A PROPÓSITO DE UNA CANCIÓN DE SABINA (REFLEXIONES SOBRE LA PAREJA ACTUAL)  

A PROPÓSITO DE UNA CANCIÓN DE SABINA (REFLEXIONES SOBRE LA PAREJA ACTUAL)  

 

CONTIGO

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas “volvamos a empezar”;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Título: Contigo
Año: 1998
Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina, Pancho Varona
 

Esta canción, escrita y musicalizada por J. Sabina, podría muy bien encuadrarse dentro del planteo que hace Zizek con respecto a las citas “amorosas” que las mujeres suelen concretar en la actualidad, donde imponen reglas para dejarse seducir, y entonces él dice que son “las chicas con reglamento”. Y añade que dichos reglamentos no presupone un regreso a los valores conservadores sino que ahora las mujeres eligen sus propios reglamentos libremente y que esto se da de esta manera porque pertenece al orden de la ‘reflexivización’ de las costumbres cotidianas de la actual sociedad ‘sin riesgos’.

En realidad, en esta canción de Sabina es el hombre el que está estableciendo el lineamiento de cómo debe ser la relación amorosa: sería “un chico con reglamentos”. Pero lo que importa destacar, desde mi punto de vista, es que exista desde el inicio del vínculo, una serie de presupuestos acerca de lo que se quiere y lo que no en esa vinculación, al margen que sea la mujer o el varón quien lo sugiera. Esto que viene sucediendo en las últimas dos o tres décadas, es lo novedoso y lo que  viene caracterizando a muchos de los vínculos eróticos que se establecen en estos tiempos. Por supuesto que estas formas convivirán simultáneamente aún, con las tradicionales.

Siguiendo esta línea de pensamiento, y tratando de encontrar explicaciones instrumentales, se habla de la “reflexivización de las costumbres cotidianas” de la actual sociedad ‘sin riesgos’. ¿Y qué significa vivir de una manera reflexiva?

Alude a que ahora podemos elegir nuestros propios reglamentos libremente. No hay naturaleza ni tradición que proporcione una base firme en la que se pueda descansar; hasta nuestros impulsos más profundos (la orientación sexual) se viven cada vez más como algo que se elige. Cosas que antes parecían obvias—como alimentar y educar a un niño, como proceder en la seducción sexual, como comer y lo que se come, como descansar y divertirse—han sido ‘colonizadas’ por la reflexividad y son experimentadas como algo que podemos aprender y sobre las que decidimos.

El concepto de modernidad reflexiva fue lanzado por U.Beck (y al que luego adhirió A. Giddens y Scott Lash) en 1986 para sostener que se han diluido las certezas de la modernidad y ahora el hombre se enfrenta a nuevos desafíos. La modernización reflexiva básicamente cuestiona la rigidez y la insuperabilidad de los supuestos de la sociedad industrial. No tiende a la auto destrucción, sino a la auto trasformación de la modernización industrial. La modernidad reflexiva alude no tanto a la reflexión (como el adjetivo “reflexivo” parece sugerir) sino a la auto confrontación: el tránsito de la época industrial a la del riesgo se realiza anónima e imperceptiblemente en el curso de la modernización autónoma conforme al modelo de efectos colaterales latentes.

Lo importante a tener en cuenta como eje central de la modernización reflexiva* es que el avance de la individualización ha liberado a los individuos de las estructuras colectivas y abstractas tales como la clase, la nación, la familia nuclear y la creencia incondicional en la validez de la ciencia.

La globalización, en tanto nueva corriente modernizadora, ha impulsado  la destradicionalización de los contextos de interacción estableciendo una modernidad reflexiva. Hasta más de la mitad del siglo XX,  “uno podría decir que había una suerte de simbiosis entre modernidad y tradición. En la mayoría de los países, por ejemplo, la familia, la sexualidad y las divisiones entre los sexos continuaron saturadas de tradición y de costumbre” (Giddens, 2001: 55).

