15 JORNADA FUNDACIÓN PROSAM: “El Proceso Terapéutico Hoy”

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LO VINCULAR COMO HERRAMIENTA TERAPÉUTICA

“La adopción de un nuevo paradigma requiere a menudo una redefinición de la ciencia correspondiente”.

  THOMAS S. KUHN

 

                                   Sin desviarse de la norma, el progreso es imposible” Frank Zappa.

 

Desde hace ya varias décadas, el psicoanálisis de niños, el abordaje de pacientes psicóticos y fronterizos, los dispositivos multipersonales (pareja, familia, grupo), han venido imponiendo modificaciones en la clínica psicoanalítica, tanto en aspectos técnicos como también en el ámbito de la teoría. Es así como estas nuevas prácticas han conducido a reformular la concepción de sujeto y a replantear tópicos metapsicológicos.

Se fue constituyendo de esta manera un campo de trabajo que solemos llamar “perspectiva vincular en psicoanálisis” o “psicoanálisis de las configuraciones vinculares”, que tiene como eje “lo vincular”, que se apoya en una ampliación del dispositivo psicoanalítico individual, e incluye otro encuadre y modo de abordaje (psicoterapias de grupo, de pareja, de familia).

Los dispositivos de trabajo psicoanalíticos plurisubjetivos permitieron especificar la noción de un espacio psíquico común, compartido y conjunto: ésta noción implica un cierto número de propuestas acerca de la concepción del aparato psíquico, su modo de formación, sus procesos y sus organizaciones.

El psicoanálisis vincular aporta una lógica diferente, ya que entiende al sujeto como “Sujeto del vínculo”, es decir instituido subjetivamente desde el vínculo con el otro. “Sujeto del vínculo deviene de considerar la constitución subjetiva como efecto de la vincularidad. Es el vínculo el que instituye (por ej.) a los miembros de la pareja como sujetos de ese vínculo en particular. El término “sujeto” da cuenta de la condición de sujetados al víncu­lo, y al mismo tiempo constituidos subjetivamente por él.  Cada sujeto es cincelado y construido juntamente con el otro, por y en el vínculo del que son parte, y que a su vez constituyen.” (1)

Esta perspectiva vincular reconoce un sujeto múltiple (sujeto vincular), constituido por el  conjunto de suplementaciones del sujeto correspondiente a cada vínculo significativo de los varios a los que pertenece. Cada vínculo significativo modifica al sujeto, inscribe una marca, incorpora un cambio. El sujeto es producido y produce su subjetividad en los distintos mundos a los que pertenece: el interno, el de los otros, el de la familia y el de la pareja.

La idea de varios espacios psíquicos (Kaës, Berenstein, Puget), el del sí mismo (intrasubjetivo), el de la relación con otro particularizado (intersubjetivo), y el de la relación con los otros sociales (transubjetivo) ha llevado a ampliar la idea de aparato psíquico, proponiendo la existencia de representaciones que den cuenta de la inserción del yo en estos distintos ámbitos.(2). Los tres espacios se plantean como sistemas de inscripciones representacionales con lógicas y dinámicas diferentes.

  1. Kaës, psicoanalista francés, propone un modelo de aparato psíquico grupal centrado en la relación dialéctica entre el espacio psíquico propio del grupo y el sujeto considerado como miembro del grupo. Este es irreductible al aparato psíquico individual. Funciona con los aportes del grupo y cumple el trabajo de producir, ligar y transformar la realidad psíquica de y en grupo.

El grupo, en su aplicación terapéutica, produce un “discurso asociativo significante”, “cadena asociativa grupal” donde se ha de oír la palabra de uno distinta a la del otro, lo que tienen de propio y de común”, lo no dicho y lo no decible. Esto último remite a su teoría sobre las distintas formas de negatividad.

