PAREJAS MATRIMONIALES — PAREJAS DE CONVIVENCIA. ALGUNAS DIFERENCIAS

PAREJAS MATRIMONIALES — PAREJAS DE CONVIVENCIA. ALGUNAS DIFERENCIAS

 

  • Parejas matrimoniales o conyugalizadas.

El matrimonio, en sociedades occidentales  tiene las siguientes características:

  • Es una institución social creada por ley.
  • Es una relación monógama.
  • Es una relación exclusiva a nivel sexual y a nivel emocional.
  • Es limitada a una pareja de diferente sexo.(Aunque ya en muchos países se acepta el matrimonio homosexual)
  • Es un contrato “permanente.”
  • La misma ley que lo establece también establece cómo, cuándo y de qué manera se puede disolver.
  • Tiene la función principal de establecer una unidad estable social para la crianza de los hijos e hijas. Es decir la convivencia está reglada de antemano.

 

Parejas de convivencia (o cohabitación).

 

Es un estilo de vida dónde se ha visto un gran aumento en la cantidad de personas que lo practican. Hasta se podría llegar a decir que es la forma que más se adopta en las 7grandes urbes, en lo que va de este siglo. Las investigaciones que han estudiado este estilo indican que las personas conviven por varias razones ventajosas: a) La reducción del costo de vida a través del compartir los gastos; b) El tener un compañero o compañera con él cuál o la cual compartir la intimidad y evitar la soledad; c) El tener una pareja sexual confiable; d) El no tener hecho un compromiso fijo, sino temporal según todo vaya bien; e) El poder terminar con la relación si no va bien sin los problemas y el estigma asociados al “divorcio”. Las investigaciones han indicado que la gran parte de las personas que conviven de esta manera si se quiere más informal, consensuada, con menos reglas, tienden a tener buenas relaciones sexuales y buenas relaciones sociales y emocionales. Sin embargo, hay varios problemas serios que muchas personas ignoran cuando entran en una relación de convivencia. Estos tienen que ver con lo que sucede cuando las cosas no van muy bien. Por ejemplo, si se han adquirido bienes económicos, ¿cómo los  van a separar? Si una de las dos personas muere, ¿qué dice la ley de herencias en su estado? En muchos casos la familia de la persona que muere quiere obtener los bienes de esa persona, aún por encima de la pareja, y en muchos estados, la pareja no tiene ningún derecho legal (a no ser que se haya hecho un testamento legal).

Ya hacia final del Siglo XX,  el matrimonio se encuentra bastante  devaluado y debilitado.  Deja de ser una necesidad para el completamiento de la identidad, como ocurría en  décadas anteriores cuando predominaba  el amor romántico, aún dentro del matrimonio. Los hijos más que la consolidación del vínculo pasan a ser una suerte de impedimento para la separación. No son pocos los casos en que ante el riesgo inminente de una separación, ella, la esposa, queda sorprendentemente embarazada de su marido. Ante la debilidad de la importancia emocional del matrimonio es cada vez más común una especie de retorno a los lugares en que los amigos pasan a llevar adelante gran parte de la contención emocional de los “momentos sin pareja”, e incluso después. El matrimonio está destinado a ir por estas vías hacia un punto en el que ya no es más imprescindible como instrumento de planificación del futuro. El “Amor Romántico”, que había sido un estandarte en el siglo anterior, se quiebra cuando se comprueba su dificultad para sostenerlo dentro del matrimonio y da lugar a una nueva forma de amor en que los términos “para siempre”, “único”, parecen ya no tener sentido. Forma de amor a la que A. Guiddens, sociólogo inglés, denomina “confluente”, un tipo de amor más realista, que no espera ya de la misma manera la validación del yo en el otro, e introduce las necesidades de la” ars erótica”, es decir, una importancia mayor al goce sexual, con períodos de duración que implicarían la idea de “hasta nuevo aviso”. Hoy estamos en un momento de transición de un modelo tradicional de conyugalidad, donde el vínculo era exclusivo y se mantenía para toda la vida, hacia la existencia cada vez más numerosa de separaciones, divorcios, familias monoparentales, relaciones de pareja cambiantes y sucesivas. En los terrenos de lo amoroso y lo sexual, el ser humano no ve colmado su deseo en una única relación: “nadie satisface totalmente a nadie, ni es satisfecho totalmente por nadie”, de manera que siempre una o varias terceras personas planean sobre la relación dual entre mujer y hombre, bien sea a nivel fantástico, virtual, o real. Cada persona puede considerar las posibilidades de vivir en pareja, sin someterse ciegamente a los dictados de un orden social que en lo referente a la conyugalidad parecen mostrarse cada vez más anacrónicos. Cómo cada uno viva lo amoroso, lo sexual, la amistad, dependerá, entre otras cosas, de factores de su propia evolución personal, sociocultural, afectiva. Mujeres y hombres de hoy, más allá de las opciones sexuales, se encuentran en una búsqueda donde caben diferentes opciones: matrimonios legales, encuentros sin papeles oficiales, divorcios, amores sin convivencia, lucha por la compatibilidad entre trabajo y familia, entre amor y matrimonio, en la búsqueda de nuevas paternidades y maternidades.

