos conceptos puede apreciarse la transformación de cantidades en “cualidad psíquica”: desde el principio de constancia, al principio de placer/displacer, ya que este último remite a la percepción, por parte de la conciencia, de estos incrementos o disminuciones (cualificación de las cantidades). Para que las cantidades devengan cualidad, es necesario que éstas sean percibidas de una u otra manera por el yo (2).

….”El displacer en general, es la expresión de un aumento de tensión y que, por tanto, aquí como en otras partes, una cantidad del acontecer material es la que se traspone en la cualidad psíquica del displacer” (3).

Para que esta transformación pueda llevarse a cabo es necesario el trabajo elaborativo, ya que por medio de este trabajo psíquico asociativo se liga la energía psíquica indiferenciada, sin cualidad, a contenidos y representaciones: se cualifica. La energía deja de circular libremente. Precisamente el proceso contrario, el de desligadura, sería una liberación brusca de la energía, una descarga “en bruto”. En este sentido, podría entenderse a la angustia automática como “desligadura”. A su vez, los procesos de desligadura son igualados, en las conceptualizaciones de A.Green, como desinvestidura y función desobjetalizante.

Dentro del conjunto ligazón-elaboración, se ha entendido la primera como la precondición necesaria del proceso general elaborativo, esto desde Freud en adelante. La ligazón frena la energía psíquica, la fija, por un lado, y además establece una relación de elementos dentro de una cadena asociativa (esto último significaría otro alcance del término). Podríamos entenderlo como un primer nivel de elaboración, dentro de un proceso que se va complejizando; proceso, además, que es altamente trabajoso, que necesita tiempo y que apela a los recursos más estructurados del aparato psíquico.

Con el trabajo elaborativo se evita el estancamiento libidinal, y es fundamentalmente el sistema preconciente, quien cumplirá funciones de inhibición de los procesos primarios y de ligadura de las cargas móviles (15). Este sistema llevará a cabo el procesamiento secundario de la excitación y la ligadura con la palabra; en él se dan las funciones de pensamiento exploratorio y del control de la motilidad. Precisamente muchas de las teorizaciones en el campo de la psicosomática, producidas por la Escuela Psicosomática de París, se basan en las consecuencias que le acarrearía a un sujeto una deficitaria estructuración del Prcc. (Fallas, debilidad constitutiva, bloqueo). Al respecto plantea P. Marty: “Podríamos adelantar la hipótesis de que cuanto más rico sea el prcc. de un sujeto en representaciones relacionadas entre sí de una manera permanente, más la patología eventual tiene probabilidades de situarse en el plano mental. Cuanto menos rico en representaciones sea el Prcc. de un individuo y cuanto menos rico sea en las relaciones y permanencia de las representaciones existentes, más correrá el riesgo la patología eventual de situarse en el plano somático. En este sentido calificamos al Prec. como punto central de la economía psicosomática” (12). Esta reflexión adquiere la fuerza de una hipótesis, y es la que permitió abrir un campo de investigación, en donde cobraron destacada significación conceptos tales como “pensamiento operatorio”, “depresión esencial”, “neurosis de comportamiento”, “desorganización progresiva”, entre otros.

 

Laplanche (11) subraya que hay diferentes niveles de ligazón y elaboración, ubicando a la angustia en el nivel más bajo. Es el afecto menos ligado, el más próximo a una excitación, que se descarga de manera no específica, asemejándose mucho a la descarga energética pura (liberación de energía “en bruto”). Por esta misma razón, cuando una persona está inundada de angustia, carece casi de contenidos representacionales, haciéndose dificultosa, además, la tarea clínica. En un escalón superior estarían ubicado los afectos (o el afecto), como un nivel primario, elemental de ligazón: constituido por un conjunto organizado de descargas motrices, que se añaden a cierta sensación de placer y/o displacer. Se debe recordar que el concepto de elaboración surgió en Freud en relación con la teoría traumática, y su primera significación tuvo que ver precisamente con la “tramitación del trauma”. Luego, este concepto va cobrando cada vez más importancia dentro de la conceptualización de las neurosis y psicosis, y un lugar muy destacado en la cura. La meta de la cura es, según Freud, lograr que el paciente realice mejores transacciones. La modificación de los conflictos se logra por la acción conjunta del recuerdo y la elaboración; siendo esta última, un trabajo de simbolización en la cual se tejen lazos asociativos que posibilitan un desprendimiento de ciertos mecanismos repetitivos (9). Es también un trabajo de diferenciación y reorganización de los investimientos libidinales. Dentro del análisis, el proceso elaborativo consiste en restablecer ligazones, conexiones, entre sistemas o grupos de representaciones que se hallan separados; implica también restablecer una continuidad dentro de la vida psíquica (11).