Considera que las formaciones y la actividad del preconsciente implican un trabajo intersubjetivo, es decir se efectúa en el contacto con la actividad psíquica del otro. Estas formaciones se manifiestan en las modalidades grupales del proceso asociativo. Este efecto de la intersubjetividad polifónica de los grupos da cuenta de la actividad preconsciente que en un sujeto se pone en marcha o se inhibe al contacto de la actividad psíquica de otro. La cadena de asociaciones que sobrevienen en los grupos puede servir para la represión como para facilitar el retorno de lo reprimido. La actividad del preconsciente del otro es solicitada en experiencia de crisis, cuando preconsciente sujeto es insuficiente para mantener los vínculos de asociación representación cosa o palabra con efectos correspondientes.

Otro concepto de este autor, muy útil en la clínica vincular, es el de alianzas inconscientes.  Al conformar un grupo, los sujetos deben consensuar entre ellos cierto acuerdo inconsciente respecto de algunas representaciones que deberán forcluir, desmentir, reprimir o borrar. Señala que la constitución de un conjunto humano exige en todos los casos, que algunas representaciones no circulen libremente. Describe varios tipos de alianzas inconscientes. Algunas son estructurantes para los vínculos y para los sujetos, como las referidas a las prohibiciones fundamentales, la renuncia a la realización directa de los fines pulsionales y el contrato narcisista. Otras tienen un fin esencialmente defensivo, como es el caso de los pactos denegativos. Algunas también suelen ser patológicas, como las alianzas perversas y las desmentidas conjuntas.

“Una alianza es el acto por el cual dos o más personas se unen entre ellas para realizar un fin preciso, lo que implica un interés común y un compromiso mutuo entre los participantes. La función principal de estas alianzas es mantener y ajustar el vínculo, fijar los términos y las apuestas y prolongar el vínculo en el tiempo”. (3).

Estas alianzas inconscientes funcionan en todas las configuraciones vinculares: están presentes en una pareja, una familia o una institución. Luego, en el proceso grupal, el retorno de lo forcluido o de lo conjuntamente desmentido o reprimido se produce a través de la cadena asociativa grupal, los procesos transferenciales, los síntomas compartidos, la formación de sueños.

A partir de múltiples elaboraciones como las de este tipo, Kaës concluye que la metapsicología exige reformulaciones desde el momento en que se modifica la práctica, ya que  la misma debe incluir hipótesis de psique compartida.

También, el psicoanálisis de pareja/familia se centra en la vincularidad: relación
donde “el otro y el sujeto que se llaman a sí mismo yo, se determinan entre sí y desde lo que sucede entre ambos”. En este dispositivo se define al paciente vincular como un conjunto de sujetos (dos o más de dos) ligados, inmersos en un vínculo enmarcado en la estructura de parentesco. El paciente vincular no es la suma de familiares y se diferencia del paciente individual. (4).

Se piensa al  sujeto como el resultado de la investidura del yo a partir de los otros, considerando dos mecanismos constitutivos: la identificación y la imposición. La primera procura configurar al yo propio a semejanza del otro, tomándolo como modelo (“deseo que seas como yo” “deseo ser como tú”). La Imposición se manifiesta por la pertenencia al vínculo: sujetos vinculados se instituyen a partir de inscribir su pertenencia a la relación y de aceptar que es instituido por ella. Implica la presencia y el reconocimiento de la ajenidad del otro. Aquí el  deseo no aparece como factor  determinante, podríamos relacionarlo con el concepto de renuncia pulsional.

