AMORES Y PAREJAS SIGLO XXI.

AMORES Y PAREJAS SIGLO XXI.

AMORES EN TIEMPOS DE CRISIS.

“Cuando la miseria entra por la puerta, el amor sale huyendo por la ventana”.
(Dicho popular).

Cuando en una consulta de pareja aparece como motivo prioritario un planteo acerca del amor bajo la forma de reproche, de duda, de pérdida, de fracaso o de demanda permanente, es posible que además de utilizar como terapeutas todos la herramientas que el psicoanálisis de las configuraciones vinculares nos aporta, pensemos también el conflicto desde una perspectiva socio-cultural. En qué referentes, presupuestos, ideología se apoyan para plantear lo que expresan? Y por otro lado, cuáles son los nuestros que como psicoanalistas, atraviesan nuestra escucha y a veces hasta condicionan nuestras intervenciones?.
El objeto de estas reflexiones es precisamente enfocar el tema del amor en las parejas (principalmente las matrimoniales) desde una vertiente transubjetiva. Así como el tipo de paradigma científico es fundamental para los derroteros por los cuales cada ciencia transita, así las conceptualizaciones, creencias, ideologías, mitos, mentalidades que lo cultural propone, condiciona, limita, hace trama en los vínculos y por supuesto en los sentimientos que los habitan.

ATRAVESAMIENTO TRANSUBJETIVO.

Los modelos socio-culturales heredados promueven mandatos de cómo ser y cómo pertenecer en la vincularidad, además de lo heredado familiar y biológico. Así como hay representaciones sociales de familia, o de pareja, también las hay de la manera de expresarse enamorado, de vivenciar la experiencia amorosa, que cada sujeto hará propia mediante un proceso que algunos autores definen como apropiación, y otros como de atribución (J. Puget,1997) . Valores ajenos provenientes del medio social se hacen propios y esto confirma y asegura además la pertenencia al grupo social.
Pero no se trata solamente de postular la influencia de las condiciones socio-culturales sobre los individuos ya estructurados, sino como plantea I. Lewkowicz (1998), de pensar dichas condiciones como intervinientes en la constitución misma de los tipos subjetivos, y más específicamente en el tema que ahora nos ocupa, que el tipo de vínculo amoroso que se conforma en una determinada época, está también producido e instituído por lo socio-cultural.

Otra de las maneras de sustentar hipótesis de lo transubjetivo o sea, del papel estructurante del contexto social es a través del concepto de mentalidad. Como señala J.L. Romero (1987), son ideas, opiniones, creencias, marcadas con ese fuerte signo social que es el consenso. Son operativas, vigentes: actúan. Son ideas sobre las cuales ningún grupo social tiene una conciencia perfectamente clara, pero se ponen secretamente en funcionamiento cuando se toma una decisión sobre lo bueno o malo de algo, o si resulta tolerable o intorelable. Es un tremendo caudal de ideas que opera sobre los individuos en forma de prejuicios; que actúa según opiniones de las que se ha decidido no hablar, ni someterlas a juicios, e incluso que están consagradas como indiscutibles. Son también ideas valorativas y normativas, condicionantes de los juicios de valor sobre las conductas.
La mentalidad es algo así como el motor de las actitudes. De manera poco racional a veces, inconcientemente otras, un grupo social, una colectividad, se planta de una cierta manera ante la muerte, el matrimonio, la riqueza, la pobreza, el trabajo,y por que no, el amor.

EL AMOR COMO CODIGO.

La semántica del amor ha ido variando a lo largo de la historia; es decir que este código semántico está atado al proceso evolutivo de la estructura social y sufre transformaciones que se manifiestan en los conceptos vigentes sobre el amor. Como lo piensa N. Luhman (1985), el amor como código simbólico, estimula la génesis de sentimientos, y que sin la existencia de ese código la mayoría de los seres humanos no alcanzarían tales sentimientos.
Para esta comunicación tomaré algunas concepciones sobre el amor que me parecen distintivas de momentos históricos específicos, que guardan una importante riqueza semántica y que en la actualidad se imbrican siendo a veces promotoras de cierto malestar en la vida de las parejas. Son ellas el amor platónico o socrático (eros), el amor-pasión o cortés, el amor cristiano (ágape), el amor romántico, y ciertas formas del amor que reproducen fenómenos de la posmodernidad.
Debido a la brevedad del espacio, no podré hacer una descripción exhaustiva de las mismas; simplemente intentaré plantear que estos códigos semánticos al entrecruzarse con la institución matrimonial han sido permanentemente productores de inestabilidad y malestar. En algunos casos por tratar de sostener ciertos ideales que resultan imposibles y contradictorios.