 

Con respecto al modo de resolución del conflicto (punto de vista dinámico) en la elaboración normal, el mismo se sitúa en el nivel psíquico conciente. En las neurosis, el conflicto es esencialmente interiorizado, simbolizado, respondiendo a una vida fantasmática rica. En las “neurosis actuales”, en cambio, el conflicto esta ahí, en alguna parte, desencadenando la neurosis, pero sin formar parte de su mecanismo. Este último no refleja el conflicto, y la repercusión del mismo no se expresa simbólicamente (11). Sin entrar a polemizar acerca de la validez o no de las neurosis actuales como entidades psicopatológicas, lo que cabe destacar es que en los casos en que la elaboración psíquica es deficiente (ya sea en forma momentánea o permanente), la excitación encuentra vías de descarga poco elaboradas, como lo son la angustia indiscriminada, o los síntomas somáticos, y que cuando esa excitación se ve incrementada hasta el desborde como en el caso de la situación traumática, la vulnerabilidad somática aumenta considerablemente.

La enfermedad corporal – como también la actuación, implicarían una respuesta mediante mecanismos primitivos, modificando las funciones y/o los órganos, ante la dificultad de organizar el pensamiento para la elaboración de la situación conflictiva.

Dice al respecto A. Green: “Podemos decir que reacciones somáticas y pasajes al acto tienen la misma función: una descarga defensiva frente a la realidad psíquica” (8)

En ambos casos habría un mismo sentido evacuativo de la realidad psíquica, o dicho de otra manera, una dificultad para el establecimiento y procesamiento elaborativo de esa realidad.

TRAUMA SOCIAL Y CATASTROFE.

Un párrafo aparte merece la problemática (que reviste bastante actualidad) sobre trauma social y catástrofe social que como ya dijera J. Bleger hace años, son fenómenos que  atacan el fundamento de la vida psíquica. Son perturbaciones que no nacen de la interioridad de los procesos mentales ni son el producto de conflictos intersubjetivos, sino que se generan a partir de acontecimientos político-sociales, que se desarrollan  en el contexto social. Violencia política, terrorismo de estado, procesos de desintegración social, catástrofes económicas, desocupación, etc.; pudiendo también ser de orden natural como huracanes, terremotos, inundaciones. Estos eventos traumáticos son casi siempre inesperados e incontrolables y socavan de manera intensa la sensación de seguridad y autoconfianza del individuo, prudecen pánico y un estado de vulnerabilidad generalizado.

Pero qué diferencia habría en cuanto al daño que producen, entre aquellas situaciones traumáticas provenientes desde dentro del aparato o de la realidad? Freud señala en el Esquema que el yo se encuentra compelido tanto por el peligro  del ello como de la realidad externa. “Intensidades pulsionales hipertróficas pueden dañar al yo de manera semejante que los estímulos hipertróficos del mundo exterior”.