En psicoanálisis vincular trabajamos con el concepto de “configuraciones vinculares”

El objeto de estudio y tratamiento en las configuraciones vinculares es el vínculo, que transcurre en la intersubjetividad y origina representaciones mentales por efecto de la presencia del otro. Posee una estructura y sus elementos tienen entre sí una relación de correlación y oposición. Su cualidad es la bidireccionalidad, y le es inherente toda la problemática de ajenidad y de exceso. (5)

 

En mi experiencia clínica personal, la perspectiva vincular siempre me pareció como la más indicada para enfocar la consulta en clínica de niños y adolescentes. Por supuesto que implica una toma de posición que incluye conceptos como los que me referí más arriba, que considera una  doble atadura a una realidad intergeneracional y transgeneracional; que los padres (y figuras significativas)  tienen una influencia crucial en el psiquismo de sus hijos, sin que esto  implique pasividad de parte de ellos; que la intersubjetividad es fundante de la constitución subjetiva, y que ésta, a su vez, es un proceso en constante conformación. Es decir, es considerar al psiquismo abierto a nuevas marcas instituyentes, siempre en construcción, en devenir histórico y abierto a nuevos acontecimientos.

En esta clínica de la infancia el concepto de transmisión psíquica adquiere desde mi punto de vista, una importancia crucial. El trabajo psíquico de la transmisión es el proceso y el resultado de ligazones psíquicas entre aparatos psíquicos, como así también las transformaciones operadas por estas ligazones. Transmisión que requiere la diferenciación entre lo que es transmitido y lo que es recibido y transformado en el proceso de historización del sujeto o dicho de otra manera en el proceso de apropiación de la herencia.

Vale además, hacer la distinción de  lo que se trasmite “entre” sujetos, que  no es del mismo orden de lo que se tramite “a través” de ellos. La transmisión transpsíquica supone la abolición de los límites y espacios subjetivos (mientras que  la transmisión intersubjetiva supone la existencia de un espacio de transcripción transformadora de la transmisión). “Lo que has heredado de tus padres, para poseerlo, gánalo”, decía Freud citando a Goethe.

Pero no todo lo heredado puede ser apropiado: siempre hay partes que siguen siendo ajenas, extrañas, presencia oscura y desconocida de un otro o más de un otro en él. Varios autores conceptualizaron este hecho acuñando nuevos términos, como Piera Aulagnier (1985) con el concepto de telescopage , que significa encaje, incrustación, choque de frente. Una situación, una experiencia, un acontecimiento que confronta, de manera imprevista al yo, con una representación que se impone a él, con todos los atributos de la certeza, cuando hasta ese momento ignoraba que hubiese podido ocupar un tal lugar en sus propios escenarios. El de “delirios en herencia”, de Micheline Enríquez (1993): padres que implican a sus hijos en su delirio haciendo de ellos el testigo, el aliado, el cómplice, incluso el destinatario de su actividad delirante; es decir influencia psíquica del discurso delirante de los padres sobre los hijos. O el de  interferencias transubjetivas de R. Kaës, (1993); es decir: por transmisiones directas del afecto, del   objeto bizarro, del significante en bruto, sin un adecuado espacio de transcripción y de transformación,  hecho que se puede verificar en las formaciones de criptas y fantasmas.

En todos estos fenómenos estamos frente a procesos de “no transformación” en la herencia de lo transmitido; se trata de una herencia “por intrusión” (remite a la idea de violencia secundaria).

No quisiera dejar de mencionar otro concepto que reviste una importancia fundamental en los dispositivos vinculares: el efecto de presencia. Se diferencia de exterioridad y no es percepción sino una compleja tarea de juicio que se llama  juicio de presencia para diferenciar del juicio de existencia y de atribución, como los presenta Freud en “La negación”. En ese juicio debe constatar que no figura en la interioridad del sujeto, que ese otro no se deja convertir en ausencia y en tanto ajenidad no puede inscribirse como objeto. La  presencia propiamente dicha que no remite a una inscripción previa.

 

Podría extenderme también, mencionando la importancia para la perspectiva vincular, de conceptos tales como pacto denegativo, interfantasmatización, pactos y acuerdos inconscientes,  malentendido,  zona compartida/zona no compartida, inconsciente vincular,  resistencias de vincularidad, reconocedor privilegiado, paradojas de la pareja, sufrimiento vincular, pertenencia al vínculo, zona de encuentro, fenómenos de ajenidad y alteridad, diferencia relación de objeto-vínculo, etc.