AMOR ROMANTICO HOY.

Desde muchas corrientes del pensamiento se coincide que la concepción de amor que ha predominado en este siglo, y que tal vez continua aún vigente (¿?), ha sido la del amor romántico; por lo menos en el mundo occidental.
La otra coincidencia es la de sostener que este tipo de amor estuvo a lo largo de siglos vivenciado y descripto por fuera de la institución matrimonial y a veces hasta enfrentada con la religión oficial, y que sólo arriba a ella alrededor del siglo XIX.
Por supuesto que tratar de explicar el origen, desarrollo, transformaciones de esta forma de amor, implica adoptar posiciones que en la literatura sobre el tema aparecen como divergentes .Y una de esas posiciones básicas es la de entender el amor como una invención humana surgida en un momento de la historia, en lugares determinados y que ha sufrido transformaciones acompañando los cambios socioculturales. Se podría agregar, además que hay diferentes ideologias del amor, algunas con diferencias tan marcadas como las de oriente y occidente.
Otra aclaración tal vez sea necesaria: cuando tratamos este tema tenemos que considerar la estrecha vinculación que el mismo tiene con las prácticas sexuales y la idea de sexualidad en general imperante en cada época, así como las formas del erotismo y sus manifestaciones.
El romanticismo, movimiento que nació en Alemania a fines del siglo XVIII y se propagó en la primera mitad del siglo XIX, buscó su inspiración en la edad media, en las literaturas romances, en los cantos épicos, baladas y leyendas cristianas y caballerescas. Hacía prevalecer entre otras cosas, el predominio de la sensibilidad y la imaginación sobre la razón y una marcada tendencia hacia el individualismo que hace concebir al hombre la ilusión de que puede disponer de su vida libremente. Y es precisamente este movimiento el que actualiza las forma del amor que entendemos hoy como cortés. Este “fine amour”, amor purificado, refinado surge alrededor del siglo XI (otros lo sitúan en el s. XII).
No se trata de citarlo solamente como el origen del amor romántico, sino de extraer al máximo la mayoría de las premisas que este hito histórico-cocial plantea y tratar de resaltar lo que aún perdura y continúa influyendo desde la realidad social en la conformación de la pareja actual.
Con el amor cortés en Francia, apareció un nuevo modo de plantear el problema de las relaciones entre hombres y mujeres. Se trata de un nuevo “arte de amar”, pero también de un arte de vivir, y de un código simbólico para aprender a amar. Plantea, como señala Jean Markale, un problema de metafísica ontológica a la época. Efectivamente a partir del siglo XI, la élite intelectual de Europa, ya liberada de sus terrores de fin del milenio, comienza a preguntarse si el amor es un simple juego, una simple cópula destinada a perpetuar la especie, o si no será un medio de llegar a la trascendencia, un medio para superar lo humano hacia lo divino. Entonces aparece la mujer en primer plano, que hasta ese momento, y principalmente a causa de los Padres de la Iglesia, había sido objeto de desprecio y desconfianza. (J. Markale, 1998); y aparece el culto a la mujer, a la Madre, a la Virgen.
O. Paz dirá que la aparición del amor cortés, que asoma como ideal de vida superior tiene algo de maravilloso pues no fue la consecuencia de una prédica religiosa ni de una doctrina filosófica. Y acá se opone a Denis de Rougemont quien sí plantea que el lirismo cortés fue al menos inspirado por la atmósfera religiosa del catarismo, (oposición de la “Iglesia de Amor’ la Iglesia de Roma ) como una de las repercuciones del cristianismo y especialmente de su doctrina del matrimonio; que el vocabulario de la galantería se rige por el de la devoción, es decir que las teorías amorosas de la Edad Media no son más que un reflejo de sus ideas religiosas (D. de Rougemont, 1997). Para este autor además, el amor cortés sería amor-pasión (pasión, sufrimiento, cosa padecida, preponderancia del destino sobre la persona libre y responsable; amar más al amor que al objeto del amor); idealización del amor carnal, ya que las virtudes de la “cortezía”: humildad, lealtad, respeto, y fidelidad respecto a la Dama, están referidas en innumerables casos, al rechazo del amor físico. Es, en síntesis, una religión, y una herejía históricamente determinada por el cristianismo.
