SOBRE NUESTRA ÉPOCA ACTUAL

SOBRE NUESTRA ÉPOCA ACTUAL

 

 

Para entender los signos de nuestros tiempos

(Fragmentos del  Capítulo perteneciente al libro “Amores y parejas en el siglo XXI ” Oscar De Cristóforis. Ed. Letra Viva. Bs. As. 2009)

 

De nada serviría que me refiriera a ciertos fenómenos novedosos que vienen ocurriendo en la conformación y desarrollo de las parejas en la actualidad si no lo relacionara con las transformaciones que se vienen operando en el macro contexto cultural, las cuales instituyen un tipo de subjetividad que todavía no podemos aprehender en su totalidad y que además sufre constantes modificaciones, o mejor aún, seguimos constatando hechos, facetas, aristas que nos muestran las diferencias a las que veníamos acostumbrados en la modernidad, ese tiempo  que solemos ubicar como anterior a este contemporáneo que muchos autores coinciden e nombrar como posmoderno. Apelo principalmente a sociólogos y antropólogos actuales quienes vienen investigando y reflexionando acerca de ciertos fenómenos que son prototípicos de nuestras sociedades actuales, o mejor dicho, de ciertos espacios principalmente los de las grandes urbes, que cada vez más comparten situaciones similares, a pesar de encontrarse distanciados geográficamente. Y es precisamente a través de una nueva terminología que ellos acuñan, con que nos van presentando descripciones, explicaciones, constataciones de lo que hasta el momento no nos habíamos detenido a considerar como algo acontecimental, como radicalmente nuevo. Incluyo alguna de esas descripciones porque me parecen que arriman una riqueza de significaciones  que se puede aplicar luego a la comprensión de lo que se viene dando en la vida privada, en general, y en la vida íntima de las parejas, en particular.

Todos esos términos, portadores de complejos significados, tratan de explicar muchos de los fenómenos en los cuales nos vemos inmersos  cotidianamente. El panorama de fondo, el macro contexto donde se despliegan todas esas escenas es lo que suele llamarse posmodernidad, apelativo controvertido, pero que de alguna manera nos remite a un tiempo diferente, donde se gestaron y se siguen gestando cambios muy profundos. También se usan otros términos como el de sociedad informacional, sociedad en red (donde la identidad personal se define a partir de la conexión a una red), era de la información, ultramodernidad, hipermodernismo, era del capitalismo mundial integrado, sobremodernidad, sociedades líquidas, etc. Como se puede apreciar son diferentes calificativos para nombrar las sociedades actuales y la época en que vivimos.

Me parece entonces pertinente enfocar el tema del amor y las parejas (principalmente las matrimoniales) desde esta vertiente transubjetiva, un enfoque si se quiere socio-psicológico. Porque así como el tipo de paradigma científico es fundamental para los derroteros por los cuales cada ciencia transita, así las conceptualizaciones, creencias, ideologías, mitos, mentalidades que lo cultural propone, condiciona, limita, hace trama en los vínculos y por supuesto en los sentimientos que los habitan.

 

Atravesamiento transubjetivo.

 

Los modelos socio-culturales heredados promueven mandatos de cómo ser y cómo pertenecer en la vincularidad, además de lo heredado familiar y biológico. Así como hay representaciones sociales de familia, o de pareja, también las hay de la manera de expresarse enamorado, de vivenciar la experiencia amorosa, que cada sujeto hará propias mediante un proceso que algunos autores definen como apropiación, y otros como de atribución. Valores ajenos provenientes del medio social se hacen propios y esto confirma y asegura además la pertenencia al grupo social.

Pero no se trata solamente de postular la influencia de las condiciones socio-culturales sobre los individuos ya estructurados, sino como plantea Ignacio. Lewkowicz, de pensar dichas condiciones como intervinientes en la constitución misma de los tipos subjetivos, y más específicamente en el tema que ahora nos ocupa, que  el tipo de vínculo amoroso que se conforma en una determinada época, está también producido e instituido por lo socio-cultural.

 

Otra de las maneras de sustentar hipótesis de lo transubjetivo o sea, del papel estructurante del contexto social es a través del concepto de mentalidad. Como señala José Luis. Romero, son ideas, opiniones, creencias, marcadas con ese fuerte signo social que es el consenso. Son operativas, vigentes: actúan. Son ideas sobre las cuales ningún grupo social tiene una conciencia perfectamente clara, pero se ponen secretamente en funcionamiento cuando se toma una decisión sobre lo bueno o malo de algo, o si resulta tolerable o intorelable. Es un tremendo caudal de ideas que opera sobre los individuos en forma de prejuicios; que actúa según opiniones de las que se ha decidido no hablar, ni someterlas a juicios, e incluso que están consagradas como indiscutibles. Son  también ideas valorativas y normativas, condicionantes de los juicios de valor sobre las conductas.

La mentalidad es algo así como el motor de las actitudes. De manera poco racional a veces, inconcientemente otras, un grupo social, una colectividad, se planta de una cierta manera ante la muerte, el matrimonio, la riqueza, la pobreza, el trabajo, y por que no, el amor.

 

El imaginario social

 

Este es otro concepto que encierra un gran poder explicativo. Los imaginarios sociales producen valores, las apreciaciones, los gustos, los ideales y las conductas de las personas que conforman una cultura. El imaginario es el efecto de una compleja red de relaciones entre discursos y practicas sociales, interactúa con las individualidades. Se constituye a partir de las coincidencias valorativas de las personas, se manifiesta en lo simbólico a través del lenguaje y en el accionar concreto entre las personas (practicas sociales). Tanto los paradigmas como los imaginarios sociales al ser productos humanos, no permanecen estable o duradero a lo largo de la historia, sino por el contrario, ambos se van modificando constantemente, independientemente uno del otro. Los medios masivos de comunicación intervienen en forma activa en las ideas regulativas de las conductas, saberes de nuestro tiempo, y finalmente, en la formación de subjetividades.

El filósofo griego Cornelius Castoriadis nos habla de significaciones sociales imaginarias: se trata de un concepto que de alguna manera pone en evidencia que no existen significados en la sociedad ni intuitivos ni naturales. En este sentido, las significaciones sociales imaginarias son aquellas “ideas”, “conceptos”, “mitos” que circulan en una sociedad determinada y que determinan lo que es real y lo que no es real, lo que tiene sentido y lo que carece de sentido, articulando en una serie de tensiones y torciones el imaginario de una sociedad y de una época. Las significaciones sociales imaginarias instituyen lo “histórico-social”.

Los imaginarios colectivos compartidos sobre el enamoramiento y el amor perpetúan estereotipos sobre las diferencias de género y las relaciones de pareja. El análisis del discurso televisivo tiene valor dada la relevancia de este medio como agente social indirecto e informal. Además, permite aproximarnos al discurso que nuestra sociedad contemporánea mantiene sobre lo que se considera amor y relaciones de pareja.

