LUCE IRIGARAY Y SU POSTURA SOBRE LA LIBERACIÓN DE LA MUJER

LUCE IRIGARAY Y SU POSTURA SOBRE LA LIBERACIÓN DE LA MUJER

Luce Irigaray, es una pensadora y filósofa del feminismo de la diferencia. Desde su libro Speculum, publicado en 1974, su crítica a la cultura patriarcal mono- sexuada ha sido central para un pensamiento y un hacer del mundo que rompa la idea del varón como el neutro universal y contenedor del género femenino. Su lucha ha sido una permanente búsqueda de condiciones para el desarrollo de una “subjetividad femenina autónoma”. Plantea la necesidad de refundar la familia basada en un reconocimiento entre hombre y mujer como personas civiles y no sólo como identidades naturales.

Tres intenciones organizan el desarrollo de su pensamiento: la crítica de una cultura de sujeto único, el masculino; la definición de parámetros que permitan la constitución de una subjetividad femenina autónoma, y la búsqueda de condiciones de posibilidad -filosóficas, lingüísticas, políticas- de una cultura de dos sujetos no sometidos uno al otro.

Valora el pensamiento oriental: un pensamiento más encarnado, expresión más cercana a la realidad y al lenguaje poético, sabiduría más atenta a la identidad femenina y más respetuosa del cosmos. Para ella, lo patriarcal, hace de la mujer un objeto de intercambio entre los hombres.

Sobre las parejas y las familias.

Actualmente en Occidente las familias explotan: padres y madres se separan, los hijos van de una al otro, del otro a la una. Volver a los antiguos modelos familiares no es una solución. Se trata más bien de inventar una nueva familia: no más esa en la cual cada uno o cada una pierde su identidad en un todo indiferenciado donde gobierna la madre en la casa y el padre, como ciudadano, dentro y fuera del hogar. Para salir de este tipo de comunidad familiar, ¿no sería la solución refundar la familia sobre una alianza entre el hombre y la mujer, reconocidos ambos como personas civiles y no solamente como identidades naturales? La familia se convierte así en un lugar en construcción de la comunidad civil y del devenir cultural de la humanidad. La filiación no es más su objetivo principal sino el florecimiento de la pareja y del mundo en el cual vive. ¿Por qué temer que este florecimiento se oponga a la generación, si éste toma el sentido no de un destino o de una obligación, sino de una unión más íntima y más completa?

El concepto de la diferencia entre hombre y mujer es la clave en su obra. Y esto me parece fundamental en su aporte, primero, porque creo que continuamente hay una confusión entre igualdad y equivalencia de los derechos. Segundo, porque devenir igual significa frecuentemente abolir la  identidad de cada uno. Más profundamente, yo diría que el mal de nuestra época viene sobre todo de una pérdida de la autonomía personal, resultante de una falta de cultura de la vida como tal, que hace que difícilmente nos encontremos el uno frente al otro.

Ella ve, entonces,  una manera de construir un universo cultural y social donde la relación de amor, afecto, interacción, respeto, tenga una mayor participación en la construcción de parejas y familias.

En el mundo entero no existen sino hombres y mujeres, de diferentes edades, diferentes razas, diferentes tradiciones. Desarrollar una cultura del respeto de la diferencia entre hombres y mujeres vuelve a construir las bases de una democracia universal, por lo que la desaparición de la diferencia o de las diferencias, conduce a la competencia, al conflicto, a la guerra.

La paridad debería comenzar al nivel de la ciudadanía entre mujeres y hombres, en la vida privada y pública. Para esta paridad, debemos completar el Código Civil. Por ejemplo, la mujer debe poder decidir libre y responsablemente sobre su maternidad, de lo contrario ella queda como menor de edad.

La obra de Luce Irigaray es la búsqueda de un futuro más justo y feliz para la humanidad. Ella lo vislumbra a través de una teoría y una práctica de la relación con el otro en el respeto mutuo de sus diferencias. Este encuentro entre dos es lo que posibilitará una mundialización no destructiva de las subjetividades singulares ni de las civilizaciones. Se comprende por ello su interés en la diferencia sexual, la relación más inmediata y más universal, fundadora de la célula de base y del conjunto de las comunidades humanas.

Su esfuerzo se dirige a la construcción de una cultura de dos sujetos respetuosos de sus diferencias, modelo para una coexistencia en la diversidad a nivel universal. (Así lo expresa en sus obras  “Amo a ti y Ser Dos”**).

