ANUARIO REDES Y PARADIGMAS N° 4- FUNDACIÓN PROSAM

ANUARIO REDES Y PARADIGMAS N° 4- FUNDACIÓN PROSAM

VULNERABILIDAD SOMÁTICA EN FAMILIAS               

 

                  La idea de vulnerabilidad somática dentro del campo psicosomático es un concepto-herramienta que reviste importancia no sólo en la teoría sino fundamentalmente en la clínica. Por otro lado, la familia, entre las múltiples funciones que cumple, también interviene en la construcción de la imagen corporal (consciente e inconsciente) y en general, en la unidad psicosomática, dos organizadores fundamentales que  garantizan, en alguna medida, la salud psicofísica de una persona a lo largo de la vida.

En el seno familiar se producen, en torno al cuerpo y sus representaciones (conscientes e inconscientes), procesos esperables y otros de índole perturbadora que tendrían destacada participación en la instalación, desarrollo, cronificación y/o recuperación de enfermedades somáticas. Se hace imprescindible, entonces, reflexionar e investigar en torno a ciertos mecanismos operantes en las familias, que contribuirían a la instalación de una tendencia a la “actuación somática” en uno o varios de sus miembros, por un lado, y a conformar individuos vulnerables a las enfermedades somáticas, por el otro.

Entender esos procesos como predisponentes, posibilitantes o potenciales, no implica considerarlos simplemente como causales (en el sentido de una causalidad lineal, clásica), ya que deberá incluirse al mismo tiempo lo imprevisible (lo azaroso) en el devenir de un sujeto. Podríamos pensarlo como “condiciones de emergencia”

Es importante también analizar actitudes parentales hacia el niño tales como sobreprotección, control exagerado, vínculos fusionales; actitudes ante las enfermedades: formas de reacción, búsqueda de dominio de la situación, formas de elaboración y de sostén; actitudes del miembro enfermo: pasividad, desesperación, desinterés, falta de colaboración, rechazo a la contención y contacto.

No menos valioso será investigar la actitud de los padres con respecto al/ los médico/s tratante/s o equipo terapéutico y las relaciones que establecen (o pretenden establecer), de rivalidad, de omnipotencia, confusionales, de acompañamiento, etc.

Aunque a veces indagar estos parámetros parezca alejarnos de la tarea específica de la “cura” de determinado enfermo, es precisamente contemplándolos, donde los procesos de recuperación se dan con mejores resultados. La enfermedad que alguien padece no es algo “per se” (aunque se la aísle para su estudio): siempre se expresa en un ser histórico que está vinculado en un determinado contexto de interacciones que a su vez está inmerso en un espacio sociocultural.

 

SOBRE EL CONCEPTO DE VULNERABILIDAD SOMÁTICA.

 

Cuando desde el enfoque psicosomático nos referimos a la idea de un sujeto  vulnerable a desarrollar enfermedades somáticas, estamos poniendo en correlación ese fenómeno con un determinado modo de organización psíquica. Sintéticamente podemos señalar algunas características de esa estructuración: a) marcadas fallas en los mecanismos de elaboración psíquica, que se manifestarían en la incapacidad de simbolización, un pensamiento de tipo operatorio (P. Marty) y alexitimia (Sifneos), incapacidad funcional de la actividad fantasmática, vacío representacional; b) perturbaciones en la estructuración narcisística (déficit narcisístico); c) deficitaria estructuración del preconciente (fallas, debilidad constitutiva, bloqueo; cantidad, calidad y fluidez de las representaciones).

Es, además, una escisión del polo psíquico del polo somático del afecto, dejando al soma encargado de resolver el conflicto a través de una solución orgánica. En este modo de funcionamiento mental hay un momento en que el espacio social externo no alcanza para evacuar el dolor psíquico, es así que el cuerpo se transforma también en escenario del conflicto, incrementando la vulnerabilidad somática.

Siempre hay que tener en cuenta que éstas son algunas de las más destacadas condiciones de vulnerabilidad (relación de implicancia), pero de ninguna manera de génesis en el desencadenamiento de una enfermedad somática.

La idea de un sujeto susceptible a contraer enfermedad ante situaciones conflictivas de difícil resolución, ha sido una preocupación constante en las investigaciones y desarrollos dentro del campo psicosomático.

Ser o estar vulnerable significa “susceptible de ser herido o vulnerado, en cualquier acepción, de sentir un daño o perjuicio, o ser afectado, conmovido o vencido por algo”. Muchos autores describieron y explicaron este estado de vulnerabilidad, relacionándolo fundamentalmente a:

  • Un modo particular defensivo
  • Una insuficiente organización representacional
  • Un tipo particular de estructura de personalidad
  • Duelos no elaborados (y depresión esencial)
  • Un déficit primario
  • Una carencia de recursos mentales
  • Una marcada tendencia a la descarga

Como señalaba más arriba, la vulnerabilidad somática se la relacionó con:

  • Conductas de sobreadaptación (Liberman)
  • Alexitimia (Sifneos)
  • Pensamiento operativo (Marty)
  • Fallas en los procesos de simbolización.