Un punto de partida para poder sustentar las hipótesis de una profunda mutación cultural a nivel global, usando un parámetro crítico, puede ser detenerse e investigar las transformaciones que vienen sufriendo las familias. En muchos países, cifras recientes, muestran cómo cada vez más, nacen  hijos fuera del matrimonio y cómo esta institución social pierde peso específico en tanto fórmula o arreglo para constituir familia. Esto significa que aumentan cada día más las uniones por fuera de los “preceptos matrimoniales”. Simultáneamente aparecen estructuras legales en relación a las familias y parejas como lo es el P.A.C.S., pacto civil de solidaridad que apareció en Francia en los últimos años de la década del noventa, y que ya muchos países comenzaron a adoptar. Me referiré a él en otro capítulo, pero quiero destacar que esas nuevas formas de unión que ya se venían dando desde décadas atrás, en forma cada vez más creciente, promueven la necesidad de cambios en los códigos civiles, y a su vez la promulgación de estas leyes provocan la aceleración y estimulación de nuevas uniones libres de cualquier tipo (porque incluyen uniones de concubinos, heterosexuales, homosexuales, travestis, transexuales, vecinos, ancianos enfermos, etc.), de manera formal, y que genera además, un “nuevo mundo y mapa amoroso”.

Otro punto de vista complementario al anterior, puede ser tratar de tomar ciertos fenómenos altamente significativos y explicativos que caracterizan la subjetividad actual, tales como el individualismo a ultranza, el hedonismo consumista,  culto a lo  privado, ansia de éxito, de imagen y de poder, exagerada “cultura del yo”,  “cultura del narcisismo”, etc., y relacionar todos estos fenómenos con la manera en que opera en las parejas y familias.  También resulta muy comprensivo tratar de relacionar grandes hitos de transformación en las últimas décadas, como por ejemplo la gran revolución protagonizada por la mujer, o la desenfrenada globalización de la economía, la revolución tecnológica, por citar algunos, con las transformaciones sufridas por la pareja actual. Éste es precisamente, uno de los objetivos principales de estas páginas, y en todo momento trataré de relacionar esas transformaciones sociales con lo que sugiero como nuevo, diferente, en la vida de las parejas en los comienzos de este siglo, ya que imagino que cuando el mismo culmine, estarán plasmadas situaciones que tal vez ahora sean impensables, esto además si suponemos que la velocidad de los cambios sociales se sostiene de la manera en que se vienen produciendo.

Como puede apreciarse, las aristas son múltiples, y cuanto más incluya emergentes que innumerables sociólogos, antropólogos, en fin, pensadores de nuestro tiempo, nos muestran, corro el riesgo de alejarme de mi propósito: entender la mayor cantidad de modificaciones que se vienen operando en el seno de las parejas a partir del cambio de paradigma cultural.

 

La época actual: tiempo de grandes cambios

 

 “En el último cuarto de siglo, una revolución tecnológica, centrada en torno a la información, ha transformado nuestro modo de pensar, de producir, de consumir, de comerciar, de gestionar, de comunicar, de vivir, de morir, de hacer la guerra y de hacer el amor.” (Manuel Castells)

 

En el siglo pasado, pricipalmente después de la segunda gran guerra,  se inicia la crisis de los grandes ideales de la razón y del progreso humano que se habían conformado en el mundo moderno. Si bien los avances de la ciencia, el acceso al conocimiento, el desarrollo de las libertades, parecían prometer una civilización y una cultura adecuadas a la emancipación y a la felicidad, los desgarradores acontecimientos históricos que culminaron en Auschwitz e Hiroshima arrasaron con aquel optimismo y significaron el estruendoso fracaso en la  confianza e idea en el progreso de la civilización.

¿Qué está sucediendo en este albor del siglo para que el pánico haya llegado a tal grado de generalización?

Una intensa crisis en los modos de subjetivación vigente se viene gestando, fruto de una sumatoria de factores. Tomaré apenas algunos y en forma sintética ya que es un tema muy basto para ser tratado en esta obra, y porque además, el lector interesado en estos fenómenos que aparecen en la posmodernidad, cuenta con una inmensa bibliografía, de la que yo en parte cito con frecuencia.

Refiriéndose al cambio social, Marc Augue señala tres movimientos complementarios:

  • El paso de la modernidad a (lo que él llama) la sobremodernidad.
  • El paso de los lugares a  los no-lugares.
  • El paso de lo real a lo virtual. (Estos tres movimientos no son, propiamente dicho, distintos unos de los otros. Pero privilegian puntos de vistas diferentes; el primero pone énfasis en el tiempo, el segundo en el espacio y el tercero en la imagen.

Lo cito a este autor, precisamente, porque tanto el espacio, el tiempo y la  imagen, son fenómenos que han cobrado formas muy diferentes en los últimos cincuenta años.

 

La idea de posmodernidad

 

            Se podría reservar, como lo hace Jamenson, la denominación de posmodernismo para la dimensión cultural. Pero la posmodernidad es un proceso general de reorganización económica, de reorganización social. Son fenómenos estructurales que se están produciendo casi simultáneamente en diferentes culturas. De modo que uno puede hablar de política posmoderna, economía posmoderna, etc.

Podemos decir que el pensamiento contemporáneo, se inicia a partir de 1979 con la publicación de La condition Postmoderne de Jean Francois Lyotard  por la editorial Gallimard, a resultas de una iniciativa de la UNESCO para estudiar las tendencias contemporáneas que ejercerían las nuevas tecnologías y que dominarían el escenario de un modo total a partir de la caída del Muro de Berlín, en 1989.

Esta época que podríamos llamar de “transición” plantea un malestar diferente a otras: vacío existencial, exclusión social, incertidumbre, pérdida masiva de certezas, desesperanza. Como plantea la psicoanalista e historiadora francesa, E. Roudinesco, tristeza, apatía, búsqueda de identidad y culto de sí mismo, serían las formas más frecuentes que adopta el sufrimiento psíquico en nuestros días.

El sociólogo Michel Mafessoli prefiere antes que hablar de “fin” de determinadas cuestiones, usar la palabra “saturación”. En química, hay saturación cuando las moléculas que componen un cuerpo se separan. Sin embargo, al mismo tiempo, con esas moléculas se produce la composición de otro cuerpo. En nuestro época, para él, se trata de la saturación de los grandes valores que compusieron el modernismo -fe en el futuro, en el progreso, predominio de la razón-, de esos valores que marcaron los siglos XVII, XVIII, XIX, hasta los años 50 o 60 del siglo XX. Ese fue un gran ciclo, bien elaborado, que dio como resultado la sociedad moderna. El corazón geográfico de ese proceso fue Europa. Luego el modernismo “contaminó” al resto del mundo. Él dice que ahora hay saturación. Simplemente, porque en un momento determinado se produce una fatiga, un hartazgo, el desgaste de un modelo, de un paradigma. Y en el momento de esa fatiga se puede observar una recomposición.

En vez de la fe en el futuro y en el progreso, estamos frente a la acentuación del presente. Marca como interesante ver cómo las jóvenes generaciones ponen el acento en el presente, la importancia que tiene para ellos la idea ecológica, contra el mito del progreso. Esta sensibilidad ecológica es alternativa al mito del progreso. En cuanto al gran predominio de la razón, idea en la cual se basaron todas las sociedades modernas, se empieza a notar el retorno del afecto, del sentimiento. Dice  sorprenderse al ver cómo todo es ocasión propicia para la manifestación de esa afectividad, de la emoción. Como científico social, constata que todos aquellos elementos sobre los cuales se fundó la sociedad moderna están dejando lugar a otra cosa.