 

I.Leukowicz dice, a propósito de la comparación entre trauma, catástrofe y acontecimiento, que si el trauma es concebido como la impasse en una lógica que trabajosamente pone en funcionamiento ciertos esquemas previos, y el acontecimiento como la invención de unos esquemas diferentes frente a ese impasse, la catástrofe para él sería algo así como como el retorno al no ser. La piensa  como una dinámica que produce desmantelamiento sin armar otra lógica distinta pero equivalente en su función articuladora. Usa la metáfora de la inundación, que con la catástrofe “llega para quedarse” : no hay esquemas previos ni esquemas nuevos capaces de reiniciar el juego. Sólo se da sustracción, mutilación, desvastación. Se puede pensar entonces, que en los casos de catástrofes el individuo quedaría muchísimo más vulnerable a la enfermedad somática debido precisamente a este efecto desvastador que produce. Precisamente  Kristeva al referirse a “las nuevas enfermedades del alma”, esas patologías conectadas con lo actual, con el acto (aunque no sean sinónimos…), que se parecen y evocan (pero no lo son) a la imposibilidad que presentan los psicóticos para simbolizar traumas insoportables. Porque comparten algo en común: la dificultad para representar, Y agrega, (y yo lo subrayo) que esa carencia de representación psíquica puede atentar contra el propio funcionamiento biológico.

  1. Le Poulichet define el momento catastrófico como el presente acuciante de un desenlace que hay que escuchar como un nudo que se deshace, como un lazo que se suelta, y nos remite a ese tiempo inaugural, tiempo de la Hilflosigkeit (desamparo), de la impotencia radical, de los rincones no historizados y difíciles de ser historizables. La catástrofe es, de alguna manera, la caducidad casi total del sistema simbólico. A diferencia del trauma en que algún significante falta del sistema simbólico, en la catástrofe el sistema de referencia simbólico desaparece. Es un tiempo de destrucción de subjetividades, de abolición de los relieves subjetivos.

 

Otra cuestión que se sobreagrega a la idea de catástrofe es cuando la misma se torna permanente, se establiza como marca de la subjetividad. En esos casos creo que además de estar expuesto el cuerpo a esas tensiones inundantes de lo catastrófico provocando síntomas somáticos, también éstos pueden tornarse permanentes, cronificarse. Es decir, esa marca en lo subjetivo, puede tener también como correlato una marca en lo corporal que perdure por un tiempo prolongado. Podría decir que además de destitución subjetiva , también puede haber una “destitución corporal” La catástrofe se “hace carne”, se “in-corpora”.

 

BIBLIOGRAFIA

(1)        Baranger M., Baranger W., Mom J. “El trauma psíquico infantil, de nosotros a Freud”. Revista de Psicoanálisis.T.XLIV, N@ 1.  1987

(2)        Bleichmar, Silvia. “Lo inconciente: funcionalidad clínica de sus paradigmas”. En Lecturas de Freud. Ed. Lugar 1990.

(3)        Freud, S. “Introducción al narcisismo”. Ed. Amorrortu. T. XIV

(4)        “Más allá del principio del placer”. Ed. Amorrortu. T. XVIII

(5)        “Lo inconciente”. Ed. Amorrortu. T.XIV

(6)        “Manuscrito E”. Ed. Am. T.I

(7)        “Inhibición, síntoma y angustia”. Ed. Am.T.XX

(8)        Green, A. “De locuras privadas”. Ed. Amorrortu. 1992.

(9)        Horstein, L. “Cura psicoanalítica y sublimación”. Ed. Nueva Visión. 1988.

(10)      Laplanche J. y Pontalis J. B. “Vocabulario”. Ed. Labor. Barcelona. 1972.

(11)      Laplanche, J. “Problemáticas I. La angustia en las neurosis”. Ed. Nueva Visión. 1979

(12)      Marty, P. “Psicosomática del adulto”. Ed. Amorrortu 1993

(13)      Oelsner, R. “Notas sobre el trauma precoz y la transferencia”. Rev. de Psicoanálisis. 1987.

(14)      Puget, J. “Violencia social y psicoanálisis: lo impensable y lo impensado”. Psicoanálisis. VIII. Nº2-3. 1986.

(15)      Varios autores. “Elaboración psíquica en la primera tópica de Freud”. Rev. Argentina de Psicología, Nº32. 1982.

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