Al  irrumpir la globalización provoca consecuencias desniveladoras en esta amalgama. En palabras de Habermas, «ahora la reflexivización de la cultura, la generalización de valores y normas, la extremada individuación de los sujetos socializados, la conciencia crítica, la formación autónoma de la voluntad colectiva, la individuación, los momentos de racionalidad atribuidos en otro tiempo a la praxis de los sujetos, se cumplen, aumentan, o se refuerzan bajo las condiciones que una red de intersubjetividad lingüísticamente generada, cada vez más extensa, y urdida de forma cada vez más fina»

Retomando la canción, la lista de los “no quiero” de Sabina se refiere a muchos de los convencionalismos de la pareja de la modernidad, revestida por las características del patriarcado y el amor romántico. Se distancia de los presupuestos de la “pareja matrimonial” que prevaleció en la mayor parte del siglo XX, y se asemeja, en la propuesta, aunque muy escueta, a la “relación pura” que plantea Guiddens para la época actual. Relación de igualdad sexual y emocional entre hombres y mujeres que se da con la transformación de la intimidad: para Giddens, dicha transformación de la intimidad sería producto, a grandes rasgos, de la racionalidad propia de la modernidad. Sería resultado de la democratización de los espacios privados, de la autonomía y empoderamiento de las mujeres, y de la aparición de una “sexualidad plástica”**, con la separación entre sexualidad y reproducción.

El amor romántico, que ha venido desplegándose desde casi dos siglos ofrece una utopía y condena irremediablemente al fracaso a quien lo persigue pero se ha plasmado como ideal en el imaginario social y ha marcado a fuego a varias generaciones. El ideal de los tiempos modernos en la constitución de una pareja (“hasta que la muerte nos separe”) ha cambiado, ha dado lugar a una visión más realista del futuro y se ha convertido en un vínculo consensuado por un tiempo indeterminado entre dos personas que buscan relaciones sexuales en un marco afectivo de intimidad y compañerismo. Pero, en la mayoría de los casos, la constitución de la pareja “deberá” respetar los proyectos personales de cada uno.

Hasta hace muy poco tiempo el propósito de una pareja era unirse por amor con el fin de procrear y educar a los hijos; ahora el intercambio afectivo y la satisfacción sexual constituyen el objetivo de la pareja contemporánea. La felicidad se busca en la pareja,  está centrada en la vida de ésta y en la realización del proyecto personal

¿De qué manera amar sin renunciar a la libertad, a la autonomía, a la independencia y tratando de preservar siempre los mismos valores en el otro? En este sentido hay autores que viene hablando de amor confluente, amor realista.

El amor confluente*** se preocupa por el placer sexual recíproco, un elemento clave en la continuidad o no de la relación. Este amor se desarrolla en una sociedad en la que cada uno tiene la posibilidad de quedar sexualmente satisfecho, reivindicando el derecho de la mujer a una vida sexual plena. A la inversa del amor romántico, el confluente no es monógamo, no existe exclusividad sexual -o por lo menos se la replantea- en el sentido longitudinal. Lo que la “relación pura” **** implica es la aceptación, por cada uno de los miembros de que cada uno obtiene suficientes beneficios de la relación como para considerar que merece la pena continuar.

Gerard Vincent  explica de esta manera lo que Giddens trata como confluente, amor pos normativo: “esta primacía del yo sobre el nosotros conyugal, al devaluar la fidelidad y la perennidad en beneficio de la autorrealización de las propias potencialidades, plantea en términos nuevos la existencia  conyugal. De ahora en adelante, ya no se trata de instalarse en ella, sino de vivir sabiendo que el otro es una libertad susceptible en todo momento de reivindicar su radical alteridad.” Se impone un sentido más democrático.

Y Sabina se inclina más hacia ese concepto, dejando de lado ese “nosotros conyugal” para apelar a un sentido más pasional, con una marcada prevalencia del deseo y no de las costumbres tradicionales.