Algunas de sus características

 

Una manera posible de entender este polémico término, es considerar que a partir del siglo XIX, los presupuestos básicos de la modernidad comienzan a ser severamente cuestionados principalmente el humanismo y el racionalismo derivado de la ilustración. Se comienza a desconfiar de que la razón sea una poderosa fuerza que nos lleve a ser mejores personas, más libres, más justos y felices. Hay además, en consecuencia, un descreimiento de la idea de progreso y las dos grandes guerras del siglo XX terminan de confirmar lo que se venía gestando, fundamentalmente a través de pensadores como F. Nietzsche. Precisamente este autor sostiene que si bien se había planteado una fuerte crítica a la autoridad religiosa, incluso por quienes se auto titulaban ateos, el espíritu reinante siguió creyente, religioso sin un Dios, sosteniendo la fe en el progreso y en idealizaciones trascendentes. Y Nietzsche dice que viene precisamente a derribar esos “ídolos” (“Filosofando con un martillo”) y  plantear la reivindicación de la realidad de la vida misma, sin tratar de alejarse con planteos utópicos. Por supuesto no soy yo el indicado para referirme con precisión sobre el alcance del complejo pensamiento de este filósofo, simplemente cito esto porque me parece que sus ideas, de una u otra forma, fueron cruciales para las reflexiones  teóricas del siglo anterior y siguen siendo retrabajadas por muchos pensadores en la actualidad. Algunos (Luc Ferry, entre ellos) llegaron a decir que tanto Nietzsche, como Marx o Freud, son “pensadores de la sospecha” porque analizan las ideas, creencias, valores de una determinada época, tratando de mostrar los intereses ocultos, elecciones inconscientes, verdades más profundas, y también, por qué no, inconfesables y siniestras. Se podría decir que son genealogistas o descontructivistas§. El sujeto deja de ser un ser autónomo y libre, capaz de trascender la realidad en donde habita, y pasa a ser un producto histórico totalmente inmerso en esa realidad que es la vida. Los hechos dejan de ser objetivos y totalmente verdaderos: existen sólo interpretaciones de los hechos.

 

 

            La cultura de la posmodernidad promueve dos tendencias: progresiva y destructiva, la primera destacando sus logros, sus promesas, sus beneficios, y la segunda, señalando sus perjuicios, sus daños, sus perversiones”. Hay entonces, apologistas y detractores. Toda época de grandes cambios provoca en las personas, malestar, inseguridad, incertidumbre. Tal vez ese sea el síndrome de nuestra contemporaneidad. Por otro lado, hay situaciones que recién ahora comienzan a vislumbrarse y faltará mucho tiempo para que se plasmen en una forma determinada. Recién ahora vamos teniendo claro acontecimientos que sucedieron hace muchos siglos antes, y extraemos de ellos conclusiones, enseñanzas, ciertas certezas. Ser protagonistas, estar involucrados en esta realidad, nos habilita muy poco para ya extraer conclusiones cerradas, certeras, ya sea, para un lado o para el otro. De todas maneras, alertar sobre determinados sucesos, constatar otros, reflexionar conjuntamente sobre las problemáticas actuales, advertir sobre la peligrosidad de ciertas tendencias, me parece que es una tarea necesaria que en todos los estratos e instituciones sociales, deberían darse. (Un ejemplo de esto último podría ser las posturas a favor y en contra de la globalización).

Como decía más arriba, no voy adentrarme con profundidad en la descripción de innumerables fenómenos que se señalan como producto de esta época. Se comprenderá que  solamente eso significaría una obra de varios tomos. Lo que pretendo es hacerle presente al lector, en forma enumerativa, el enunciado de esos grandes tópicos que le han dado ese matiz diferencial a estas últimas décadas, y que luego incluyo, de una u otra manera, como efectos que repercuten en la conformación y características de las parejas en la actualidad. Solamente me detendré en alguno de ellos por la importancia tan directa que ejercen en la temática que trato de desarrollar en este libro.

 

  • Posmodernidad, globalización y aculturación son tres conceptos estrechamente unidos que definen muchas de las características de los cambios socioculturales actuales.
  • Posmodernidad puede ser entendida como la caída de ideales, presupuestos y paradigmas de la modernidad, con una repercusión tanto en las identidades individuales como sociales, acompañada de una reconceptualización de la visión que se tenía del mundo y todo el sistema de valores. (la globalización se podría resumir como la tendencia que se manifiesta en los procesos de homogenización y estandarización de la cultura).
  • Anuncia el advenimiento de un tipo de sociedad completamente nuevo, bautizada a menudo como “sociedad postindustrial”, o “sociedad de consumo”, “sociedad de los media”, “sociedad de la información”, “sociedad electrónica” o de las “altas tecnologías”.
  • Aparece una extendida y simultánea diversidad. La presencia y coexistencia de una gama de rasgos muy diferentes y de los tipos más diversos en los distintos órdenes culturales.
  • Permanentes expresiones de abierta provocación social y política, que se reciben con bastante complacencia y que inclusive se han institucionalizado. (Ej: BDSM (ver glosario), swingers, poliamor, etc.)
  • Importancia del papel de los medios de comunicación en una cultura contemporánea fuertemente estetizada.
  • El pensamiento posmoderno se halla inundado de un rechazo de las ideas de universalidad, racionalidad, verdad y progreso, propio de la modernidad, lo que convierte al “pos” en un “anti” modernismo. Algunos autores destacan que más que hablar de “fin” (fin de las ideologías, de la historia, de la idea de dios) habría que hablar de “saturación” de esos conceptos usados por la modernidad.
  • Marcada tendencia a la desaparición de los relatos emancipatorios y de legitimación del saber, propia de la modernidad, los relatos marxistas, idealista, iluminista, y también el relato cristiano y el liberal. La cultura posmoderna se caracteriza por la incredulidad hacia esos relatos. (El “fin de los grandes relatos”, como lo enuncia el filósofo Jean-Francois Lyotard. El fracaso político, económico y moral de los países comunistas autoriza una lectura retrospectiva y pesimista de la historia del siglo).
  • Debilitamiento del pensamiento racional y la visión de una historia unitaria y lineal. (caída de una visión unitaria del mundo y la historiografía teleológica, comolo plantea el filósofo italiano Gianni Váttimo).
  • Es una época de “transición” que lleva implícita un malestar diferente a otras: vacío existencial, exclusión social, incertidumbre, pérdida masiva de certezas, desesperanza. Tristeza, apatía, búsqueda de identidad y culto de sí mismo, serían las formas más frecuentes que adopta el sufrimiento psíquico en nuestros días.
  • Gran desarrollo de los medios de comunicación en las últimas décadas que ha llevado a muchos a denominar la época actual como la de la “cultura de la comunicación”.
  • Grandes cambios operados en el campo de lo estético (Huyssen), o sea, aquello que tiene que ver con las modificaciones de las experiencias sensitivas y perceptivas. (la experiencia estética es la capacitada para organizar la fantasía, las emociones, la sensibilidad).
  • Estética del shock (videoclip): sensación de presente continuo, desconectada de un pasado y un futuro. Experiencia esquizofrénica (Jamenson). La esquizofrenia es la metáfora que corresponde a la estética de la fragmentación en donde se rompe la cadena de significante y por lo tanto la construcción de sentido se pierde.
  • Desarrollo de la realidad virtual, que tiende a borrar realidad y representación, con aceleración de la velocidad en las imágenes, donde la fragmentación, la simultaneidad, la yuxtaposición, etc., aparecen como lenguajes propios de las tecnologías electrónicas.
  • Desreferencialización: pérdida de lo real como referente, las imágenes hablan por si mismas. Multiperspectividad: múltiples planos de un mismo objeto. La imagen propone que a más puntos de vista, más conocimiento.
  • Imposición del “deber de gozar” con sus nuevas formas de culpabilidad por abstenernos, pudiendo hacerlo (Slavoj Zizek).(Heteronomía de la voluntad: se denomina heteronomía a la voluntad no determinada por la razón del sujeto, sino por algo ajeno a ella, la voluntad de otras personas, las cosas del mundo, la sensibilidad, la voluntad divina, etc.)
  • Caída de la idea de progreso y evolución.
  • El planteo de nuestro mundo como la “aldea global”, según el término de Macluhan, una aldea global atravesada por una misma red económica en donde se habla el mismo idioma, el inglés, y dentro de la cual la gente se comunica fácilmente gracias al desarrollo de la tecnología.
  • Un progresivo aumento de los procesos de globalización, de uniformización, hasta de homogeneización.
  • Un incremento significativo del individualismo personal.
  • De un universalismo moderno al pluralismo posmoderno-
  • La desaparición del sujeto individual (o la “muerte del sujeto” como tal, del individuo autónomo), y su consecuencia formal, el desvanecimiento progresivo del estilo personal y único.

