AMORES ADICTIVOS.

AMORES ADICTIVOS.

“El sufrimiento más intolerable es el que produce la prolongación del placer más intenso”. G. B. Shaw.

La significativa y gráfica reflexión de A. Machado, “Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio; contigo porque me matas, y sin ti porque me muero” creo que expresa con toda claridad lo que sucede en esos vínculos en los cuales las personas quedan fijadas y a pesar de manifestar que aman, sufren a veces hasta niveles altamente angustiantes, y aseguran que no pueden dejar la relación. Estar, produce malestar, pero alejarse tampoco puede soportarse.
Suele llamarse a este tipo de fenómeno “amor pasional”, el otro es amado apasionadamente. Por un lado existe una intensidad, exaltación del sentimiento, por el otro, se produce con el amado una idealización masiva, una transformación hacia lo omnipotente, que lo convierte en estrictamente necesario. Necesario para amar, para poder desear, para sentir placer, para vivir, porque si desapareciera aparecerían fuertes vivencias de muerte. Es con todas las letras, un vínculo alienado. Y podríamos agregar, de autoalienación.
En toda pareja, el otro siempre ocupa un lugar privilegiado, pero en estos casos que denominamos adictivos, se torna exclusivo. Y este es el punto diferencial importante: es fuente de placer exclusivo, no privilegiado. Por lo tanto no existiría una relación simétrica como es esperable en una relación amorosa no alienada.
Al ser la otra persona fuente exclusiva de todo placer, se la necesita constantemente e imperiosamente. Cuando alguna vez estamos en presencia de vínculos como el que estamos describiendo, notaremos el grado de reclamos y demandas de todo tipo, que la persona “en adicción” realiza a su pareja, que incluyen, además todo tipo de quejas donde queda expuesto, muchas veces, que lo que el otro ofrece es poco, insatisfactorio. El otro se ha convertido en una necesidad además de ser el único placer. El yo del que sufre se siente, entonces, privado de lo que solamente ese otro podría hacer posible. Por eso se lo convierte como poseedor de un poder omnímodo, como no careciendo de nada. Así, la persona alienada en este sentimiento se siente no sólo dependiente, sino dominada. Esto, por supuesto, causa malestar pero como señalaba anteriormente, es impensable abandonar la relación, ya que el renunciar a ser amado por ese ser tan revestido de las cargas proyectadas, se preanuncia como un dolor aún mayor: a tal punto que se prefiera la muerte antes que el sufrimiento impuesto por el rechazo o la ausencia del otro.

Es frecuente también, que la intensidad de sufrimiento y la intensidad de placer sean equivalentes, pero en general el tiempo de sufrimiento supera en mucho al tiempo del placer. Así el otro satisface conjuntamente a Eros, que se da durante el placer sexualizado, y a Tánatos, puesto que ese mismo otro lleva el riesgo de muerte y a veces de asesinato (escuchamos con cierta frecuencia episodios sangrientos caracterizados con esa naturaleza “pasional”).
Si de esta manera se comprende al “amor pasional”, (pero no la pasión, en general, que suele tener otra conceptualización desde el punto de vista filosófico, muy diferente) se entiende entonces, por qué se lo considera perjudicial. El enamoramiento, bordearía algunas de estas características pero sin llegar a tales extremos, y por otro lado es un fenómeno que transcurrido un tiempo, se diluye, en cambio el vínculo adictivo perdura causando un constante malestar vincular.
Una relación puede convertirse en obsesión cuando una persona no logra liberarse de una relación sentimental que le produce daño y perjudica su salud física y mental. La persona no es feliz ni con la pareja ni sin ella, pues ha ingresado a un círculo vicioso similar al que ingresan aquellos individuos adictos al alcohol, las drogas, el juego u a otras substancias y/o mecanismos. Así como aquéllos necesitan y toleran cada vez más cantidad de tóxicos para poder funcionar, la persona “adicta al amor” soporta increíbles cantidades de sufrimiento en la relación que ha establecido. De ahí que se haya elegido este término de adicción, comparándolo con lo que sucede con las adicciones químicas (a substancias).
Según las palabras de Stanton Peele, quien trabajó en forma exhaustiva el tema, la define como una experiencia que absorbe la conciencia de una persona y, al igual que los analgésicos, alivia su sensación de ansiedad y dolor. Quizá no haya nada tan bueno para absorber nuestra conciencia como una relación amorosa de cierta clase. Entonces, siguiendo esta línea de pensamiento, una relación adictiva se caracteriza por un deseo de tener la presencia tranquilizadora de otra persona, y además, y esto también caracteriza a este tipo de vínculo, queda disminuida la capacidad de prestar atención y ocuparse de otros aspectos de su vida.
Relaciones de este tipo se caracterizan por ser dramáticas, caóticas, llenas de excitación, sufrimiento y un alto grado de erotismo y sexualidad. Por lo general, la seducción, y la sexualidad definen la relación. Hay una supuesta “buena sexualidad en una mala relación sentimental”. El esfuerzo por complacer se centra particularmente en esta área, que probablemente es utilizada como “disfraz” para esconder carencias afectivas y la necesidad de ser abrazado, protegido, amado. Por esta razón los encuentros sexuales, especialmente al inicio de la relación o después de un distanciamiento o cuando no hay formalidad en la relación (amantes), se suelen distinguir por el encanto, romanticismo, erotismo y sensualidad. En la dinámica de la “adicción al amor”, los intentos por retener y/o cambiar al otro, vinculados con el manejo y el control, se convierte en una lucha continua en la que uno es el que “soporta” ser herido, humillado, violentado, mientras el otro desprecia. Muchos siguen juntos pero distantes, sin romper totalmente la relación, causando con esto, mayor dependencia y adicción.