Estos factores, o alguno de ellos, podrían ser los puntos de partida o el sustrato necesario para hablar de “una estructura somato-psíquica vulnerable”. Si bien son conceptos, en su mayoría, que provienen del ámbito psicoanalítico, el concepto de vulnerabilidad es esencialmente interdisciplinario, ya que incluye el estudio de factores predisponentes, desencadenantes o que exacerban tanto el nivel psicológico como el somático.

La vulnerabilidad dependería del modo de enfrentamiento de los conflictos, de la naturaleza traumática o estresante de los mismos, de la red social afectiva con que cuenta el sujeto y de las carencias constitutivas de su unidad psicosomática.

 

EL LENGUAJE “EN” EL CUERPO

 

            Es muy conocida la metáfora “el cuerpo habla” para referirnos a formas no verbales de reacción frente a determinadas circunstancias donde el cuerpo expresa algo que luego decodificamos semánticamente. Como sucede con casi todo, en nuestras respuestas siempre estamos involucrados íntegramente, materia y espíritu, psique y soma.

Pero quiero acá destacar también la importancia “del habla en el cuerpo”, ese baño de lenguaje en el que estamos inmersos incluso antes de nacer.

Si pensamos el cuerpo no sólo como unidad anátomofuncional sino esencialmente fantaseada, veremos como éste puede ser afectado por influjos físicos o químicos, pero también por realidades de ficción y en última instancia por meras palabras. Por eso también el cuerpo puede ser susceptible a tratamientos psicoterapeúticos o a cualquier tipo de intervención simbólica.

La fisiología natural no alcanza para explicar el funcionamiento orgánico del hombre: también lo afectan desde temprano factores que están situados en el campo de la cultura.

 

El cuerpo se inserta e inscribe en un mundo simbólico que lo precede y lo significa: que necesita siempre de un otro que le otorgue cualidades diferenciales. El cuerpo es una realidad que se construye. El organismo, lo viviente, es diferente a lo que en psicología llamamos cuerpo. Para construir un cuerpo se necesita un organismo vivo más una imagen aprehendida en lo especular.

Hay autores que priorizan la relación madre-bebé (como Piera Aulagnier, l986) y destacan como el infante le propone el cuerpo a su madre para que ésta lo invista. Su cuerpo es hablado por los enunciados maternos. La madre es enunciante y el mediador privilegiado del discurso ambiental; lo conmina, le prohibe, le indica los límites de lo posible y lo lícito: es pues la semantizadora principal.

La madre, el padre, y en general todos los adultos que rodean al niño, no otorgan sólo frases y palabras con sentidos diferentes, sino que además las va impregnando con su propia corporalidad, con su emoción. Se produce un verdadero acto de habla (como lo plantea J. L. Austin): sus palabras pueden calmar, cuidar o despertar inquietud, insatisfacción en el bebé, crear distancia o cercanía, lo que significa la producción de un registro psíquico que es fundamental para la organización somato-psíquica de su hijo.

 

CONSTRUYENDO LA VULNERABILIDAD SOMÁTICA

 

Muchas veces esa importantísima función decodificadora (y codificadora) materna, que da sentido a las expresiones de placer y sufrimiento, suele ser también portadora de patología.

Decodificaciones discordantes o invertidas, entre lo que es vivido por el niño y lo que es decodificado por la madre, o tan sólo contradicciones entre lo que siente y transmite que crea mensajes indescifrables y confusos para el hijo. Todo eso puede ir minando la construcción de una adecuada imagen corporal inconciente y de una equilibrada unidad psicosomatica. No sólo las identificaciones participan en el complejo armado de la identidad de un individuo. También los enunciados identificatorios (Piera Aulagnier, l975), que al ser emitidos por un otro significativo de quien se depende afectivamente, determinan conductas y pueden plasmar a lo largo de la infancia importantes estructuraciones psicopatológicas. Dichos enunciados pueden ser además acompañados de reglas de enunciación identificatoria (H. Bleichmar 1981), que son normas para construir aquellas afirmaciones o creencias sobre la identidad, pudiendo crearse, para el caso que nos ocupa, un sentimiento de fragilidad corporal, o de hallarse en peligro mortal inminente, o simplemente de “ser” enfermo.

Otro tanto ocurre con el sentido que los padres atribuyen a la enfermedad orgánica, al cuerpo enfermo-dañado. Este sentido incluye el conjunto de contenidos semánticos expresados en creencias – elementos cognitivos dotados de certidumbre – que determinarán actitudes, es decir, las disposiciones a actuar frente a la enfermedad. Cada familia puede elaborar una verdadera mitología en torno a la enfermedad y que en algunos casos puede hasta llegar a ser incuestionable, inmodificable.

