CONSULTAS DE PAREJA EN LA ACTUALIDAD

CONSULTAS DE PAREJA EN LA ACTUALIDAD

Tratamiento con parejas: “un tramo en la trama”.

Como terapeutas de parejas no podemos eludir el tomar posición con respecto a ciertos temas que hacen a la estructura misma del vínculo y que están atravesados por lo que solemos llamar “mentalidad de la época actual”. Me refiero a temas específicos como el amor, la exclusividad sexual, los roles de género, las cuestiones del poder, etc. Se trata de pensar, en última instancia, acerca de la subjetividad de la época en que vivimos, es decir, reflexionar acerca de que tipo de valores propone la cultura, las significaciones colectivas, los ideales que se persiguen, las creaciones o modificaciones de sus instituciones, y por que no, hasta las metáforas imperantes.

Los problemas de pareja: un síntoma de nuestro tiempo

Entre las formas en que suele presentarse en malestar psíquico en nuestra época, los problemas de pareja (PP) ocupan un lugar destacado. Por supuesto que  solemos encontrarnos en la clínica con otros síntomas que también han adquirido marcada preponderancia: depresión, ataque de pánico, trastornos psicosomáticos, etc. Utilizando una clasificación que hace J.Miller, un tanto discutible pero operativa para nuestra clínica, el síntoma puede presentarse de manera intrasubjetiva o intersubjetiva.En la primera forma, (el síntoma “dentro de mí”) el sujeto se queja de características propias que le resultan difíciles de soportar y viene a la consulta para tratar de mitigar su sufrimiento, incluso con conciencia que esos síntomas (obsesiones, sensaciones de vértigo, angustias, pánico, etc.) se hacen insostenibles para quienes lo rodean.En la forma intersubjetiva, la queja está puesta en el otro (u otros), y cuando adquiere la forma de PP el “partenaire”  se le torna imposible de soportar. Casi no hay reconocimiento de sus propias falencias. Todo lo problemático  está puesto en el otro. Las características que suele asumir, en forma resumida,  son;
a) dolor y malestar intenso en el vínculo;b) posibilidad de ruptura de la pareja (separación);c)  dificultades en constituir un vínculo de pareja; dudas en la elección y/o en la identidad de la buena pareja.
Por supuesto que en la forma c) el dispositivo que se usará es el individual (o grupal) ya que la pareja  no existe precisamente porque ese es el conflicto; formarla.
Pero además de todos los cambios epocales, que por supuesto son muchos e importantes, la vida en pareja, el matrimonio (ya que no siempre es lo mismo), son vínculos en los cuales el conflicto acecha permanentemente
Algunas consideraciones que encierra el vínculo de pareja, generadores de conflicto.   En el vínculo de pareja convergen los conflictos intrapsíquicos, el plano de lo vincular (lo relacional) propiamente dicho y el atravesamiento cultural. Entre estos tres niveles es casi inevitable el surgimiento de malestar. El poderlo soportar y sortear  corresponde al “trabajo vincular”. Enumero esquemáticamente algunas de esas contradicciones, paradojas, constitutivas de toda pareja :
• El que tenga que contemplar el entrecruzamiento entre necesidad, deseo, goce (pulsión) y amor. El otro es simultáneamente objeto y sujeto de esas tres instancias. Prevalencia de lo intra (pulsión-goce), o de lo inter (deseo-amor).
• El que cada uno deba sostenerse como “reconocedor privilegiado” (En la consulta se manifiesta como descalificación o crítica constantes, de uno o ambos).
• El que simultáneamente tenga que darse un interjuego entre la conjunción (fusión-unidad) y la diferencia (separación-ser dos).
• El que sea un campo propicio para la rivalidad entre los  géneros ( lucha por el poder).
• El que esté atravesado por constantes paradojas, tales como:
a) lo que es prescindible se torna imprescindible;
b) donde se pretende compartir lo incompartible;
c) donde la condición de lo erótico es tanto permitida como  prohibida (si lo que erotiza es lo prohibido, ¿cómo desear lo prescripto?;
d) donde la elección es simultánea o sucesivamente obligación de pertenecer; e) donde la elección se torna imposición(“elijo lo que me obligan a aceptar”);
f) donde la comunicación termina siendo fallida (sobre-entendido, mal- entendidos, distorsiones, interferencias, etc.);
g) donde no existe la complementariedad sexual pretendida. No hay relación entre el goce anhelado y el encontrado y/o entre    el goce de uno y el del otro. Las pulsiones parciales( goce) no dicen nada de la relación hombre mujer, Se goza siempre solo: ninguno de los dos goza del otro.