Herejía porque los moralistas de la Iglesia consideran en esa época, que ese sentimiento distinto de la “dilectio”, que en latín se lo llama amor, debía ser excluído de la relación conyugal; todo lo que fuera sensualidad, impulso del cuerpo, deseo, debe ser rechazado fuera del marco matrimonial. El matrimonio es una cosa seria, reclama austeridad, y por lo tanto la pasión no tiene lugar en los asuntos conyugales (G. Duby,1991).
Así las cosas, esta forma del amor que con el correr de los siglos perdura y se recorta como amor romántico en Occidente, que en sus comienzos se practicó fuera del matrimonio, pasa a ser con la modernidad un ideal social a ser alcanzado y sostenido , ahora también en el seno de la institución matrimonial.
De todas maneras no debemos dejar de advertir que este amor que nació en la riqueza de los palacios parecería que aún hoy es un lujo que sólo algunos pueden darse y el cual se venera y se persigue, se promociona desde la publicidad comercial, y participa como premisa en la formación de las parejas pero también como motivo de permanete malestar y frustración.
Y la pregunta insiste: ¿ hay un lugar posible dentro del matrimonio actual para esta concepción romántica del amor, o es radicalmente incompatible? ; la marcada inestabilidad y ruptura de las parejas tendrá que ver con el haber querido instalar como premisas básicas el amor y la elección dentro de la conyugalidad?, o será que la “ posmodernidad” está exigiendo nuevas formas de amor diferentes al legado “cortés” que ha predominado en el último milenio?.
Aunque la fusión del amor y el matrimonio es de reciente data y está geográficamente circunscrita (ya que existen hoy culturas que sostienen que el amor es un sentimiento demasiado aleatorio como para ser el fundamento del matrimonio), en la sociedad occidental actual ya casi nadie concibe la familia más que apoyada en la existencia de una pareja enamorada.
Por otro lado, la familia ya no es sólo una unidad económica; esta tendencia que se había inciado hace tiempo se termina de concretar en el siglo XX. El matrimonio se convierte en un lugar de refugio donde uno se escapa de las miradas del exterior. Privada de funciones económicas y educativas, se mueve alrededor de los afectos, del respaldo afectivo (“moderna familia sentimental”, P. Aries, 1985).
Por lo tanto pareciera que hoy se tornara imprescindible que las relaciones estables de pareja se sostuvieran por el amor, ¿ pero amor de qué tipo? ¿con qué características? . Y habría que preguntarse entonces, qué formas de vinculación facilita la cultura actual que influyen sobre las formas del amor.
¿Ha pasado también este sentimiento a manejarse con las leyes del mercado?. Porque el modelo del “consumismo a ultranza”, obturante, no es sólo una opción más sino una cosmología…Tiempos del zapping, de la superficialidad, lo “light”, la trivialización, la brevedad, de un conformismo generalizado, de una banalización del erotismo, de la liviandad de los encuentros, de un individualismo extremo… Y si consideramos que el discurso cultural de cada época favorece ciertas formas de subjetividad y propicia condiciones para que se establezcan determinadas formas de sufrimiento mental, al proponer valores, ideales, modelos identificatorios, cuál es hoy, entonces, la forma posible de amor? .
Creo que vale la pena reflexionar sobre el tema, y no solamente detenernos en la singularidad de nuestra práctica terapéutica (psicopatología del “caso”), y tratar de incluir en nuestro quehacer estos efectos del atravesamiento de la realidad socio-cultural que cuestionan hasta aquello vivenciado como lo más individual e íntimo, y por que no, nuestras convicciones y teorías.

BIBLIOGRAFIA:

Aries, P.-Duby, J. (1985) : Historia de la Vida Privada. Taurus.

De Rougemont, D. (1997): Amor y Occidente. Kairos.

Duby, J. (1991) : El Amor en la Edad Media y otros ensayos. Alianza.

Leukowicz, I (1998) : Subjetividad adictiva: un tipo psico-social históricamente instituído. Revista de la A.A.P.P.G. TXXI. N* 1.

Luhman, N.(1985) : El Amor como Pasión. Península.

Puget, J. (1997) : Subjetividad y Sexuación. APdeBA .Vol XIX-N* 3.

Romero, J. L. (1987) : Estudio de la Mentalidad Burguesa.Alianza.

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