El sufrimiento aumenta con el tiempo.

La relación adictiva es progresiva y por ende el malestar. El intento de controlar y dirigir la transformación de la pareja, va haciendo que poco a poco quede a merced de ésta. El controlador pasa a ser controlado, mientras va abandonando sus intereses personales. En este estado, siente enojo, ira, impotencia, frustración. Hay una obsesividad permanente en sus pensamientos, celos irracionales, ideas de venganza, planes imaginarios para someter a la pareja o lograr su atención, inclusive puede realizar actuaciones que provoquen o estén encaminadas la atención o el acercamiento de la pareja. No logra manejar sus emociones ni resolver sus conflictos y presenta síntomas físicos y psíquicos de estrés. La autoestima disminuye, pierde la confianza en sí mismo, reprime sus emociones, no logra poner límites, se muestra poco asertivo, no logra comunicar lo que piensa y siente. Se pierde el control de la propia vida y funciona alrededor de las decisiones y la voluntad del otro. Si la pareja se distancia o rompe la relación, puede presentarse el “síndrome de abstinencia” similar a cualquier adicto, con un estado físico y mental de profundo dolor, sensación de vacío, insomnio, llanto, angustia, culpa, humillación, creada por el miedo a la soledad, al abandono, a ser rechazado e ignorado. La auto percepción es paupérrima, llega a sentir lástima de sí mismo, la salud puede llegar a deteriorarse, mientras la dependencia se va haciendo mayor y más perjudicial.
Algunos se justifican diciendo que “aman demasiado”, pero en realidad bajo esa premisa de “amar” lo que se percibe es la alienación que se manifiesta en el vínculo.

Codependencia y adicción al amor

¿Por qué relacionar la adicción amorosa con este concepto? Creo que es pertinente ya que cuando se le pregunta a este individuo que hace girar su vida en torno a su compañero , una de los argumentos más fuertes que esgrime es que todo lo que hace es por amor a su pareja. El sentimiento amoroso sirve como coartada para justificar muchísimos vínculos patológicos. La principal característica del codependiente es su híper-tolerancia, refiriéndose a la capacidad de soportar emociones o situaciones que otras personas no tolerarían, y lo hacen por tiempo prolongado.
La persona codependiente piensa que no puede vivir sin su pareja, se funde con ella hasta el punto de llegar a perder su propia identidad y vive para ella en vez de vivir su propia vida. Piensa que lo que siente es un amor inmenso, una pasión maravillosa y sin fronteras, pero en realidad no es sino dependencia y adicción. Se enamora de repente, como en un estallido, un flechazo y, confundiendo el deseo con el amor, piensa que tiene delante a la persona ideal.
Es a fines de los 70 que se habla de la codependencia como una adicción en sí misma. En 1975 Stanton Peele escribe “Amor y Adicción” y en 1980 Robin Norwoood publica “Mujeres que Aman demasiado”.
Obsesionarse por una persona o una relación es síntoma de adicción. Puede darse porque el individuo se siente tan necesitado, tan inseguro y/o vacío, que se aferra a esa persona como si fuera su salvación. No es el deseo normal de unión sino de un hambre poderosa, insaciable, que distorsiona su sentido de la realidad. Esto le lleva a una relación obsesiva de super-posesión, donde cualquier pequeña discusión es un profundo rechazo. El sufrimiento es casi permanente. Normalmente son personas que han desarrollado en su vida un profundo miedo al abandono, y por eso a la hora de enamorarse son posesivas y celosas, con excesiva sensibilidad a la crítica y al rechazo. Esto explica algunos casos de maltrato, donde la mujer es capaz de soportar cualquier vejación antes que ser abandonada. Las personas con baja autoestima son más proclives a la dependencia, y a la necesidad de “pegarse” a alguien para sentirse seguros.

Sintetizando

Los “amores adictivos” serían entonces aquellos vínculos que yo la llamaría de extrema dependencia emocional-relacional o dependencia patológica, ya que la dependencia emocional en sí, es una características que establecemos siempre los humanos en nuestros vínculos afectivos, pero en estos casos, sería algo similar a una adicción, y en vez de necesitar una sustancia, se necesitaría aprobación, afecto, etc., de una determinada persona, en este caso, de la pareja.
Patológico porque impide el desarrollo vital como seres independientes y libres; cuando esa dependencia lleva a la postergación de la propia vida, dando más importancia a las necesidades, derechos y comportamientos de otra persona, que a los propios.
Por lo general estos individuos con alta dependencia emocional presentan un marcado miedo a las pérdidas y al rechazo de las personas queridas, en este caso tratándose de “amores adictivos”, a su pareja. Buscan continuamente complacerle, hacer lo que se supone que el otro quiere o desea, su aprobación, lo cual es una muestra de su inseguridad y poca autoestima. Lo hacen responsable al otro de sus propios sentimientos y sobre su propio estado de felicidad o malestar, y, a veces hasta de los propios comportamientos que realizan.
Los sentimientos del nivel de “hambre de cariño” convertirán a una persona en adicta sólo si estos sentimientos son tan fuertes que pueden anular su capacidad de actuar en su propio interés.

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