Refiriéndose a los procesos dominantes que se despliegan en lo que solemos llamar sociedad posmoderna, Gilles Lipovesky plantea una serie de características que resumo puntuándolas:

 

  • Acentuado proceso de personalización:
  • Personalización del presente mediante salvaguarda del pasado.
  • Personalización y liberación del espacio privado, que lo absorbe todo en su órbita, incluidos los valores trascendentales.
  • Individualismo narcisista
  • Personalización de la naturaleza, considerándola como un interlocutor (ecologismo).
  • Aumento de la esfera privada:
  • Cuidado de la salud.
  • Preservación de la situación material.
  • Desprendimiento de los complejos.
  • Proceso de responsabilización:
  • Individual
  • Social
  • Planetario (ecológico).
  • Indiferencia sistemática y operacional:
  • Vacío de sentido, hundimiento de los ideales, esto produce una apatía de las masas que hace que no aumenten ni la angustia ni el pesimismo ni la sensación de absurdo.
  • Bulimia de sensaciones
  • Relajamiento que elimina la fijación ascética.
  • Deja atrás la angustia y la nostalgia de sentido.
  • Ausencia ineluctable, estética, como guía de la exterioridad y la distancia (debida al exceso de excitación, no por privación).
  •  Saturación de información y aislamiento.
  • Atomización de la sociedad.
  • Crisis de confianza.
  • Deserción social.
  • Aceleración de las experimentaciones capitalistas.
  • Capitalismo permisivo y hedonista.
  • Neutralización y banalización sociales.
  • Individualismo puro, es decir, liberado de los encuadres de masa y enfocado a la valoración generalizada del sujeto.
  • Nueva bulimia: consumo de conciencia.
  • Desapego emocional.

 

Podemos coincidir con todas estas características o sólo con algunas, pero lo cierto es que nuestra sociedad actual dista bastante de la tradicional y que por lo tanto todas estas transformaciones van perfilando modelos de subjetividades que conmocionan todas sus instituciones y por ende el matrimonio y todos los vínculos de pareja que están por fuera de él.

 

Cuando distintos autores se refieren a las identidades emergentes en estos tiempos “posmodernos”, se subraya el carácter individualista, el vacío de lo social, se habla de incertidumbres, de identidades light, es decir ligeras, etéreas, sin espesor; de vínculos y amores líquidos, de identidades múltiples que cuestionan la propia noción de identidad haciendo pensar en un proceso de desidentificación o de resignificación de identidades en plural.

Hay una palabra alemana que refleja en gran medida lo que pasa en el mundo contemporáneo; Unsicherheit la cual fusiona tres palabras del español: incertidumbre, inseguridad y desprotección. Ante la pérdida de referentes y ante la incapacidad de la teoría crítica o del mismo momento histórico de imponer otros, las palabras anteriores son las que más se adecuan a este momento de inflexión en la historia

El trabajo y la sociedad se mueven con respecto a los cambios del mercado, y al ser éste un ente que se encuentra en constante movimiento, sólo importa hoy, lo dinámicas que sean las instituciones, por lo que no se permite dar certidumbre en ningún ámbito de la sociedad. A partir de la flexibilización del trabajo ya no actúan como entes colectivos sino como entes individuales preocupados por dar seguridad a su vida sin importar cuanto se afecte a los demás; en nuestra época la competencia es la que rige el comportamiento de las personas. La flexibilización del trabajo actúa como mecanismo de creación de inseguridad mediante la constante renovación del contrato, no permite que el derecho cobre fuerza, lo que hace que las personas no tengan la opción de una vida segura.

Habermas se lamenta del ambiente anti-ilustración que se ha generalizado a partir de la segunda posguerra. Via Nietzche, según plantea Habermas, el pensamiento posmoderno se halla inundado de un rechazo de las ideas de universalidad, racionalidad, verdad y progreso propio de la modernidad, lo que convierte al “pos” en un “anti” modernismo.

 

Ni siquiera los vínculos amistosos ahora son a largo plazo, debido a la movilidad exigida por el trabajo, las relaciones se vuelven más frías y efímeras, actúan como si fueran una inversión que se puede mover de un país a otro con solo apretar un botón.

El cuestionamiento sobre las «estructuras familiares tradicionales», la liberación femenina y por ende la exigencia de la igualdad ante el hombre, la flexibilidad del trabajo, la movilidad del lugar de residencia a la que puede conducir y la individualidad del individuo, son solo algunas de las características de la sociedad actual, ante las cuales la pareja actual no puede permanecer indemne. La mujer dejó de dedicarse solamente al hogar -adoptando otros roles- salió a las calles en busca de empleo, lo  condujo a una independencia económica, por medio de la cual ya no tenía que depender forzosamente del hombre. Con lo cual, la liberación no solamente fue sexual, sino también económica.

El cambio revolucionario de la mujer

Dice C. Castoriadis al respecto:”La transformación social e histórica más importante de la época contemporánea… no es la revolución rusa ni la revolución burocrática en China, sino el cambio de la situación de la mujer y de su papel en la sociedad. Este cambio, que no constaba en el programa de ningún partido político (para los partidos “marxistas” tal cambio no podría ser más que el subproducto, uno de los numerosos subproductos secundarios de una revolución socialista) no ha sido realizado por dichos partidos. Se ha efectuado de manera colectiva, anónima, cotidiana por las mismas mujeres, sin que ellas siquiera se representaran explícitamente las finalidades; en tres cuartos de siglo, durante las veinticuatro horas del día, en casa, en el trabajo, en la cocina, en la cama, en la calle, ante los niños, ante el marido, han transformado gradualmente la situación. Es algo que los planificadores, los técnicos, los economistas, los sociólogos, los psicólogos, los psicoanalistas no sólo no previeron, sino que ni siquiera pudieron verlo cuando comenzó a manifestarse”.