Comúnmente, el término “feminismo” se entiende en un sentido igualitarista, o sea, que para emanciparse, las mujeres deberán ser iguales a los hombres. Ello supone alienarse aun más y voluntariamente a los valores de un mundo que no es el suyo. Ella piensa que liberarse consiste, para una mujer, sobre todo en la toma de conciencia de sus propios valores y en afirmar su derecho a existir en la vida privada y en la pública. Se trata de tomar conciencia de su sumisión a un sólo orden subjetivo, de descubrir y cultivar ese otro sujeto que es la mujer; de hacerla aparecer a nivel social como diferente y no de hacerla desaparecer dentro de un mundo masculino. Por eso  le parece más pertinente hablar de “equivalencia” de derechos que de igualdad de derechos. Las mujeres pueden exigir ser reconocidas de manera equivalente a los hombres desde su propia subjetividad y de acuerdo a sus propios valores. En su opinión, lo importante es construir un mundo entre dos sujetos diferentes donde uno no esté sometido al otro.

Defiende la diferencia sexual como el paradigma más eficaz a partir del cual edificar la equidad y la justicia entre los sexos, contra la sola búsqueda de igualdad entre hombres y mujeres.

Comúnmente, la diferencia sexual se reduce a una diferencia biológica o de estereotipos sociales. Ella no es ni lo uno ni lo otro. Ciertamente, la diferencia sexual incluye aspectos corporales y aspectos sociológicos. Pero otra dimensión es la que hace el puente entre las dos: la identidad relacional. Y ésta no se manifiesta de la misma manera en la mujer que en el hombre. No es igual la manera en que el uno y la otra viven la relación consigo mismo(a), con el mundo, con el otro(a).

Así, el hombre privilegia la relación con el objeto; cuando existe una relación entre sujetos es del tipo “del uno entre muchos” (un hombre en el grupo, un ciudadano en el pueblo, un jugador en el equipo) y la relación queda, generalmente, sólo entre ellos mismos. Por su parte, la mujer prefiere la relación entre sujetos, entre dos sujetos que son de sexos diferentes. Ejemplos que prueban de manera suficiente cómo los hombres y las mujeres tienen una manera diferente de vivir la relación.

Esta diferencia en la identidad relacional no es el resultado de la alienación del sujeto femenino como algunas y algunos lo pretenden. Sino que proviene, ante todo, del contexto diferente en que vienen al mundo la niña y el niño. Nacer de una persona semejante a una misma y acceder al mundo de la misma manera que ella no tiene idénticas consecuencias en el devenir del sujeto que nacer de alguien diferente a sí mismo, como en el caso del niño. La manera en que el cuerpo está implicado en la relación tiene también sus efectos. Dar a luz en sí o fuera de sí, hacer el amor en sí o fuera de sí no conllevan a la misma relación con uno mismo(a) y con el otro(a). Todo ello representa, además, una ventaja cultural para las niñas quienes se muestran más despiertas y creativas que los niños, debido a sus mejores y más precoces capacidades relacionales.

Hacer responsable al otro del propio malestar es también una manera de aceptar la dependencia.

Plantea como tareas para ellas: que las mujeres tomen conciencia de lo que ellas son y que cultiven sus propias cualidades. Que conquisten su autonomía sin agresividad hacia los hombres y sin esperar que sean ellos quienes cambien: generalmente son las mujeres quienes les abren la vía. No creer que un simple status social les aportará la felicidad: lo que importa es modificar la relación con el otro, la relación amorosa, la relación carnal. Recordar que una mujer debe aprender a devenir más y más mujer y a mantenerse como tal, en vez de convertirse en madre olvidándose de ser mujer: ello no le hace bien a nadie. Preocuparse de la conquista y la conservación de una legislación apropiada para las mujeres, que no sea solamente neutra y abstracta.

Sobre la política y la democracia

Hace algunos años, considerábamos que un régimen realmente democrático era aquel en el cual los ciudadanos tuvieran el derecho a elegir a sus representantes. Hoy en día sabemos que ello no es así de simple y que, aun en los países donde este derecho existe, el voto es frecuentemente burlado. ¿Cómo luchar contra estas nuevas formas de poder personal que se ejercen en el seno mismo de las democracias?

