EL EROTISMO EN LA PAREJA

EL EROTISMO EN LA PAREJA

 

Sobre el concepto

Erotismo es una palabra formada a partir del griego ἔρως: érōs con que se designaba al amor apasionado unido con el deseo sensual. Tal sentimiento fue personificado en una deidad: Eros. (Téngase en cuenta que en griego moderno se usa palabra erotas, aludiendo al amor romántico). Parecería que en esta distinción que hace del amor-romántico un amor más sublimado, solidario y altruista, es parecido a lo que los griegos llamaban ágape.

El erotismo trata de todo aquello que emana de nuestra zona libidinal y está relacionado con el sexoy con el tipo de  amor erótico. El erotismo es un dispositivo complejo (ya que abarca diversos componentes de lo subjetivo y lo social y desde la bioquímica hasta el arte) que genera atracción sexual y que puede ser canalizado adecuadamente para lograr completa satisfacción de las personas si no afecta de un modo concreto negativamente a otras. Es una experiencia que nace del interior y que se manifiesta en las múltiples sinuosidades de experiencias corporales. Está del lado de la pasión y su materia es el cuerpo.

Según Bataille lo que se pretende con el erotismo es una continuidad, en oposición a la discontinuidad que nos es característica desde el momento en que somos humanos: somos discontinuos porque estamos separados del otro, somos discontinuos porque entre uno y los demás hay un profundo abismo, aún con los más amados, aún con los amigos más íntimos la no reciprocidad, el desencuentro, la soledad y la no unicidad nos envuelve.  Entonces la cuestión es sustituir el aislamiento del ser, su discontinuidad, por un sentimiento de continuidad profundo. La continuidad mágica, terrible, fusionable, es lo que busca el erotismo. Ser con el otro uno, ser ambos continuo. Por eso el erotismo atrapa al otro, lo atrae, a través de la mirada, del gesto, el olor, lo envuelve, pretende que pierda sus límites en la unicidad. Pero para Bataille no existe sólo el erotismo de los cuerpos, sino también el de los corazones y el erotismo religioso o sagrado. En los tres se pretende zanjar la experiencia de la discontinuidad, de la diferencia, del aislamiento subjetivo a través de la vivencia de continuidad. Es como una vivencia de plenitud en la unión.

El erotismo es el reverso de lo oculto, de la vergüenza. Es esencialmente desvergonzado, por eso mismo suele rayar en lo obsceno; Bataille lo basa en la desposesión de los cuerpos durante el acto amoroso, en el estado de desarreglo y abandono en el que los cuerpos se hallan, en esa vorágine que se inicia con un primer movimiento que sería el de la desnudez. Lo obsceno, contrario al pudor, es aquello que se desnuda. Palabras, imágenes y sinnúmero de impúdicos actos que muestran aquello que sólo está destinado a la intimidad, a lo interior y lo profundo.  “La desnudez se opone al estado cerrado, es decir, al estado de existencia discontinua”, dice Bataille. Y agrega: …“Es un estado de comunicación que revela la búsqueda de una continuidad posible del ser más allá del replegamiento sobre sí. Los cuerpos se abren a la continuidad por esos conductos secretos que nos dan el sentimiento de la obscenidad. La obscenidad significa el trastorno que desarregla un estado de los cuerpos conforme a la posesión de sí, a la posesión de la individualidad duradera y afirmada”. Es por lo tanto, subversiva.

La obscenidad erótica convoca la experiencia corporal con un sentir infantil, rememora sensaciones placenteras de la infancia, y la forma de explorar el cuerpo con esa misma divertida intensidad. Pero lo que en la infancia era ausencia de peligro y culpa, ahora en el acto erótico se vuelve obsceno, peligroso, excesivo, pecaminoso y condenado.  De ahí lo que Freud denominaba como experiencia Unheimlich, -lo ominoso- lo familiar arcaico que retorna sin ser convocado. Y aquí también podríamos encontrar razones por las cuales el erotismo muchas veces es reprimido.

Eros es el dios del amor carnal, el que armoniza los impulsos sexuales y los transforma en deseos. “El erotismo es invención que lleva a la imaginación a crear, de forma continua, los deseos que embriagan a cada persona. Es una ceremonia que metaforiza la sexualidad animal, transformando así el impulso sexual que Freud denominó libido en un ritual que celebra la exaltación y despliegue de los sentidos.

El erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora -reflexiona Octavio Paz en La llama doble -. “El agente que mueve lo mismo al acto erótico que al poético es la imaginación. Es la potencia que transfigura al sexo en ceremonia y rito, al lenguaje en ritmo y metáfora. Es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad de los hombres. La primera nota que diferencia al erotismo de la sexualidad es la infinita variedad de formas en que se manifiesta, en todas las épocas y en todas las tierras”. Es exclusivamente humano.

Bataille nos recuerda que la actividad sexual de los hombres no es necesariamente erótica. Lo es cada vez que no es rudimentaria, que no es simplemente animal. La trasgresión levanta el interdicto sin suprimirlo (difiere de la “vuelta a la naturaleza). Es una vía regia para el erotismo. Por eso éste se debilita en la pareja matrimonial, o en la estable de tipo conyugal,  donde la sexualidad está aprobada, permitida por la ley, por Dios, aunque el acto sexual siempre es un tanto pecaminoso, vergonzoso, siempre tendrá valor de fechoría, de ahí que siendo en parte trasgresor, a pesar de todo habrá  cabida para el erotismo.

 EROTISMO Y PAREJA

Creo que todos estaríamos de acuerdo en aceptar que el erotismo es un componente esencial en la vida de las parejas. En la historia de las parejas hay una memoria del erotismo del pasado que debe permanecer y sostenerse en el presente. Si se lo descuida, no se le da importancia, en el transcurrir de la vida cotidiana, tiende a desaparecer. Puede ser sustituido por ternura, simpatía, amistad, que también son formas de amor, pero se pierde el enamoramiento, ese aspecto pasional, tan extrañado muchas veces, cuando la convivencia ha durado. Muchas parejas adoptan esa forma, en las que ambos ya no se desean, y permanecen como si fuera un lazo fraterno el que los une. El amor sexual de pareja se diferencia precisamente por el erotismo que produce el deseo de la comunión de los cuerpos, de su fusión. El cemento de ese amor está constituido por el placer que provoca la unión de los cuerpos y el erotismo constituye el lenguaje específico que esos cuerpos pronuncian. Si no lo hablan, entonces no es una pareja enamorada, es decir, eróticamente unida.

Para que esa “magia” se sostenga es preciso que se gusten mutuamente: que se gusten física, eróticamente; sus ojos, sus cabellos, su mirada, su pecho, su piel, la manera en que camina, habla, se mueve…Que exista lo más frecuentemente posible, las ganas de tocarse, besarse, de querer estrechar al otro, verlo desnudo, acostarse no para dormir de inmediato, sino para reunirse en el abrazo, para hacer el amor…

Si bien este erotismo puede no existir a cada instante en la vida cotidiana de la pareja enamorada,  está siempre al acecho, pronto a irrumpir: una mirada, un gesto, una sonrisa, una parte del cuerpo desnudo del otro, lo hace presente y entonces renace el deseo entre ambos.

Se escucha con mucha frecuencia decir que el erotismo masculino es más visual, más genital, y el femenino más táctil, muscular, más ligado a la piel, los olores y el contacto. Por supuesto que esta diferencia es netamente cultural, sedimento de milenios, pero que hoy en día notamos que esa división, esas fronteras, se desvanecen.

 

Erotismo y amor son, las actitudes básicas del deseo del otro que autores como Paz, Bataille y Luhmann han diferenciado cuidadosamente. El primero, al explicar su bella metáfora de la llama doble, roja y azul, del anhelo por el otro, hace alusión al cuerpo (llama roja), o a la psique (llama azul). Bataille habla de erotismo de los cuerpos, erotismo de las almas, y erotismo espiritual. Luhmann denomina erotismo al mecanismo de soporte orgánico o “elemento simbiótico” que favorece el improbable encuentro de amor, que es un medio generalizado de comunicación entre dos sistemas psíquicos que se interpenetran para mirar el mundo con los mismo ojos. Se trata de un proceso unitario de deseo de un yo por otro yo, que hace énfasis en las transacciones corporales (erotismo) o en los intercambios afectivos o de “sentimiento” (amor).