Además habría que tener en cuenta:
• Que el pasaje del enamoramiento inicial al desenamoramiento inevitable, puede producir vivencias de desamparo, abandono (pérdida), odio, reproche. El otro se convierte en culpable de las carencias, malestar, daño y dificultades que siente el sujeto.
• Que el pacto denegativo, necesario para la constitución del vínculo, pueda ser atravesado por algo que debería haber quedado negado, causando un efecto disruptor en el vínculo.
• Que al no ser el encuentro sinónimo de completud, dado que contiene en sí mismo el desencuentro, la falta y la angustia, genere malestar.
• Que la fragilidad del amor, más acentuada en la época actual, atente con la continuidad del vínculo de  pareja.

Conflictos surgirán en casi todos los casos; las crisis se darán con frecuencia, el malestar será algo frecuente: en algún momento aparecerá el fantasma de la separación.   Es pertinente agregar que la permisividad social que existe hoy para los divorcios y las separaciones, incrementan los procesos de consulta. A esto hay que agregarle que las nuevas uniones que se constituyen a partir de estas separaciones, cuando se opta por la convivencia, y con el agregado de hijos de esos  primeros matrimonios, complejizan aún más la situación, y por lo tanto los conflictos.   El amor también cambia con la época.

Algunos autores coetáneos plantean (por ejemplo Colette Soler en su libro: “La maldición del sexo”)  que han caducado los Ideales del Otro, y han desaparecido los modelos o paradigmas del amor. Todas las épocas contaron con un modelo como referente del amor: el amor clásico antiguo, que podemos asociar al Eros griego; el amor divino, o sea el amor a Dios; el amor cortés, caracterizado por la inaccesibilidad del objeto; el amor de las Preciosas, con características similares al amor cortés; y el amor romántico, que llega hasta nuestros días  pero que  estalla al  asociarlo con el matrimonio como institución. Un poco de cada uno suele persistir, pero ninguno con prevalencia absoluta.

Tal vez sea bueno que ya no contemos con modelos o paradigmas del amor rígidamente establecidos. Esto nos lleva a la exigente tarea de inventar el amor. El amor está a merced de los encuentros, a merced del azar.
Observamos en forma reiterada en la clínica con parejas, la degradación de la vida erótica, es decir, separación del componente tierno y el sensual. Encuentros  sexuales sin amor, “amores locos” donde el goce desanudado está a la orden del día, parejas que conviven sin relaciones sexuales, “pasiones” encarnadas en patologías graves….
Es notoria la dispersión de los lazos de alianza y filiación junto con la función paterna, origen y sostén del registro simbólico. Este progresivo “borramiento” de las diferencias sexuales, los roles y funciones familiares y las distancias generacionales  no es sin consecuencias. Trae aparejado un desdibujamiento del límite entre lo permitido y lo prohibido, entre lo posible y lo imposible. Debilitada en su función de mediador simbólico, la familia actual fracasa, de manera más acentuada, como sostén para la construcción de la subjetividad.
El aumento de las uniones consensuales (no formalizadas en el Registro Civil) que se registra en nuestro país desde los años ’60 es reflejo de profundas modificaciones en la relación entre los sexos y en el esquema de conformación de las parejas, así como un indicador de la cambiante ubicación de la mujer en la sociedad. Varios rasgos definen la nueva dinámica del mercado matrimonial argentino desde 1960: aumento de la edad media al casamiento, sobre todo en las mujeres; disminución de la diferencia de edad entre los cónyuges; incremento de la incidencia del divorcio y la separación; desafección por el matrimonio religioso; etcétera. Sin embargo, el fenómeno más impactante es, con mucho, el aumento de las uniones consensuales (parejas estables que no legalizan su unión en el Registro Civil). En este comportamiento –denominado cohabitación– se distinguen dos modalidades: “de prueba”, cuando constituye la vía de entrada a una primera unión que luego es eventualmente legalizada; “perdurable”, cuando es elegida como forma permanente para la primera unión o para la reincidencia nupcial (uniones de segundo rango o superior).(1)

Es común también  hoy día observar familias formadas por parejas en la que al menos uno de los cónyuges es divorciado, considerando el alto porcentaje de separaciones tempranas que ocurren en los matrimonios. Estas familias reconstituidas -también llamadas mixtas,  recompuestas o ensambladas- pasan por momentos de difícil adaptación: la pareja debe saber encauzar a cada uno de los miembros ayudándolo a readaptarse a su nuevo grupo familiar.