La vida en familia deja de ser uno de los principales logros para los individuos, en especial para las mujeres, las cuales no ven más la vida en familia como la realización total, ya que en la vida moderna los hijos se convierten en un obstáculo para el desarrollo profesional de la mujer. El divorcio se vuelve un arma de las sociedades modernas dando mayor margen de acción a los individuos; mediante éste se puede volver a revisar todo, cambiar de pareja o separase por un tiempo. La sociedad da una flexibilidad tal, que ahora todo parece permitido.

Una creciente independencia de las mujeres, económica y psicológica, el control de la maternidad, la opción al divorcio de mutuo consentimiento, la despenalización del adulterio, la liberalización general de las costumbres y el relativismo moral han creado un medio más fluido contra la viscosidad moral y social de la etapa anterior. Ni la mujer, que posee un trabajo en los dos tercios de los casos, se deja conducir, ni mucho menos subordinar a la manera que aún fue habitual en la generación previa. Hace  medio siglo atrás reinaba la pareja fusional, esa que de dos quería hacer uno, mientras que hoy aparece, entre las gentes de 25 a 35 años, la pareja fisional, con una prevalencia creciente de la individualidad personal, “libres ensemble”, dicen los franceses (libres juntos), “alone together” en EE.UU., parejas que plantean esta nueva forma de cohabitar, casados o no, de diferente o de igual sexo, adultos con o sin hijos. Cada parte de la pareja ratifica, de vez en cuando, el feliz deseo de estar juntos, envía una u otra vez señales de sentirse enlazado a su partenaire , pero no se pliega a un modelo de vida que impondría el otro. El matrimonio es hoy más tardío y a menudo se produce después de un periodo de cohabitación, no se trata ya de entrar en una institución o de simplemente reproducir un rito, sino de construir una nueva pertenencia, hacerse cargo de la situación.. En el seno de la pareja, conviene ser «libres juntos», según la expresión de François de Singly. Es preciso elaborar un espacio para vivir juntos y al mismo tiempo respetar al otro cuando desea definirse como individuo en soledad.

La gran revolución protagonizada por la mujer, el desarrollo del feminismo, de los movimientos de mujeres (como las famosas “Madres de Plaza Mayo” en nuestro país) y su participación en la democratización del país en los años ochenta, las Convenciones Internacionales, entre otros, condujeron a que la democratización política se acompañara por demandas de las mujeres a la democracia, factor clave para comprender el inicio de las reformas jurídicas en materia de familia, filiación, divorcio, violencia doméstica y sexual.

 

Si bien se señala que las transformaciones familiares contemporáneas están caracterizadas por la tendencia a la democratización de la vida privada –proceso que cohabita con distintas formas familiares monoparentales, recompuestas, unipersonales, nucleares; con la libertad de elección; con variadas formas de construir y gestionar el universo privado que muestra una emancipación de lo individual con respecto de las antiguas tutelas familiares; con un proceso de individualización que va de la mano con la tendencia hacia la des-institucionalización de la familia– estos cambios coexisten con la reproducción de patrones familiares y de género heredados del pasado. A veces se da una rara mixtura que confunde a los propios protagonistas y es generadora de un tipo específico de conflicto para los integrantes de la pareja.

 

 

Hacia la muerte del patriarcado

Elizabeth Badinter es una de las tantas autoras que se arriesga a declarar  la muerte del patriarcado. Para ella, la revolución feminista que se desarrolla en las décadas del sesenta al ochenta, ha transformado las relaciones entre los géneros aún cuando no se tenga plena consciencia de ello. “El poder paterno y marital está en vías de desaparecer. El poder ideológico, social y político del hombre está seriamente corroído. La muerte del patriarcado resulta de una doble subversión: el padre perdió su prestigio y Eva modificó su distribución”

Para esta autora, los dos pilares de apoyo del patriarcado -el control de la fecundidad de las mujeres por parte de los hombres, y la división sexual del trabajo- se han derrumbado. Yo agregaría que está en proceso de derrumbe. Es cierto que en las últimas décadas el control de la fecundidad ha pasado a manos de las mujeres y ellas han penetrado en la esfera pública del trabajo productivo masculino. Esto implica, sin dudas, el inicio de profundos cambios, que se harán sentir de manera muy lenta pero sostenida en las próximas décadas. Pero todavía en la mayoría de los países en desarrollo, la diferencia de las condiciones de trabajo entre el hombre y la mujer son marcadas. Y otro tanto ocurre en la vida familiar. Todavía se nota que la mujer sigue cargando, con  mayor responsabilidad que el hombre, la mayoría de las tareas hogareñas. Es muy característico escuchar en las conversaciones con parejas, como el hombre, al sentirse reclamado por la mujer de su poca participación en las tareas hogareñas, suele expresar: “pero yo la ayudo”, lo cual revela que la responsabilidad le cabe a ella, y que él se erige sólo en un colaborador.

Destradicionalización de la conciencia y procesos de secularización.

Tratando de  explicar esta tendencia que se observa a nivel planetario, algunos autores, como decía más arriba, han acuñado algunos términos muy descrptivos. Uno de ellos es Ulrich Beck, quien señala que “las relaciones tras los muros de la privacidad” ya no siguen los patrones tradicionales. A lo que asistimos, según este autor, es una profunda mutación del ámbito familiar, resultado de lo que él llama una verdadera destradicionalización de la conciencia a la cual el derecho se adapta con dificultades. Es decir, hay un cuestionamiento y modificación de las costumbres sociales tradicionales.

El sustrato normativo y de pautas de conducta que antes daba estabilidad a los sujetos, adquiere una dinámica de modificación permanente, fenómeno que hace particularmente difícil cualquier rol: en el caso que me ocupa, ser marido, ser esposa, o ser adolescente, puesto que los referentes fundados en la tradición se debilitan profundamente. Todos tienen que buscar, a tientas, su camino para ser adultos. Ya los roles antes mencionados no tienen un libreto preciso de cómo ejercerlos, son cuestionados día a día y se van ajustando a cambios y variaciones que ocurren en el macro contexto.

El otro concepto de alto valor descriptivo y que tiene mucha relación con las transformaciones que vienen sufriendo las parejas,  es el de secularización.  Es el proceso que experimentan las sociedades a partir del momento en que la religión y sus instituciones pierden influencia sobre ellas, de modo que otras esferas del saber van ocupando su lugar. Con la secularización, lo sagrado cede el paso a lo profano y lo religioso se convierte en secular. Un ejemplo claro de secularización es, en el caso del cristianismo, la Ilustración. La secularización implica una “mundanización” (sin querer dar a esta palabra ningún sentido peyorativo) de la religión y la sociedad, y sigue siendo también un tema de interés filosófico, sobre todo a la hora de plantear las relaciones que debe haber entre la religión, la política y la ética.