De lo que se trata el erotismo es de una expedición por los placeres y displaceres del sexo, de un desafío, de una aventura que traspasa la piel y la carne, de  una dialéctica corporal donde la pareja embebida en la pasión se han olvidado en el acto erótico no solo de los fines de la procreación, como dijera Bataille, sino de sí mismo.

Vida y muerte dominan el campo del erotismo, pues el erotismo a lo que apuesta es a una continuidad, como reitera Bataille, en oposición a la discontinuidad que nos es característica desde el momento de ser humanos. Vale la pena reiterar: somos discontinuos porque estamos separados del otro, somos discontinuos porque entre uno y los demás hay un profundo abismo, aún con los más amados, aún con los amigos más íntimos la no reciprocidad, el desencuentro, la soledad y la no unicidad nos alcanza. La continuidad mágica, terrible, fusionable es lo que busca el erotismo. Es eso que se promete la pareja enamorada. Porque el erotismo plantea esa ilusión. Ser con el otro uno, ser ambos continuo, fantasía de fusión. Unirse los cuerpos amados y ser  un ente único, ser con el otro un igual, ser con el otro un todo, lo cual nos lleva al terreno  de la muerte, pues el deseo sería  morir con el otro, fusionados. Tal vez sea esa la vivencia del orgasmo. Por eso las parejas insisten tanto en el mito de “acabar juntos”, orgasmos simultáneos, con la fantasía que esa fusión se cumple en ese instante. Un deseo que ciertamente en el erotismo no triunfa pues  la separación se reitera, a pesar del anhelo.

El matrimonio -o bien las uniones estables entre las parejas- pueden hacernos pensar que la sexualidad ahí está legitimizada, que en esta unión aprobada por la sociedad y/o por Dios, lo sexual no transgrede nada en absoluto. Pero Bataille, con cierta influencia de Santo Tomás, afirma que todo acto sexual lleva la marca de la trasgresión y el matrimonio no es la excepción. El acto sexual es un tanto pecaminoso siempre, es un poco vergonzoso, siempre tendrá valor de fechoría, al menos la primera vez, nos dice, y es esta condición transgresora lo que permite que el matrimonio pueda acceder al erotismo. Si así no fuera no podríamos hablar de erotismo alguno en la pareja conyugal.

Los patrones estéticos varían radicalmente entre una cultura y otra, entre una época y otra; no es difícil entender que existan también variaciones radicales entre un individuo y otro. Cada uno de nosotros llevamos nuestra propia erotología; un mapa de estímulos y respuestas tan singular como una huella dactilar. El erotismo es lectura. El sexo en sí, por sí mismo, es una forma de comunicación que no se da en ningún otro orden de la vida, el acercamiento a la otredad, al contiguo, al cómplice se produce de una única manera en la relación erótica. La piel como primer frontera pierde su zona liminal. Es transgredida y en esta trasgresión somos a través del otro. Somos el otro. La piel se comunica; el acto erótico es una ventana al otro ser y a nosotros mismos. Es el espejo.

Al erotismo se lo define como imbuido de frenesí, de pasión por exceder los límites, por establecer la continuidad, la fusión. Las relaciones estables o duraderas, que comparten, además de lo sexual, quehaceres, responsabilidades o ciertas normas, crean un hábito en los encuentros amorosos. La repetición del acto sexual con la misma persona es lo que lleva al hábito, y el hábito  puede llegar a sacrificar el placer, hacer prevalecer la razón,  que es enemiga del erotismo. Este es uno de los grandes escollos que las parejas matrimoniales suelen padecer. La “rutina sexual”, esa práctica habitual, se transforma muy frecuentemente en un acto aburrido, monótono, deserotizado. La actividad sexual de los hombres no es necesariamente erótica. Lo es sólo cuando no es rudimentaria, cuando no es simplemente animal, y además cuando no es monótona, mecánica, aburrida.

 

“El erotismo –dice Giddens– es el cultivo del sentimiento, expresado a través de la sensación corporal, en un contexto comunicativo; un arte de dar y recibir placer”. Es un deseo sin fin, afirma Denis de Rougemont. Es esa búsqueda desesperada y urgente de la “otredad” y el vehículo que posibilita dicha búsqueda es la imaginación. El erotismo sale al encuentro del ser; no sólo es búsqueda, es también hallazgo: “descubre los cuerpos de tu cuerpo”.