Primero, otorgando menos derechos a los dirigentes y más derechos a los ciudadanos. El ideal del socialismo consistió en confiar el ejercicio de la gobernabilidad a la sociedad civil, es decir, a los ciudadanos y no al Estado. ¿Qué gobierno que se dice de izquierda conserva este objetivo? Para conquistarlo convendría repensar la legislación y definir derechos civiles positivos en favor de todos los ciudadanos de acuerdo con su sexo, raza, cultura. Estos derechos brindarán a los ciudadanos la posibilidad de representarse a sí mismos y de oponerse legalmente al Estado cuando sus derechos sean violados. Hace falta, asimismo, multiplicar las posibilidades de los ciudadanos para expresarse sobre sus propias opciones políticas, por ejemplo vía referéndum y también al llamarlos a votar por programas más que por personas. En seguida, conviene analizar aquello que es perjudicial para la existencia y el desarrollo de la democracia. Uno de los nudos problemáticos proviene, así me parece, de un remanente de “naturalismo” no elevado a status civil. La mujer sigue siendo considerada como un cuerpo-natura a disposición del hombre y del Estado. De ella se espera más la procreación de infantes que el comportamiento en tanto ciudadana capaz de aportar al conjunto de la sociedad los valores que ella posee: respeto a la vida, a la salud, al bienestar; cuidado de la naturaleza, del medio ambiente, de la habitación; gusto por el diálogo, por el arte, etc.
Todo ello proviene, sin duda, del hecho de que ella ha permanecido durante mucho tiempo encerrada dentro del hogar conyugal, siendo el hombre quien aparece como el ciudadano representante de la familia ante el Estado. En casi todas partes del mundo, las mujeres tienen hoy en día acceso a la vida pública. Eso demanda que su identidad civil sea reconocida y no sólo su identidad natural y que dicha identidad sea reconocida como diferente.
Supone, además,  educar a las mujeres para que puedan pasar de comportamientos que son válidos al interior del hogar familiar a comportamientos en tanto ciudadanas. Vale también para los ciudadanos de otras razas o culturas. La democracia sólo puede existir mediante la coexistencia en la diversidad. Si ella no representa a todos y cada uno de los ciudadanos, corre el riesgo de que se desarrollen en su interior aspectos autoritarios y totalitarios.

Economía

En países como Francia aún se  padece una profunda desigualdad económica que continua afectando prioritariamente a las mujeres.

(Reportaje)P: ¿Cómo ubica sus ideas sobre la democracia en este contexto?

LI: “También en las democracias consideradas como avanzadas las mujeres padecen inequidades económicas. Generalmente su salario sigue siendo inferior al de los hombres en un 30 por ciento, por un trabajo equivalente. Y los sectores industriales o artesanales en donde existe una presencia mayoritaria de mujeres están comúnmente mal pagados.
Pero yo no creo que estos problemas se resolverán mediante una intervención a nivel estrictamente económico. Sólo se modificará otorgando a las mujeres su valor civil como el rostro de la comunidad. Los hombres han estado acostumbrados a que el trabajo de la mujer dentro de la familia sea gratuito y no reconocen ni el valor ni el costo de este trabajo. Mientras las mujeres no participen con los hombres en la construcción y en el cuidado de la ciudad, esta situación no cambiará. Es afirmando su capacidad para dichas tareas, así como su aptitud para asumir sus propias responsabilidades, como las mujeres podrán exigir su pago.
Importa que ellas inviertan su energía no sólo en demandar, frecuentemente en vano, el ser retribuidas de manera igualitaria a los hombres, sino que creen un mundo de trabajo adaptado a su condición femenina: en horarios, en tipos de empleo que les sean apropiados, en valorización y calificación adecuadas a los servicios que prestan a la ciudad y en salario correspondiente. Las cosas no pueden arreglarse solamente a nivel económico. Las mujeres han mostrado por sí mismas, en ocasión de las huelgas que han organizado, que, contrariamente a los hombres, ellas no demandan únicamente el aumento de salario sino también el respeto a su dignidad, a su ritmo de vida, a estructuras sociales que les permitan trabajar y ser madres, etc”.

“Un régimen democrático no debiera preocuparse sólo de la economía, sino del respeto a los ciudadanos y a las relaciones entre ellos. Hemos pensado la democracia en función de bienes económicos olvidando a las personas. Quienes no poseen bienes o empleo son por lo tanto nada, son los excluidos o los necesitados. Ello me parece poco digno de un ideal democrático. El derecho a existir como ciudadanos, hombre(s) o mujer(es), sin importar su condición económica, debe ser prioritario. Ello demanda una nueva concepción de lo político y de lo jurídico: un derecho a “ser” más que a tener. Este cambio de perspectiva social no podrá lograrse sin la educación de niños(as) y adolescentes, tanto como de profesores(as) y padres y madres de familia. En lugar de formarlos para convertirse en ciudadanos competitivos y eficientes, los(as) jóvenes debieran ser educados para hacer de la vida relacional un objetivo cultural importante. De esta manera, la comunidad de ciudadanos ya no estaría compuesta de 1+1+1… individuos más o menos neutros y abstractos, reunidos a través de leyes externas a sí mismos(as), que son enunciadas por magistrados y gobernantes quienes, además, exigen su ejecución. Los lazos entre los ciudadanos constituirán el tejido de la comunidad civil. La base de este entramado es la relación entre mujer(es) y hombre(s) en el respeto de sus diferencias a todos los niveles: desde lo más íntimo hasta lo político y cultural. ¿Por qué esta liga será fundamental? Porque es la más universal y la más cotidiana al mismo tiempo. Ella representa por sí misma la articulación más primitiva entre naturaleza y cultura. Quien respete la diferencia entre mujer(es) y hombre(s) no experimentará ninguna dificultad para respetar otras diferencias porque los instintos de posesión, de explotación, de rechazo y de menosprecio habrán sido educados desde las pulsiones elementales. Todos estos puntos debieran ser incluidos en los programas escolares. Hace falta que los infantes sean instruidos en la toma de conciencia de su identidad concreta y por tanto sexuada, y en respetar y establecer relaciones con la identidad concreta del otro(a). Es esta la condición de una cultura democrática. Todos los discursos morales sirven de poca cosa si faltan esta toma de conciencia y este proceso educativo. Sería deseable que las democracias jóvenes experimenten esta construcción diferente de sus propios regímenes. Las democracias más antiguas, fundadas únicamente en el derecho al voto y en el cuidado de la economía han mostrado hasta qué punto son frágiles e incompletas”.