 

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Por último: me parece que no se trata de remarcar la importancia del otro en la constitución del sujeto humano, ya que eso está bastante aceptado y difundido dentro y fuera del psicoanálisis, en autores como Levinas, Derrida, Todorov, Sartre, Hegel, etc., sino de pensar y debatir acerca de la pertinencia o no de esta perspectiva vincular, donde se dirime no sólo la inclusión de más de uno en la clínica, sino también la de un conjunto de nuevos conceptos y la ampliación y/o modificación de otros, inherentes a la metapsicología.

 

Freud nos señalaba los tres vértices desde los cuales el sufrimiento amenaza al sujeto: el cuerpo propio, el mundo exterior, los vínculos con otros seres humanos. Por eso debemos apuntar a una clínica que abarque las tres dimensiones de la red sujeto-vínculo-cultura. Una clínica que pueda contar con múltiples recursos que permitan ampliar líneas de abordaje e intervención. Una perspectiva vincular no implica prácticas clínicas desplegadas exclusivamente a través de dispositivos vinculares: no se trata de sumar dispositivos y mantener enfoques simples para pensar la clínica “individual” del sujeto no indiviso, sino de revisar en el sentido de la complejización, el conjunto de las prácticas. (6).

Para cerrar: “Un trabajo de tipo psicoanalítico debe hacerse allí donde surge el inconsciente: de pié, sentado o recostado; individualmente, en grupo o en una familia, en todo lugar donde un sujeto puede dejar hablar sus angustias y sus fantasías ante alguien de quien supone las escucha y a quien considera apto para dar razón de ello”. D. Anzieu.

 

Oscar De Cristóforis- Octubre 2013

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BIBLIOGRAFIA

Berenstein, I. El sujeto y el otro.(4). De la ausencia a la presencia. Buenos Aires. Editorial Paidós. 2001.

Berenstein, I. y Puget J. (2). Lo vincular. Clínica y técnica psicoanalítica. Buenos Aires. Ed. Paidós. 1997.

Cesio, Sonia. (5) Acerca del psicoanálisis de las configuraciones vinculares. Revista Internacional de Psicología. Vol.1 No.2. Instituto de la Familia Guatemala. Año 2000

De Cristóforis, O. Cuerpo, vínculo, lenguaje en el campo psicosomático. Buenos Aires. Ed. Lugar. 2006.

De Cristóforis, O. Amores y parejas en el siglo XXI. Buenos Aires. Ed. Letra Viva.  2009.

De Cristóforis, O. Intervenciones psicoanalíticas con la pareja parental en clínica de niños y adolescentes. XI Congreso Latinoamericano de Psicoterapia Analítica de Grupo. FLAPAG. Buenos Aires. 1994.

Kaës. R. (3). Los vínculos y las alianzas inconscientes. Buenos Aires. Diario Página 12. 2007.

Kaës, R. El grupo y el sujeto de grupo. Buenos Aires. Ed. Amorrortu.1995.

Kleiman, S. Lo parento-filial en perspectiva de hospitalidad. Buenos Aires. Revista Psicoanálisis APdeBA – Vol. XXVI – Nº 3 – 2004: Pág. 230-242.

Krakov. H. (1). El mundo vincular y la clínica psicoanalítica. Capítulo I. En La pareja y sus anudamientos. Buenos Aires. Ed. Lugar. 2001.

Krakov, H. Referentes teóricos y  clínicos en psicoanálisis de pareja. Revista Psicoanálisis.  ApdeBa. Vol. XXVI. N° 3. 2004. Pág.340-367.

Pachuk, C. et. Al. Diccionario de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. Buenos Aires.  Ed. Del Candil. 1998.

Rojas, M.C. (6) Las diversidades familiares desde la perspectiva del Psicoanálisis vincular. Actas II Congreso de Psicoanálisis de Familia y Pareja, Bs. As., 2001.

 

 

 

 

 

 

 

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