«Secularización» proviene del latín seculare, que significa “siglo” pero también “mundo”. De ahí que secular se refiera a todo aquello que es mundano, por oposición a lo espiritual y divino. De saeculum también deriva la palabra «seglar», con la que se designa a los miembros de la Iglesia que no son clérigos. Así pues, «secular» se opone a «religioso», como «profano» se opone a «sagrado».

  • El término ha servido para designar la pérdida de propiedades de la Iglesia y su paso a manos del Estado o de la sociedad civil.
  • El término «secularización» también designó la progresiva independencia del poder político respecto al poder eclesiástico. En este sentido, secular equivale a laico, es decir, a no-confesional. Con la secularización el Estado deja de ser confesional, se emancipa de cualquier tutela religiosa y se convierte en un Estado laico.
  • En un tercer sentido, «secularización» se refiere a la pérdida de influencia de la religión en la cultura. Si en alguna época estuvieron sometidas a la influencia de la Iglesia, con la secularización, la ciencia, la moral, el arte, etc., recobran su papel al margen de lo religioso.
  • En cuarto lugar, la «secularización» designa la autonomía de la sociedad en general y de sus instituciones (enseñanza, sanidad, asistencia social, etc.) frente a las instituciones religiosas que, tradicionalmente, habían tenido mucho más peso.
  • Finalmente, la «secularización» es una manera de hablar de la decadencia de las prácticas y creencias religiosas que se observa en las sociedades modernas.

 

La idea de “relaciones puras”.

No todo es visto como negativo en los tiempos que corren. Como decía antes hay muchos detractores pero también se observan autores que se refieren a fenómenos actuales desde una postura optimista. A. Giddens, sociólogo inglés, es uno de ellos. Habla a este respecto de relaciones sociales postradicionales o posnormativas o relaciones puras, significando con esto último que se trata de relaciones reflexivamente contraídas, controladas y sostenidas. Son relaciones que tienen mayores grados de libertad para los individuos,  que ya no se reconocen en tradiciones que consideran vacías de sentido; como contrapartida los lazos sociales y las identidades se vuelven más precarias. Para el caso de las parejas, considero que esta idea está relacionada con lo que señalaba antes sobre la secularización, ya que no se apela para sostener el vínculo a leyes religiosas, que en la mayoría de los casos son portadoras de grandes índices de culpabilidad y represión.

El valor de la autenticidad pasa a ser fundamental  y las relaciones se desprenden de garantías externas: el “contrato” se negocia y se recrea permanentemente en la esfera de la intimidad. Es en esa misma esfera donde, eventualmente, se define la disolución del lazo social. Nadie se amarra a nada “porque sí”. Otro concepto clave de este autor es el de desanclaje  que es la capacidad de la modernidad para disociar tiempo y espacio, donde las relaciones sociales se desarrollan con un máximo de abstracción, eliminándose las relaciones cara a cara.

Este autor nos habla también como producto de esas relaciones puras, del  amor confluente, que se basa en  la introducción del goce y disfrute de lo sexual como elemento central de la relación a partir del bagaje y la experiencia personal de ambas partes, también tiene la característica de no ser monógamo en el sentido de exigir exclusividad sexual. Se sostendría sobre la base de la satisfacción de ambas partes y la voluntad de establecer la relación. Permitiría la construcción de un proyecto reflexivo de uno y del otro a partir de la reconstrucción emocional de un pasado conjunto que permitiría proyectar una narrativa coherente hacia el futuro. Así los valores centrales  de este tipo de relación serían los de respecto, la comunicación y la solidaridad (propios del auge del modelo democrático del mundo) y estarían unidos a un pragmatismo que se reflejaría en una mirada realista, no romántica de las relaciones de pareja, los cuales le darían un carácter de contingente y no dependiente. Me extenderé más sobre este tema en otro capítulo cuando me refiero a los “tipos de amor”.

 

Nuevas redes sociales: tribus o neocomunidades.

El concepto de nuevas tribus, acuñado por Michel Maffesoli se refiere al  ámbito de investigación de la sociología urbana, donde este autor plantea algunas claves interesantes para leer la sociabilidad en un contexto que él, siguiendo a Lyotard, no duda en calificar de posmoderno. Las ciudades contemporáneas –observa Maffesoli– pueden hacerse inteligibles a partir de la dialéctica masas-tribus. La masa opera como polo englobante y la tribu como una cristalización particular neocomunitaria.

Fernando de Laire, sociólogo chileno, prefiere llamar neocomunidades  en vez de tribus, ya que éstas se refieren a un tipo de comunidad tradicional, mientras que ahora al ser los vínculos  reflexivamente contraídos, por lo tanto revocables, y no adscriptivos hace una diferencia fundamental. De allí la necesidad del término: neocomunidades.

Las barras bravas en los estadios; los grupos de aficionados a los manga que se reúnen a intercambiar ejemplares de estas tiras cómicas e información sobre los autores; los rituales que nos hablan de un sentimiento de pertenencia a una microcomunidad, pequeñas comunidades que se reúnen alrededor de ciertas prácticas sexuales como los BDSM, todos ellos pueden concebirse como esfuerzos de recreación de lazo comunitario. Giddens  llama a esto episodios regionalizados.

Maffesoli dice que estas tribus se rigen por la ética del instante. Con ello quiere significar que existe compromiso e implicación afectiva, según un código ético específico, pero ellos están marcados por la fugacidad, a lo que F. de Laire llama levedad.

Se crean “multitud de poblados” que se entrecruzan, se oponen y se ayudan, conservando y recreando continuamente sus identidades. La ciudad deviene una multitud de esos “territorios” donde las gentes, y en particular los jóvenes, de una manera efímera, se enraciman, se repliegan, buscan abrigo y seguridad

También estos “poblados” pueden ser un territorio simbólico en general, mediado por las nuevas tecnologías de la información, creando foros virtuales o el fenómeno chat. Moles ha acuñado el término “la galaxia electrónica” para referirse a este espacio potencial de constitución de nuevos lazos sociales –con contenido cultural, comercial y político. Todos estos fenómenos de alguna manera contribuyen a la sociabilidad aunque en forma diferente a otras épocas, a pesar de los peligros desubjetivizantes de la actualidad.

Me parece oportuna la reflexión que hace F de Laire: “El carácter heurístico del concepto de tribu se ve reforzado cuando se analiza el fenómeno del número creciente de personas que deciden permanecer solteras en las sociedades contemporáneas; cuando se estudia el comportamiento de estas personas, se ve que ellas pertenecen –de manera alternante o simultánea– a una multiplicidad de tribus: deportivas, estéticas, religiosas, de servicio a la comunidad u otras. La duración de la permanencia en cada una de ellas depende del grado de compromiso que desarrolla cada uno de los participantes. El lazo social es efímero, desde luego, pero ello no significa que no pueda ser intenso. Es así que algunos autores han observado que, en las sociedades actuales, ser soltero no es sinónimo de vivir en aislamiento.