Por eso Octavio Paz subraya una marcada diferencia entre sexualidad y erotismo. Dice que en sus infinitas variaciones, la sexualidad  habla siempre de reproducción, necesidad de acoplamiento, mientras que el erotismo, indiferente a la perpetuación de la vida, asunto que pone entre paréntesis, tiene un agente invisible y siempre activo, la imaginación y el deseo. El erotismo es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad y por tal motivo implica el paso de la naturaleza a la cultura.

Erotismo es la sexualidad humanizada, es decir, es la sexualidad del hombre. Es ante todo y sobre todo sed de otredad, un disparo hacia el más allá, que enfocando a otro ser humano, el otro, no se detiene en él sino que, ocasionalmente, aspira al contacto con lo sobrenatural, que es la suprema otredad.

  1. Paz usa una acertada metáfora:..“El sexo es la raíz, el erotismo es el tallo, y el amor la flor. ¿Y el fruto? Los frutos del amor son intangibles. Éste es uno de sus enigmas”, Y Bataille afirma:… “Toda la actuación erótica tiene como principio una destrucción de la estructura del ser cerrado que es en estado normal un participante en el juego” Es muy rotundo cuando señala que sólo los humanos han hecho de su actividad sexual una actividad erótica y no pueden echarse atrás aunque lo quieran.

Es de destacar que para J.Bataille, en cambio, no existe esa diferencia que hace Paz entre sexualidad y erotismo. Para él sólo los humanos han hecho de su actividad sexual una actividad erótica y no pueden negarlo aunque lo quieran. “Erotismo es eso, sexualidad humana”; aun en el caso de la máxima degradación o perversión en la que el hombre se acerca al animal en su indiferencia por las interdicciones sociales. Porque así y todo no se llega a la perfecta indiferencia: los sujetos saben que otros observan la transgresión y, al menos, tienen consciencia de que existe… La interdicción y su correlato negativo, la transgresión, son en Bataille elementos constitutivos del concepto de erotismo.

 

Luhman, diferencia erotismo y amor. Éste es entendido “como medio generalizado de comunicación, que cumple en Occidente una función precisa en el campo de la organización de la comunicación íntima, es decir, en el plano muy especializado de las relaciones personales, y el erotismo (o sexualidad humana) como mecanismo simbiótico, al servicio del amor”; ambos cumplen esa función desesperada de hacer probable lo improbable: el encuentro de dos singularidades dentro del círculo de la mutua relevancia. (Por otro lado este autor equipara dinero, poder, verdad y amor como medios generalizados de comunicación y necesidades materiales). Erotismo, para Luhmann es igual a sexualidad, algo que también está bastante extendido en la literatura, ya que muchas veces sexualidad, erotismo, eros se los usa como sinónimos.  Además, el par amor-erotismo, para él, es un código especializado para la comunicación intersubjetiva. El erotismo se orienta a la fusión de los compañeros (“estar juntos”), al contacto directo y corporal, y a la reclusión en un lugar de encuentro que aísla a la pareja de la sociedad circundante y la protege de la vista de extraños. Al prescindir el erotismo de la aprobación ajena, afirma el papel asocial del amor, hecho al que se le hace tanta referencia en la literatura amorosa.

Entonces vemos como Luhmann parte de la idea, también compartida por O. Paz de que una cosa es el sentimiento y otra la forma (el medio o código diría Luhmann) de su expresión histórica. Este medio que hoy denominamos amo,r no es una constante antropológica, es decir, no tiene validez transcultural y transhistórica. El código que llamamos amor (y su soporte orgánico el erotismo) tienen una semántica cuya morfología es construida socialmente y por lo tanto se manifiesta en síndromes históricos cuya evolución es susceptible de ser reconstruida en la exploración del pasado de una sociedad y cuyas tendencias se pueden detectar en una exploración prospectiva.

Sostener el deseo

El erotismo circula pasa poder sostener el deseo. El deseo siempre emerge gracias a una producción imaginativa. El juego, la curiosidad, la novedad, el misterio, la anticipación, la seducción, esos son  ingredientes del erotismo. Los animales sólo tiene sexo, el erotismo es propio de los humanos: es la sexualidad transformada por la imaginación, por nuestra fantasía. Una experiencia erótica no necesita para cumplir con todo su despliegue, del acto coital. El despliegue de la excitación puede hacer surgir intenso erotismo que es fuente de placer. Por eso hay infinidad de libros de “autoayuda” sobre parejas, artículos de diarios y revistas, sitios de internet, etc., que nos atosigan de recomendaciones, sugerencias, ideas, actividades de las más variadas características, para estimular la actividad erótica. Por supuesto que en la gran mayoría de los casos es sólo un paliativo momentáneo, es muy difícil que se logre por el acatamiento de una de una sugerencia: esa actitud debe surgir de cada uno de los miembros de la pareja y es del orden de lo imaginativo y lo lúdico.