Lo que podría, debería ser o es, la familia, el matrimonio, la paternidad, la sexualidad, el erotismo y el amor ya no puede ser presupuesto prefijado para nadie, porque  no hay modelos claros y delimitados sino que varía en cuanto a contenidos,  normas, moral y posibilidades incluso de individuo a individuo, de relación a relación, y tiene que ser descifrado, negociado, acordado y fundamentado en todos sus detalles del cómo, qué, por qué y para qué. Vivimos tiempos de profunda individualización que plantean la prevalencia de los proyectos personales y del amor que va acompañado con  el desarrollo de un capitalismo salvaje donde el individuo es dejado solo a la deriva por los imperativos de la regulación de los mercados laborales y el proceso de globalización. Entender, desmenuzar de alguna manera estos fenómenos actuales, muchas veces sirve para comprender el sentimiento de desasosiego por el que atraviesan muchas parejas. En otros casos sirve también para no culpabilizar al otro de la pareja, al comprender que el malestar reinante proviene del contexto social al cual pertenecen ambos y no a la carencia de recursos psíquicos de cada uno.

Ese amor idealista…

Por fuera del matrimonio, e inclusive en los tiempos posteriores a la ruptura matrimonial, hombres y mujeres siguen idealizando ese tipo de amor romántico que pasa a ser precisamente un ideal, ya que como plantea Robert Jonson, psicoanalista norteamericano, el amor romántico es el más grande sistema energético singular de la psique Occidental. “En nuestra cultura ha tomado el lugar de la religión como el lugar donde hombres y mujeres buscan significado, trascendencia, complementación  y éxtasis” ”El amor romántico no es solamente  una forma de amor sino un paquete  psicológico completo;  una combinación de creencias, ideales actitudes y expectativas”.  De ahí que en nuestros días se siga sosteniendo, cuando se habla de amor, esa forma, como si fuera la única posible, o tal vez, la única deseable. En sociedades orientales como la japonesa y la hindú, existe el amor como respeto y cariño pero sin imponer al otro los mismos ideales relacionales como sucede entre nosotros.  En occidente este tipo de amor se da con  frecuencia en lo que solemos llamar “enamoramiento”, que es ese primer momento del encuentro, que suele durar un tiempo y luego decrece, y en algunos casos hasta desaparecer. El enamoramiento es muy difícil que se sostenga en la convivencia duradera, y como es lo más parecido a la experiencia de lo que suele describirse como amor romántico, cuando se acaba, muchas parejas piensan que entonces se acabó el amor, comienzan las desavenencias, la falta de interés por el otro, y por lo tanto el fantasma de la separación comienza a tomar forma. Por supuesto que no es este el único factor que interviene en las separaciones y divorcios que hoy día se dan con tanta frecuencia, pero es uno de marcada importancia, cuando no puede entenderse que lo romántico no es la única manera de plantear el atractivo de la unión. Y es que la tendencia fusional del amor romántico, apunta directamente a la obtención del reconocimiento y la confirmación del “sí mismo”, pilar de la autoestima. Pero como también en nuestros días  pueden obtenerse esos “suministros” por otras vías (trabajo, relaciones contingentes, actividades vocacionales, amistades, etc.), hay quienes ya no hacen de la pareja el interés primordial de sus vidas. Además hay que tener en cuenta que ese planteo romántico (que tiene aspectos comunes con el amor pasional) se basa en la idealización que crea mucha dependencia. Por eso uno de los momentos más dolorosos y al mismo tiempo liberador  es la des idealización del carácter embriagador de la experiencia amorosa, o más bien del enamoramiento. Uno “se cura del mal de amor”. En realidad se trata de pasar a otro estado del vínculo con nuevos acuerdos, otros tipos de intercambios y sentimientos. Antoine de Saint- Exupèry, el famoso autor de “El principito”, dice: “El amor es tal vez aquel delicado proceso a través del cual te acompaño al encuentro contigo mismo”.