Noto una oincidencia con esto, en el planteo de Lyotard, cuando sostiene que en el contexto actual, el individuo no está aislado, sino que está inmerso en medio de una red de relaciones más complejas y más móviles que nunca. Y agrega: “Joven o viejo, hombre o mujer, rico o pobre, siempre está situado sobre “nudos” de circuitos de comunicación, por ínfimos que estos sean”. Por supuesto que contribuyen a este fenómeno las tecnologías de la información. Este es uno de los aspectos por los cuales Castells señala que el desarrollo revolucionario de las nuevas tecnologías de la información es una fuerza que penetra el núcleo de la vida y la mente.

Maffesoli al analizar este fenómeno de la “tribu ciudadana” ha puesto de manifiesto la creciente importancia de los ritos, como forma de reconstitución de la religiosidad (religare),  en  un contexto en que las ideologías pierden peso específico y, de manera correlativa, el proyecto, el futuro, ya no sirven como cemento a la sociedad, el ritual revitaliza cíclicamente el sentimiento de pertenencia y permite a los individuos atenuar la angustia que plantea el presente a ultranza. Maffesoli aventura el concepto de racionalidad intensiva, organizada en torno a un pivote, que puede ser: un gurú, el gusto por la acción, el placer, el espacio, etc. Agrega: “el fenómeno culinario, el juego de las apariencias, los pequeños momentos festivos, los paseos diarios, el ocio, etc. Ya no pueden considerarse como elementos frívolos o carentes de importancia en la vida social”. Paradoja aparente: la frivolidad, lo nimio, pueden ser centrales, constitutivos en la identidad del sujeto, y en particular del sujeto joven.

Predominio de  volatilidad o levedad como una de las  formas de construir sociedad. De pronto se producen ciertas cristalizaciones pero que al poco tiempo se diluyen a la espera de otras que le sucederán. Se vive en un universo posnormativo, donde el sujeto aspira a la construcción de sus propias normas.

Es si quiere, tambíen, un individualismo narcisista que se caracteriza no sólo por la “auto-absorción hedonista” (Lipovetsky) sino por la necesidad de agruparse con individuos semejantes, en pequeñas iglesias (o tribus) de correligionarios pasajeros en donde todos hablan y nadie escucha porque nadie está interesado en el otro como tal, sino tan sólo en comunicar por comunicar, en una “connivencia con la desubstancialización postmoderna, con la lógica del vacío”. La soledad nacida de la diferencia, pero de la diferencia hipertrofiada por ese individualismo narcisista, hace que muchos se encuentren en la situación que Augé denomina “rapport solitaire au monde”.

Mi yo, volcado sobre mí mismo en mi reflexividad compulsiva, frente a un mundo vacío de alteridades significativas y relevantes. El diálogo, que por definición es conversación de dos sujetos, se convierte en una caricatura en que los sujetos hablan pero nadie escucha. Son meras presencias, soledades compartidas. Este hombre solitario es el habitante de los no-lugares, el que refuerza la paradoja de la multitud solitaria y de los espacios hacinados pero vacíos. El término “no-lugares” como señalé anteriormente pertenece al antropólogo francés Marc Augé : “El no-lugar, es el espacio de los otros sin la presencia de los otros, el espacio constituido en espectáculo, espectáculo él mismo que está prisionero en las palabras y en los estereotipos”.

El concepto del no lugar es, para este autor prototípico de la ultramodernidad. La ultramodernidad está constituida por la superposición contradictoria de tres excesos, de tiempo, de espacio y de individualismo. (1) Hay superposición de historias, de tiempos y de ritmos de tal modo que se ha perdido el sentido de la historia como hilo conductor de las biografías individuales; (2) hay desterritorialización de los espacios antes propios y a la vez estrechamiento o encogimiento del planeta de tal modo que los sujetos han sido expulsados de sus lugares tradicionales en donde había otros sujetos significativos; y (3) hay disolución de los lazos sociales que aseguraban cierta normatividad colectiva de tal modo que hoy cada uno se ve forzado a “hacer las cosas a su modo”. Este “a mi modo”, que pasa de la necesidad a la complacencia, puede tomarse como la mejor expresión del exceso de individualismo. Dice Augé que la extensión de los no-lugares a la tierra entera, en proporciones todavía desiguales, junto con el debilitamiento o ruptura de los lazos sociales que soportaban al individuo en su existencia, han tenido como consecuencia el forzamiento de una relación solitaria de cada sujeto con el mundo. Esta soledad del sujeto parece estar relacionada causalmente con la vaciedad de otros sujetos que caracteriza a los no lugares porque la soledad consiste en la imposibilidad de hacer un puente –un entre nos— con algún otro sujeto. El “no lugar” lo comprobamos en los “shopings”, aeropuertos, hoteles, que por otro lado, tienen casi todos una misma estructura  a pesar de estar en lugares muy difrentes y distantes entre sí. Son lugares del perfecto anonimato donde el individuo actual actúa y además se refugia.

 

  1. Todorov, francés por adopción; plantea que la nueva barbarie consiste en que en nuestra sociedad actual hay cada vez más frecuentemente una especie de destrucción del lazo social,  de la idea misma de norma. La destrucción de la relación entre las generaciones. Cree que en la época contemporánea, en este inicio del siglo XXI si hay una miseria nueva, es lo que resulta del reencuentro de estos dos movimientos en principio separados que son la pérdida del lazo social y la explosión tecnológica en nuestra vida diaria (la tecnología que interviene en nuestra cotidianidad: la televisión, el celular, la computadora, Internet). Hay que recordar que el individualismo es una cosa muy reciente, estamos aún descubriendo los beneficios de la libertad individual, de hacer lo que uno quiere. Se va de vacaciones aquí,  está uno casado, otra no, otro con un hombre, otra con una mujer. Todo esto es un descubrimiento muy reciente, y él piensa que vamos a tomar pronto conciencia de lo inverso, del contragolpe de esta libertad y entonces veremos una transformación. Libertad quiere decir que ciertas ataduras se suprimen, pero no existe un hombre que viva sin constricciones, sin relaciones.

Pero creo que no tenemos que situarnos en una posición hecatómbica con respecto  a esta realidad. La destradicionalización de la conciencia, la reflexividad social, la capacidad de cuestionar y reformular constantemente lo establecido, y la reflexividad individual, la capacidad de cuestionarse y redefinirse identitariamente a sí mismos, tiene tambíen a mi manera de ver, mucho de positivo. No todo lo pasado fue mejor. Seguramente para los que hemos vivido otras épocas donde los lazos sociales eran diferentes,  pueden parecernos inauditas estas formas de sociabilidad.

La “globalización económica

Los efectos perversos en las relaciones laborales de la “globalización económica” auspiciada por el neoliberalismo, es otro de los “males” que acechan a la subjetividad actual. El incremento de las desigualdades sociales y territoriales, la sobreexplotación del medio ambiente, la represión de la actividad sindical en pequeñas o medianas empresas, la marginación laboral y social – sufrida sobre todo por las mujeres y los jóvenes – la explotación laboral de niños y niñas… son algunos de los efectos perversos de la globalización. Sin duda ya no es “políticamente correcto” decir que el consumismo es una patología lacerante de las sociedades avanzadas que, aparentemente opulentas, se enfrentan a otras poblaciones donde carecen hasta de lo elemental para la subsistencia física.