El erotismo, ligado a la imaginación, es como el juego, que está a mitad de camino entre la fantasía y la realidad (así lo planteaba D. Winnicott, pediatray psicoanalista inglés), es un espacio transicional, alternativo, donde hay algo de realidad pero también de ficción, donde se mezcla lo creíble y lo ilusorio, es un espacio descontracturado donde el individuo puede mostrarse en forma distinta a como suele ser en otros ámbitos.

Actualmente el erotismo toma características que hace pocos años se consideraban exclusivamente femeninas. La ternura, la dulzura, la suavidad, el afecto, la complicidad, son  valores actuales del estado amoroso. Muchos de esos cambios tienen como protagonistas a las mujeres. Se viene produciendo una apertura interesante. Se piensa en el disfrute, hay una constante puesta en acto de una “ars erótica”, como lo plantea Guiddens; hablar de sexo no asusta. Aunque no todo marcha favorablemente: la emergencia de la mujer en el campo social y el sexual, ese avance  sobre terrenos que durante siglos fueron considerados patrimonio masculino, ha acrecentado el temor masculino frente a las  exigencias femeninas. El varón comienza a sentirse evaluado en su rendimiento sexual y su temor a fracasar desencadena el fracaso. Basta como ejemplo estadístico del aumento del  consumo de “Viagra” no por trastornos orgánicos, sino por razones psicológicas, que se deben precisamente a esa posición cuestionadora y evaluadora que frecuentemente adoptan muchas mujeres.

Por otro lado la aparición de un tercero o tercera, también puede ser un estímulo para el deseo, el erotismo o la atracción dentro de la propia pareja. Algo que hoy suele darse con bastante frecuencia, debido a una mayor permisividad social en las costumbres. La presencia real o imaginaria de “el tercero” es fundamental en el tema del deseo. Esta es una (y sólo una) de las razones que explicaría por qué con tanta frecuencia se rompen los acuerdos de exclusividad sexual en las parejas estables.

Esa “terceridad” puede desplegarse en las fantasías. Ellas son imágenes mentales que pueden contener una escena completa o sólo recortes o imágenes aisladas, y en general desarrollan y visualizan deseos no siempre insatisfechos. Y/o recrean situaciones estimulantes y placenteras que la persona no desearía realizar en la realidad: son fantasías y allí concentran todo su “poder”. Las fantasías son, tanto para los varones como para las mujeres, producciones del psiquismo, de la mente humana, que nos permiten jugar y explorar dentro de nuestra intimidad y entregarnos a placeres y deseos que en la realidad nos resultarían prohibidos y hasta bochornosos.

El sujeto que crea dicha fantasía siempre forma parte de la misma: ya sea como participante o como espectador. Las personas se permiten, a través de sus fantasías, imaginar, crear y participar de situaciones que probablemente jamás concretarían en la realidad, en general por culpa o vergüenza. No olvidemos que la actividad sexual propiamente dicha nace y se desarrolla en las fantasías. Recrearlas, afrontarlas, hasta, si se puede, compartirlas, alimenta el erotismo. Además estimulan nuestra creatividad y nos liberan. En general, cuentan con mayor aprobación social entre los hombres. Sin embargo, aquellas relacionadas con el mismo sexo son reconocidas más ampliamente por las mujeres.

El erotismo que  tiene como característica esencial la inclinación hacia el misterio, lo no anticipable, lo no esperable, lo incierto, se lleva pésimo con la rutina, lo estable, lo seguro. Adora la complicidad y el misterio. Se engolosina cuando le permitimos jugar con la imaginación, la creatividad, lo lúdico. Se lleva bárbaro con la transgresión y la ruptura de mandatos y normas. Aborrece lo estructurado y lo sistemático. Su mística se mueve a sus anchas en toda situación donde el cortejo y la seducción lo habite.