Además las nuevas parejas exigen las expresiones de ternura como condición indispensable de supervivencia. Ya no son suficientes las palabras, las declaraciones, las promesas o los actos legales. Mujeres y varones demandan que el amor se exprese  mediante las múltiples formas simbólica e imaginarias que puede utilizar la ternura.

Parejas actuales

Mejor que renuncie (a su práctica) quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época“. (J. Lacan Función y campo de la palabra. 1953).

El sujeto, su malestar particular y sus síntomas han de ser pensados en su contexto histórico. La clínica no es inmutable, ligada al malestar en la civilización es de su tiempo y su lugar y siempre nos plantea nuevos enigmas.No podemos ignorar la relevancia de las transformaciones culturales y socio-económicas que han tenido lugar en los últimos veinte años en la sociedad occidental, ni los efectos de esto en el sujeto actual.(2)
Actualmente la conformación y estructura de las parejas  se diferencia bastante de la tradicional aunque todavía convive con aquélla. Junto a la pareja matrimonial tradicional hoy conviven otras formas de unión: parejas “sin convivencia”, parejas “de segunda, tercera…vuelta”, parejas homosexuales, parejas “de prueba”, parejas”consensuadas”, parejas “virtuales”, matrimonios “abiertos”, parejas de “libre ensamble”, “singletons”(3), “dinkis”(4) . Todos estos nuevos términos apelan a querer rotular de alguna manera los cambios que se vienen produciendo en nuestra cultura y que por supuesto bañan las formas de unión afectiva entre los individuos.  Señalaré, entonces, esquemáticamente, algunos de esos cambios que se vienen operando en las últimas décadas para desarrollarlos con mayor profundidad en otro espacio:

1) Cambio en los ideales sociales adscriptos a cada género que sufren en los últimos años modificaciones significativas. El ideal de “mujer maternal” va desapareciendo lentamente, sólo pasa a ser un rasgo tan importante como otros, pero no el privilegiado.

2) La mujer como objeto de deseo deja paso a la mujer deseante. – Continúan surgiendo cambios sociales, que modifican los roles esperados de lo masculino y lo femenino.

3) el hombre deja de ser el protector omnipotente (ideales de poder y potencia) y abastecedor exclusivo Los hombres no siempre ocupan en la familia y en la pareja la función de proveedores. En muchos núcleos las mujeres son las encargadas en lo fundamental de la economía familiar.

4) Pasa a haber una distribución más equitativa del poder, es decir, ya no ejercido unilateralmente por el hombre.

5) Cesa la “sexuación del dinero” protagonizada por el hombre.

6) Cada vez la mujer se integra más a espacios que eran casi absolutamente masculinos.- En gran cantidad de parejas, las mujeres ocupan cargos de dirección, son profesionales destacadas. El espacio de la casa ya no es privativo a lo femenino: en algunos casos se ha desplazado al hombre y en otros las funciones son compartidas por ambos miembros de la pareja.

7) Se ha flexibilizado o eliminado la censura rígida en relación con el divorcio.

8) El ideal de perdurabilidad de los tiempos modernos en la constitución de una pareja (“hasta que la muerte nos separe”) ha cambiado, ha dado lugar a una visión más realista del futuro y se ha convertido en un vínculo consensuado por un tiempo indeterminado entre dos personas que buscan relaciones sexuales en un marco afectivo de intimidad y compañerismo(5). No es que la separación conyugal sea una novedad, sino que la ejercen un mayor número de parejas  y lo novedoso tal vez sea la manera  en que se lo lleva a cabo: con más permisividad del entorno social, con menos dramatismo, con bastante soltura. A lo largo de su vida (que también se prolonga en las últimas décadas), un individuo puede concretar la conformación de varias parejas de convivencia

9) El intercambio afectivo y la satisfacción sexual constituyen un objetivo muy sobrevalorado  de la pareja contemporánea. La felicidad se busca en la pareja y está centrada en la vida de ésta. Debido a ello se tolera menos la pérdida de la pasión y en general no se encuentran en la ternura y en la compañía, suficiente justificación para continuar juntos. Cuando se agota la pasión, termina la pareja. Hoy la valoración sobre la sexualidad hace que el deseo erótico y el componente pasional sean signos de felicidad y que emerjan con una importancia desconocida en otras épocas.