Desde las últimas décadas del siglo XX, donde los sistemas sociales se han tornado más asfixiantes para el individuo, se intenta superar la soledad, a base de centrar toda la energía en el encuentro mágico con una persona que puede llegar a curarla, manteniendo, sin embargo, la ilusión de seguir siendo independientes, sintiéndose protegidos de posibles dolores emocionales. Para lograr intimidad emocional, las personas, buscan, en algunos casos casi desesperadamente, tener una relación de pareja. De hecho se sigue pensando que si no se mantienen relaciones de pareja, falta algo esencial en nuestras vidas. El modelo de amor romántico mantiene, a pesar de todo, extendida vigencia La noción romántica a base de encontrar esa única persona especial, con la que se pueda mantener una apasionada relación íntima, es un producto que todavía se añora en estos tiempos. Hombres y mujeres de occidente  encarnan este modelo de pasión y romance, con todos sus derivados en los medios de comunicación. En otras culturas, como las orientales, por ejemplo, parecen encontrar la intimidad en la amistad.

Los pueblos asiáticos tienden a centrarse menos en sentimientos personales y son también menos vulnerables al desmoronamiento de las relaciones. En nuestra cultura occidental se ha difundido la creencia de que la intimidad se alcanza mejor con una relación romántica y apasionada junto a esa persona tan especial. Y tal vez, esta perspectiva de la relación de pareja, pueda ser un punto de vista muy limitador que tienda a alejar al ser humano de otras fuentes de intimidad genuina, causando mucho dolor y sufrimiento, cuando sucede que esa persona tan insustituible, deja de amarnos y sentir lo mismo. Las relaciones amorosas que se asientan en la idea del romance, son un mito que afirma que la atracción sentimental es el único amor verdadero, por lo que si uno desea amar, no debe dejar de buscar esa “persona perfecta” (la “persona justa”) que desencadenará, luego, la reacción abrumadora. La cultura popular se ha ocupado a través de la literatura, el cine, la poesía y las artes plásticas, de exaltar este amor romántico, basado en una caudal de fantasías y, por lo tanto, abonado a ser una fuente permanente de decepción y frustración. En consecuencia, si alguien vive el sueño del amor romántico, buscará “esa persona especial” entre oleadas de emocionante optimismo y largos períodos de frustración. Lo romántico busca  exaltar, la emoción, el sentimiento y la pasión. El impulso romántico persigue el enamoramiento y se recrea en esa sensación eufórica de entusiasmo que, a veces nos abruma, procediendo a bloquear otros sentimientos.