 

 

NOTAS

*Proyecto reflexivo del Yo: Guiddens sostiene que el “yo” es en la actualidad un “proyecto reflexivo: una interrogación más o menos continua de pasado, presente y futuro. Es un proyecto llevado adelante en medio de una profusión de recursos reflexivos: psicoterapia e incluso manuales de auto-ayuda de todo tipo, programas de televisión y artículos de revistas”. Tales recursos conceptuales proporcionan elementos para que los sujetos creen una narrativa reflexivamente ordenada de la identidad personal.

** Emergencia de la sexualidad plástica: “…la sexualidad plástica es crucial para la emancipación, implícita tanto en la pura relación como en la reivindicación del placer sexual por parte de las mujeres. La sexualidad plástica es una sexualidad descentrada, liberada de las necesidades de la reproducción. Tiene sus orígenes en la tendencia, iniciada a finales del siglo XVIII, a limitar estrictamente el número familiar; pero se desarrolla posteriormente, como resultado de la moderna contracepción y las nuevas tecnologías reproductivas…queda moldeada como un rasgo de la personalidad y se une intrínsecamente con la identidad”. De esa manera,  la sexualidad adquiere un carácter abierto; se incorpora como propiedad potencial de los individuos y se la sujeta a los estilos de vida; se hace maleable, abierta a una configuración de diversas formas y a una “propiedad” potencial del individuo.

***Amor confluente.- “El modelo de amor confluente implica la existencia de un marco ético para el fomento de una emoción no destructiva en la conducta individual y en la conducta comunitaria. Proporciona la posibilidad de revitalización de lo erótico –no como una habilidad de las mujeres impuras- sino como una cualidad genérica de la sexualidad en las relaciones sociales, formada por las atenciones mutuas y no por un poder desigual. El erotismo es el cultivo del sentimiento, expresado por la sensación corporal, en un contexto de comunicación; un arte de dar y recibir placer. Escindido del poder diferencial, puede hacer revivir las cualidades estéticas de las que habla Marcuse”.

Amor confluente que se da en el marco de las relaciones puras, es:

  • Contingente y activo.
  • Choca con los “para siempre”, “solo y único”.
  • Centrado en la relación especial.
  • Presupone igualdad en el dar y recibir emocional.(relación pura).
  • El amor permite revelar preocupaciones y necesidades hacia el otro.
  • Introduce el ARS erótica en el núcleo de la relación.
  • Centrado en la relación por la relación. (No hay mandato socio-religioso)
  • Es esencial la disponibilidad al otro, atender a sus necesidades, aceptación de alteridad.

****Relaciones puras.- A. Giddens habla a este respecto de relaciones sociales pos tradicionales o pos normativas o relaciones puras , significando con esto último que se trata de relaciones reflexivamente contraídas, controladas y sostenidas. Son relaciones que tienen mayores grados de libertad para los individuos,  que ya no se reconocen en tradiciones que consideran vacías de sentido; como contrapartida los lazos sociales y las identidades se vuelven más precarios.

El valor de la autenticidad pasa a ser fundamental  y las relaciones se desprenden de garantías externas: el “contrato” se negocia y se recrea permanentemente en la esfera de la intimidad. Es en esa misma esfera donde, eventualmente, se define la disolución del lazo social. Nadie se amarra a nada “porque sí”.

Democratización de la vida privada. Mientras que la democracia en el dominio público, ha sido un proyecto “genérico” asumido por el hombre, la democracia de la vida privada, ha sido un proceso poco visible, que ha correspondido fundamentalmente a la mujer. Es en este terreno de lo personal, donde el ideal emancipatorio de la democracia supone, en primer lugar, la exitosa realización del proyecto de vida y la posibilidad cierta de relacionarse con el “otro” de una manera igualitaria. Este ideario democrático, persigue en segundo término, la prohibición de cualquier tipo de influencia coercitiva (física o emocional) en las relaciones interpersonales.

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