Octubre 2011

LUCE IRIGARAY-FILÓSOFA

Luce Irigaray es una de las mayores exponentes del movimiento filosófico feminista francés contemporáneo. Irigaray se ha especializado en filosofía, psicoanálisis y lingüística. Wikipedia

Fecha de nacimiento3 de mayo de 1930.  Bernissart, Bélgica

EducaciónUniversidad Católica de Lovaina

Influenciado porJacques LacanJacques Derrida

 

**ALGUNO DE SUS TEXTOS

 

ESE SEXO QUE NO ES UNO. IRIGARAY, LUCE

Cómo hablar del otro lado, se preguntó Alicia. Porque, en materia de maravillas, ella había descubierto que era más de una, y que una sola lengua no podía significar lo que tenía lugar entre ellas. Sin embargo, era preciso intentar hacer…Ediciones Akal

ESPÉCULO DE LA OTRA MUJER. IRIGARAY, LUCE

La sexualidad femenina ha permanecido como el «continente negro» del psicoanálisis. Éste, en efecto, no podía sino ignorar a esa otra, mujer, que desborda el encuadre de su campo teórico, toda vez que la ciencia del «sujeto» que define no ha cuestionado su sumisión a imperativos lógicos masculinos. Así, pues, era preciso volver a atravesar los textos en los que esa lógica del uno, de lo mismo, se sistematiza como tal.

Ediciones Akal

SER DOSLUCE IRIGARAY PAIDOS IBERICA, 1999

Resumen del libro

Entre el poema y el eco del poema en la filosofía, Luce Irigaray aborda en este libro la cuestión de las relaciones intersubjetivas. El yo y el tú, diferenciados sexualmente, entran en difíciles alianzas. Pero existe un camino, sugiere la autora, para que nuevas conductas, cuerpos y lenguajes puedan marcar de una manera no alienada lo femenino y lo masculino. En el texto se entrelazan ética y verdad, naturaleza y cultura, sujeto y objeto, cuerpos e instituciones, y se analiza la relación centralmente simbólica para la cultura occidental como es la de Antígona y Creonte. Retomando críticamente los aportes filosóficos de Sartre, Merleau-Ponty y Levinas sobre la cuestión del otro, Luce Irigaray se propone profundizar la búsqueda de una cultura de la percepción distinta, que modifique la índole de las relaciones amorosas. Intenta así fundar una filosofía basada en el reconocimiento de las diferencias, abriendo la posibilidad de un futuro que supere tanto lo naturalmente dado como lo establecido por la cultura, que reorganice las relaciones entre amar y pensar, o conciba el silencio como salvaguardia de la naturaleza

ETICA DE LA DIFERENCIA SEXUAL. LUCE IRIGARAY, 2010. Editorial: ELLAGO

En cuanto a nuestra historia, hay que volver a interrogarla de un extremo a otro para entender por qué esa diferencia sexual no ha tenido su oportunidad. Ni empírica ni trascendental. Por qué le ha faltado una ética propia, una estética, una lógica, una religión, la realización macro- y microcósmica de su emergencia o de su destino. Sin duda tiene que ver con la disociación del cuerpo y el alma, de la sexualidad y la espiritualidad, con la falta de pasaje del espíritu, del dios, entre lo interior y lo exterior, lo exterior y lo interior, y su repartición entre los sexos en el acto sexual.

AMO A TI: BOSQUEJO DE UNA FELICIDAD EN LA HISTORIA. LUCE IRIGARAY., 1994

Editorial: ICARIA

 

 

 

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