El erotismo es el mecanismo que genera el amor sensual, la atracción intensa y la pasión y excitación sexual de las personas. Su lenguaje es la sugestión, la seducción, el detalle, la insinuación, la invitación gestual y un resevorio de conductas dependiendo del entorno cultural donde se viva. En algunas sociedades, por ejemplo, puede ser erótico exhibir partes del cuerpo entretanto que en otras, ocultarlo. En la cama, el erotismo tiene una forma de comunicarse por intermedio de las zonas erógenas.

Señalamos antes que el erotismo trasgrede. ¿Cómo incluir esa transgresión, esa ruptura de lo establecido en la pareja matrimonial? La respuesta no es sencilla y pone de manifiesto una de las tantas paradojas sobre la que se basan las parejas. Se hace difícil aceptar que cuando logramos la comodidad del amor confirmado y deseamos un proyecto de vida junto al otro, la amenaza de la disociación entre el amor y el erotismo se haga presente y se instale en el vínculo. Ya lo planteaba Freud esa disociación en el hombre entre sensualidad y ternura, que por supuesto se da también en la mujer. El hombre pretende una “dama en el living (amorosa, tierna, sensible, cálida, compasiva) y una prostituta en la cama (apasionada, ardiente) ”. ¿Y la mujer?

Aceptemos que el erotismo le pertenece a cada sujeto. Siempre es, ante todo, autoerótico, y no es propiedad de la pareja. Toleremos la duda, juguemos con ella para atrapar la confianza cada día. Descartemos al máximo los pudores y represiones que puedan haberse instalado en el vínculo. Es sólo un posible camino.

¿Erotismo o pornografía?

Herbert Marcuse plantea que la cultura exige una  continua sublimación y que  por lo tanto, debilita a Eros, el constructor de la cultura. Y la desexualización, al debilitar a Eros, desata los impulsos destructivos. Así, la civilización está amenazada por una separación instintiva en la que el instinto de  muerte lucha por ganar ascendencia sobre los instintos de vida. Organizada mediante la renunciación y desarrollada bajo la renunciación progresiva, la civilización se inclina hacia la autodestrucción. Podríamos ubicar en esa autodestrucción o descomposición a ciertas prácticas sexuales realizadas en forma “deportiva”, vacías de contenido erótico, pornográficas. La pornografía es la descripción pura y simple de los placeres carnales; el erotismo es la misma descripción revalorizada, en función de una idea del amor o de la vida social. Creo que la pornografía sería sexualidad en estado patológico, enfermo. En arte sería una mala obra, algo que pretendiendo ser erótico, no lo logra, es fallido.

Siempre notamos que hay una línea muy sutil entre lo que es erótico y lo pornográfico o vulgar. ¿Dónde está esa línea?  La diferencia del erotismo y la pornografía, aparte de la etimológica, tiene que ver con la actitud del receptor del mensaje, tiene que ver con la actitud del lector. Hay gente para la que cualquier cosa es pornográfica y gente que establece un límite de lo que es capaz de sentir o comprender. Es uno de los pilares de la literatura contemporánea. No tiene que ver con la calidad de una obra artística. Se podría hacer una aproximación y decir que la buena literatura es erótica y la mala es pornografía.

En muchas parejas sucede que alguno de los dos representa a veces un papel de censor frente a ciertas prácticas sexuales, conversaciones, imágenes, etc., tildándolas de inadecuadas o simplemente como pornográficas. Con lo cual se pone freno al posible camino hacia el erotismo. 

BIBLIOGRAFÍA:

Elías Sevilla Casas y otros. Informe científico del proyecto Razón y Sexualidad,  Santiago de Cali, abril de 1997.

EL EROTISMO. Geroges Bataille. Ed. Tusquets. Barcelona. 1992.

(Es, sin duda, uno de los textos fundamentales de su autor y representa una especie de gran suma de los temas que siempre le fascinaron: la íntima vinculación entre el amor, la pasión y la muerte, el significado de la transgresión o la turbadora relación entre la santidad y la voluptuosidad. Cierra esta indagación sobre lo erótico una serie de estudios dedicados a las variadas reencarnaciones del sadismo, el enigma del incesto o la sensualidad del misticismo).

Octavio Paz. La llama doble. Amor y erotismo. Ed. Seix Barral, 1993.

 

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