Pero también coexiste con esa postura otra de total incredulidad con respecto a la importancia de vivir en pareja, donde se visualiza que ha caído en descrédito el modelo de matrimonio que las religiones vienen imponiendo desde siglos atrás; donde se prefieren momentos efímeros, contactos esporádicos y se sobrevalora (a veces exageradamente) el vivir solo, en un contexto absolutamente personal, munido del más sofisticado confort.Cuando en debates, mesas redondas, programas periodísticos en medios de comunicación, se dialoga acerca de por qué en la actualidad existen más separaciones de parejas matrimoniales, es muy frecuente observar que por detrás del planteo manifiesto se deja entrever una postura que valoriza la perdurabilidad de la unión matrimonial, y que considera estas separaciones como fracaso, como un mal del mundo actual, como una falencia en la subjetividad de nuestra época.

Esta postura altamente censora, ácida con respecto al hombre actual, también se pone de manifiesto cuando se habla sobre el amor. Parecería que todo es hecatómbico, que el hombre ha perdido su rumbo, que ya todo es light, efímero, o líquido, o sin compromiso, o banal…  Pienso que lo que no se puede aceptar es la diferencia de  valores y por lo tanto, las valoraciones diferentes que este individuo actual hace de las costumbres sociales, los rituales, los hábitos, las experiencias de intimidad, la sexualidad, etc. Si cambian las ciencias, si la tecnología nos apabulla todos los días con innovaciones sorprendentes, si se modifica sustancialmente el mundo del trabajo, si el “mercado de consumo” es una realidad planetaria, etc, etc, ¿cómo no va a cambiar la pareja matrimonial? ¿cómo no va a recibir el impacto que todos esos cambios socio-culturales que se vienen sucediendo en constante aceleración? ¿Cómo no se van a producir modificaciones en la manera de vincularse, de aparearse, hombres y mujeres entre sí? Pero lo que creo que queda de manifiesto en esos planteos nostálgicos del “todo tiempo pasado fue mejor”, por lo menos para mí, es que se sigue manteniendo un reiterado planteo de la modernidad que sostenía la idea de un hombre en constante superación, que iba a mejorar constantemente sus condiciones de vida, que iba a terminar con la “explotación del hombre por el hombre”, en fin, que iba a dominar a la naturaleza6. Nada de todo eso ocurrió, aunque sí se produjeron cambios. No somos ni mejores ni peores a otras épocas anteriores, sí, somos diferentes, y tal vez eso es lo que tengamos que aceptar. Desde esta postura creo que se hace más “amable” hablar de lo que se viene operando de distinto en el vínculo de pareja. No me parece tampoco sensato  adoptar una posición escéptica con respecto al matrimonio y a las uniones que se le asemejan; a pesar de los cambios, creo que habrá parejas de ese estilo para largo rato, aunque revestirán, incluso, características inesperadas.Por lo dicho anteriormente, me parece que una duración más corta de la vida en común, ya es y seguirá siendo, una de esas características que la pareja viene operando. Y es ahí donde diría que no es ni mejor ni peor, sino algo que sucede y para lo cual podemos encontrar explicaciones que pueden ser útiles a las personas, pero sin colocarnos en una posición de valoración negativa.

BIBLIOGRAFÍA

1 La cohabitación en la Argentina (1960-2000)Susana Torrado    Volumen 11- Nº 61 Revista Ciencia Hoy en línea.Febrero / Marzo 2001
2 María Dolores Gomez- Ponencia Canari 2005.
3 En Inglaterra: viven solos pero están en pareja
4 No kids. Parejas que eligen no tener hijos
5 Beatriz Torres Rodríguez (Comunicación Internet)
6 Quien desee profundizar sobre el tema de la modernidad, sus planteos, sus fracasos, sugiero la lectura de “Nunca fuimos modernos “ de Bruno Latour. Ed. Debate. Bs. As. 2001.

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