Sintetizando.

A continuación trataré de reflejar en una síntesis muy apretada aquellos aspectos que priorizo de lo viene sucediendo en nuestra sociedad actual para luego relacionarlos con los cambios y transformaciones que se concretizan en los vínculos actuales de parejas.

Emergentes significativos en nuestra contemporaneidad.

La innumerable cantidad  de cambios económicos, demográficos, tecnológicos, biomédicos y sociales, producidos en las últimas décadas, tienen una serie de repercusiones que afectan a los vínculos de pareja y a la vida familiar, lo que va produciendo una diversidad de modelos de convivencia (o no convivencia). Cada uno de los aspectos citados más abajo, en forma sintética, se entrelaza entre sí y van instituyendo modificaciones en la subjetividad y en todas las prácticas sociales. Sólo en un sentido organizativo ubico en primer lugar los conceptos  más generales e incluyentes y luego los cambios más concretos y específicos, ya que es a través de las diferentes prácticas sociales en constante transformación como nos damos cuenta, luego, de lo que va quedando como instituido, que a su  vez, al ser nombrado revierte sobre esas mismas prácticas. Subrayo, además, que considero la posmodernidad como un proceso general de reorganización económica, de reorganización social. Son fenómenos estructurales que se están produciendo casi simultáneamente en diferentes culturas. De esa manera se puede hablar de política posmoderna, economía posmoderna, etc.

 

Destaco como prioritario:

Nuevas corrientes del pensamiento (¿filosóficas? Nietzche, Heidegger, Badiou, Habermas, Derrida, Deleuze, etc.). Caída del positivismo y nuevos paradigmas científicos: epistemología de la complejidad.

Nuevas concepciones sobre realidad, objetividad, verdad, sujeto, organización (Todo no sólo es más que la suma de las partes, sino que también es menos que la suma de las partes. Esto muy importante, por ej., para pensar la pareja.)

Del concepto de causalidad al de “condiciones de emergencia”. (Las emergencias son propiedades de la globalidad que surgen a partir de la integración; son un rasgo de la totalidad, pero no son la totalidad).

Caída de los ideales y paradigmas de la modernidad: fe en la razón, el progreso, la evolución.

Decadencia del patriarcado.

Cambio de la situación de la mujer y de su papel en la sociedad. Liberación (revolución) de la mujer.

Destradicionalización de la conciencia.

Secularización y desacralización progresiva y acelerada de las costumbres y el relativismo moral.

Revolución tecnológica. Multiplicación de nuevas tecnologías en todas las ciencias. Gran desarrollo de los medios de comunicación.

Globalización. Procesos de homogenización y estandarización de la cultura.

Reconceptulización de la visión que se tenía del mundo y todo el sistema de valores.

Expansión (y mayor aceptación) de la diversidad.

Aparición de múltiples tribus o neocomunidades.

Capitalismo mundial e integrado como único sistema económico (porque potencialmente ha colonizado el conjunto del planeta).

Marcado consumismo social.

Flexibilidad laboral.

Revolución sexual.

Cómo impactan y se plasman los efectos de la posmodernidad en la subjetividad, en las prácticas sociales y especialmente en la constitución de parejas y familias.

Individualismo a ultranza.

Hedonismo consumista. Búsqueda exagerada del placer

Culto a lo  privado,

Ansia de éxito, de imagen y de poder-

Cultura de la inmediatez.

Exagerada “cultura del yo”.

“Cultura del narcisismo”.

Exhibicionismo de lo íntimo y lo privado. Sociedad del espectáculo.

La cultura de masas como elemento fundamental de la “producción de subjetividad capitalística”. (Individuos normalizados, articulados unos con otros según sistemas jerárquicos, sistemas de valores, sistemas de sumisión).

Cuestionamiento sobre las «estructuras familiares tradicionales»,

Liberación de las costumbres.

Pasaje de los lugares a los no-lugares. De lo real a lo virtual.

Exigencia de la mujer de  igualdad ante el hombre.

Una creciente independencia de las mujeres, económica, cultural y psicológica.

Control de la maternidad. (Sexualidad plástica).

Opción al divorcio de mutuo consentimiento.

Despenalización del adulterio.

Vínculos de pareja reflexivamente contraídos, por lo tanto revocables, y no adscriptivos.

Ética del instante, marcada por la fugacidad (levedad).

Mayor reflexividad social, capacidad de cuestionar y reformular constantemente lo establecido, junto con la reflexividad individual.

Democratización de las relaciones y las costumbres.

Aumento de uniones consensuales y contingentes.

Caída del amor romántico como única opción para la unión de parejas.

Aumento de la edad del matrimonio.

Variación de los roles del hombre y la mujer en las parejas conyugales. Distribución más equitativa del trabajo familiar.

Debilitamiento de la “función paterna”. (Carencia de limitación del goce).

Búsqueda de simetría del poder dentro de las parejas.

Caída del valor de perdurabilidad. Sustitución del amor “para toda la vida”, por el “mientras dure”.

Búsqueda exagerada de la satisfacción personal. Mandato del goce.

Uniones y parejas homosexuales.

Mayor diversidad de prácticas sexuales y mayor aceptación de las mismas. (Swingers, poliamor, sexo con travestis, homosexualidad y lesbianismo episódico, bondage, sado-masoquismo).

Mayor importancia a las decisiones y proyectos personales. Más autonomía personal en ambos sexos. (Autorrealización de las potencialidades personales).

Disminución de la sexualidad reproductiva.

Crecimiento de familias ensambladas (complejas) y monoparentales.

Conformación de parejas distintas a la matrimonial tradicional: parejas de no convivencia, parejas libres, de segunda o tercera vuelta, parejas de prueba, consensuales, virtuales, matrimonios abiertos, parejas sin hijos (dinkis).

Pasaje de la mujer como objeto de deseo a mujer deseante.

Caída del hombre como proveedor-protector omnipotente.

Disminución de la “sexuación del dinero” protagonizada por el hombre.

Caída del ideal de mujer maternal.

Disminución de la tasa de fecundidad.

Desacople entre pareja conyugal y familia.

Ganancia cada vez mayor de espacios privados y públicos por parte de la mujer.

Flexibilización de la censura y culpa ante el divorcio y las separaciones en general.

Importancia y consideración permanente del erotismo. (Ars erótica).

Mayor flexibilidad con respecto al sostenimiento de la exclusividad sexual. (Devaluación de la fidelidad tradicional).

Reivindicación de la alteridad radical del otro.

Aparición de otras formas de entender el amor (confluente, realista, consensual).

Aumento de la banalidad y la insignificancia.

 

 

 

 

Bibliografía.

En el glosario que se encuentra al final del libro, hago referencia a una serie de términos descriptivos y explicativos que intentan capturar  formas, procesos, fenómenos, conceptualizaciones de nuestra época actual.

 

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oscar@decristoforis.com.ar

www.decristoforis.com.ar

 

 

 

 

[1

  • Uso desconstrucción, y no deconstrucción, como suele usarse cuando se traduce la operatoria del filósofo J. Derrida, ya que corresponde el uso del prefijo des. Sin la s sería un galicismo.
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