La creencia de que el amor verdadero es el amor que no acaba nunca, todavía tiene muchos seguidores. Este modelo afirma que si uno ama a alguien ahora, siempre deberá amar a esa persona, hasta que la muerte los separe. Es el modelo de lo eterno. Y este mito de establecimientos perpetuos puede llegar incluso a resultar penoso para las personas que padecen y sufren por motivos del contrato. En cierto modo es un chantaje que obliga a quitar importancia a los regocijos del momento, presionando al inconsciente para que mantenga esos regocijos hasta el futuro. Por eso no me canso de insistir en que ese modelo de amor romántico no puede ser el único a tener en consideración cuando hoy hablamos de amor. Hay otras formas de entenderlo. Una cosa es amor como estado de afectividad, complicidad, descubrimiento y fuente de sentimientos y sensaciones, y otra muy distinta, el estado de enamoramiento que supone una infatuación y una ceguera de carácter  absolutamente transitoria. Sin embargo cuando éste llega, el gran “trabajo a dos”, consiste en convertir esa inflación pasional en amor cooperativo. Se suele creer que el amor nunca es discusión. Es el mito del “estar de acuerdo”. Se cree que es preciso estar de acuerdo con la persona amada: “Nos queremos mucho porque estamos de acuerdo en todo”. Pero hay que tener en cuenta que amar a alguien quiere decir sí a la persona, no a la conducta o a las ideas. Se ha venido creyendo que amar a alguien significaba una cierta forma de sometimiento a dicha persona. Este mito del acuerdo ha producido vidas sentimentales bajo la esclavitud. Se puede amar a alguien y estar en desacuerdo con él. Es decir que se le puede amar y seguir diciendo No. Si uno siente que tiene que estar de acuerdo con toda persona a la que ame se puede convertir en un sometido. En el seno de la propia pareja, se puede aprender a formular objeciones, sin descalificar a la persona, es decir que hay que poder decir no a conductas o aspectos que reprobamos, sin que esto ponga en peligro el amor, ya que no debemos confundir amor con acuerdo.

¿En qué medida estamos dispuestos a amar, sin tener que hacer lo que estrictamente quiera nuestro ser querido, ni esperar que a su vez éste se comporte como uno quisiera?

En un capítulo de Los Vedas, libro sagrado de la cultura hinduista, se establecen cuatro niveles de relación. El primero se da cuando nos relacionamos para obtener algo. El segundo nivel corresponde a relaciones cuyo propósito está orientado al hecho de intercambiar, es decir dar y recibir. El tercer nivel es el que subraya el propósito de la relación en el puro hecho del dar, pero sintiendo una satisfacción personal y un goce por ello. El cuarto nivel pertenece al reino del amor con mayúsculas. Ese amor que da generosamente, con neutralidad emocional, un amor que da porque es así su existencia, desde su identidad esencial –energía-amor-, porque se da sin necesariamente contabilizar que se está dando. Aunque parezca un tanto difícil llegar a este nivel, por lo menos reflexionemos acerca de cuan centrados estamos en los dos primeros niveles, convirtiendo nuestras relaciones en meros contratos mercantilistas.

M Onfray, discutido filósofo francés actual, se propone en Teoría del cuerpo enamorado promover un tipo social de eros que se desprenda de las múltiples trabas a las que el cristianismo y la sociedad normalizada lo tienen sometido. De ese desgarro que indica el exceso propio de cada cuerpo y al que cada cuerpo enamorado se entrega, puede nacer una afirmación. Esa afirmación es el amor, “experiencia de la condición misma de la inmanencia como imposibilidad radical de la plenitud” (Savater), es decir renunciando a la ilusión de cualquier trascendencia, moral o metafísica. Pero me parece necesario recalcar una idea: cualquier forma de idealización del amor de pareja es siempre peligrosa, ya que nos conducirá a estados permanentes de frustración e impotencia. Amar a alguien como pareja puede ser muy importante en nuestra vida, pero no es la única forma en que podemos expresar el amor ni tampoco lo que dará sentido a nuestra vida.

Febrero de 2012

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