 

Cuando en una familia la enfermedad orgánica se manifiesta a repetición (o se cronifica), se hace imprescindible investigar y “tratar” el campo semiótico familiar en sus múltiples manifestaciones.

 

Todo lo expresado anteriormente es apenas un acercamiento a las formas en que las enfermedades orgánicas podrían irrumpir, desenvolverse, agravarse, cronificarse, repetirse, curarse, dentro de la estructura familiar.

 

SÍNTESIS DE ALGUNAS CARACTERÍSTICAS Y MODALIDADES MÁS FRECUENTES EN FAMILIAS CON TENDENCIA A LA SOMATIZACIÓN.

 

A continuación, y a manera de síntesis, se enumeran algunas características familiares observadas con frecuencia en la clínica, que predisponen a la actuación somática y al establecimiento de una tendencia a la vulnerabilidad somática.

 

* Familias donde prevalecen mecanismos de desmentida y desestimación, con vínculos predominantemente endogámicos

* Con prevalencia de rasgos y procesos narcisistas patológicos (lenguaje del yo-ideal);

* Con rechazo a una legalidad que regule los vínculos inmediatos;

* Con dificultades en la realización de procesos elaborativos (por Ej.: pérdidas sin procesos de duelo o realizados muy precariamente);

* Con poca capacidad simbólica, creativa y/o sublimatoria;

* Con tendencia a lo fáctico, concreto, (registro operatorio);

* Con dificultades en la tramitación de los afectos (en su aspecto cualificado: emociones) y en la enunciación y manifestación de los mismos (alexitimia);

* Con tendencia al predominio del placer de órgano por sobre el placer de representación;

* Familias donde lo pulsional prevalece por encima de los procesos anímicos más complejos, en que participan percepciones, huellas mnémicas, pensamientos inconscientes y palabras;

* Donde la espacialidad y la temporalidad es también prevalentemente económica: está constituida por números, por frecuencias o ritmos; hay un pensar numérico;

* Donde aparece abuso, sobre-estimulación o incoherencia (interés insuficiente o excesivo) prestado a las funciones del dormir, comer, evacuación, etc., que en general se corresponden en los hijos con respuestas perturbadas: anorexia, diarreas o constipación (por Ej. se llega al sueño a través del agotamiento y no como distensión y relajación);

* Madre enfermera, de tipo operatorio, vacuidad afectiva, que no cumple función protectora, frenadora de las excitaciones (por Ej. para el dormir); en algunos casos “madre-calmante” pero  casi nunca “sostén”;

* Familias en donde algún progenitor se arroga el derecho de tomar el cuerpo de un hijo como propio (por Ej. maltrato infantil), constituyéndolo como un patrimonio personal;

* Con un uso del lenguaje donde prima por sobre todo el valor y función de comportamiento, su rol de descarga motriz, muy ligadas las palabras a las percepciones y poco a las representaciones;

* Familias donde los afectos vivenciados son llevados inmediatamente a nivel de comportamiento, sin pasar, en general, por el filtro del trabajo fantasmático e intelectual;

* Madres y/o padres con características intrusivas donde tanto la presencia como la ausencia son  igualmente temibles;

* Familias donde lo erróneo asume un valor en lo cotidiano, (por Ej. error de maniobra: en vez de gritar, el bebé vomita, intercambio laringe [lugar de deseo-grito-llamado] por faringe [lugar de necesidad]. El placer-presencia de la madre para el hijo queda unido a la angustia de ella. (Cuando el placer de uno se obtiene gracias a la angustia del otro);

* Familias donde las enfermedades de cada uno de sus miembros, los trastornos funcionales, se erigen a manera de comunicación y regulación de los intercambios vinculares.

BIBLIOGRAFÍA:

 

Aulagnier, Piera.1975. La violencia de la interpretación. Amorrortu Ed. Buenos Aires.1977.

 

Austin, J. L. (1962). Cómo hacer cosas con palabras. Ed. Paidós, Barcelona.1990.

 

Bekei, M. y otros. Lecturas de lo Psicosomático. Lugar De. 1992.

 

De Cristóforis, O. Función semiótica parental y potencialidad somática. Jornada Interdisciplinaria de Medicina Psicosomática. Hospital Español. Buenos Aires. 1995.

 

De Cristóforis O. Cuerpo, vínculo y lenguaje en el campo psicosomático. Ed. Lugar. Buenos Aires. 2006.

 

Dolto, F. La imagen inconciente del cuerpo. Bs. As. Paidós 1984.

 

Kornblit, Analía Somática Familiar Ed. Gedisa. España 1884.

 

Liberman, D y otros. Del cuerpo al símbolo. Sobreadaptación y enfermedad somática. Santiago de Chile. Ananké. 19993

 

Marty, P. La Psicosomática del Adulto. Amorrortu. Bs. As.1992.

 

Zukerfeld, Rubén; Raquel Zonis Zukerfeld: Psicoanálisis, tercera tópica y vulnerabilidad somática. Lugar Ed. 1999.

 

 

 

 

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